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Palabras de bienvenida a un festival: el Síndrome Gringoire

Voix Vives

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“El poeta es, yo creo, y ante todo, alguien que enciende un fuego en la noche que sirve tanto para iluminar como para animar a otros a que se acerquen al fuego a calentarse las manos y entrar en calor”

(David González, entrevista en diario Siglo XXI)

EL ÚLTIMO EN CERRAR LOS OJOS

posible

definición

de poeta:

alguien

que por medio

de su escritura

de su palabra

nos devuelve

la memoria:

(David González)

En la Edad Media se celebraba una fiesta en casi todas las capitales europeas, heredera de las saturnales y precursora inmediata del teatro satírico francés -y me aventuro yo, de la poesía surrealista y crítica- que se conoció en nuestros tiempos por la excepcional obra de la literatura universal 'Nuestra señora de París', del gran Víctor Hugo. Me estoy refiriendo a la Fiesta de los Locos.

En ella el pueblo elegía por aclamación al Papa de los Locos entre aquellos y aquellas que eran capaces de hacer la mueca más grotesca. La fiesta solía coincidir con el Día de los Reyes Magos. Tras la elección, la Cofradía de los Locos encabezaba, con el Papa Loco en andas y seguida por fanfarrias, un desfile por las calles de París. Se dictaban leyes que subvertían el orden establecido, se declamaban discursos, cantaban canciones y recitaban poemas que llevaban el lenguaje a la locura, liberando el poder de la palabra, y, en suma, ladrones, bufones, comerciantes, mendigos, goliardos y todo tipo de gentes danzaban en libertad y libertinaje criticando la censura y vengándose de los poderosos.

La caravana crítica tenía como principal ‘víctima’ el clero, pero se extendía a todas las castas, se elegía al 'Príncipe de los locos', la 'Madre loca', los tribunales y jueces, la universidad... Los locos revelándose contra el sentido común poseían la clarividencia de la verdadera sabiduría: la de los niños, locos y borrachos y -de nuevo añado-, la de los poetas, los otros poetas.

Esta fiesta del lenguaje tenía una singularidad: las críticas eran ejercidas de manera colectiva y organizada y aunque, por un lado, fueron permitidas durante años porque suponían un desahogo para un pueblo hambriento y sometido, también fueron objeto de duras prohibiciones por parte de la Iglesia, como así sucedió precisamente en el Concilio de Toledo del 633, temerosas de que supusieran origen de rebeliones y, consecuentemente, de avances sociales. La crítica más salvaje desembocaba, al fin, en mejoras para el pueblo que las reclamaba.

En La Fiesta de los Locos de Víctor Hugo asistimos a la coronación de Quasimodo en medio de la representación de un Misterio o auto sacramental en la plaza del Palacio de Justicia ante el Cardenal de Borbón y la embajada alemana, escrito, dirigido e interpretado por el poeta Gringoire a quien nadie escucha ya, atraídos por la locura de la fiesta.

Este festival es una Fiesta de Locos, no un Auto Sacramental

La poesía complaciente, o equidistante del poder, simbolizada por Gringoire, se alza aquí como una pantomima en la que nadie cree, como una excusa para reunirse en la plaza, como un objeto de burla y escarnio por parte de estudiantes y mendigos, como el detonante pues de 'la otra poesía'. Ese poeta, tal como definió Hugo, “una parte de interés y nueve de amor propio”, al que el pueblo ni escucha ni respeta, no es el poeta que viene a compartir sus versos cada año, desde hace diez, al Festival de Poesía Voix Vives. A esos poetas -citando nuevamente a Hugo- “que saben mantenerse en la mitad de todo”, que padecen de lo que yo llamo 'el síndrome Gringoire', no te los vas a encontrar en Toledo. Porque el Festival de Poesía Voix Vives es una Fiesta de los Locos, no un auto sacramental.

Y, ahora, “¿Qué dice el tiempo, lo que colapsa en papel –dibujo o trama / del espacio dimensional del miedo–, lo puramente conceptual / atado al pulgar de un niño de 5 años que observa los bastidores / rotos del padre?” (Rocío Cerón). ¿Qué dicen nuestros locos? ¿Con qué palabras sabias y clarividentes subvierten el orden, “recuperan la memoria” y “encienden el fuego” de la hoguera colectiva? Lo que estáis a punto de disfrutar estos siete días es un Festival del amor, concebido desde “el temps del no-temps”, desde el tiempo “de l'amorinvicte” como diría la poeta Begonya Pozo, nacido de “los primeros brotes del nuevo andar/hablar” (Eddie (J. Bermúdez). Los poetas han decidido “borrar la secuencia de la primera mentira / respetar lo que escribí sobre las sombras” (Lara López) y señalar que “hubo una vez que la puerta de la carne era un lugar / Por donde entraban a las ciudades bestias muertas para ser devoradas / Nada ha cambiado” (Poesía sorda).

Son poemas-instrucciones para “ingresar en la belleza del mundo” (Antonio Orihuela) porque aprendemos “cada día de las cosas pequeñas” (Carlos Ávila), porque “No estamos/ tú/ yo/ para anhelar los búhos en la complejidad de sus ramas” (Balbina Jiménez). Pequeños destellos de luz que, como la hoguera, nos calientan en la noche porque “el dolor aparece cuando se disuelve la luz” (Pablowski) y debemos aprender también que “en cada intersticio del tiempo / la sombra y la luz se deslizan” (Antoine Simon).

“Tal como la gota de lluvia cuelga del alféizar de la ventana, la lágrima seca muere bajo el ojo”

El poeta “no es más que el rostro de alguien que se echó a la mar / y jamás volvió (...) sin rumbo, a merced del olor del mar (...) mientras mis manos agujereadas de luz / preguntan a los turistas y emigrantes por mi rostro huido / y mis ojos arrancados con hierro candente” (Nouri Al-Jarrah). Esa mirada de la poeta-gaviota varada en la playa frente al mundo-marinero: “no hay nada más que mar en sus ojos y si se miran demasiado se ahogan” (Anna Serra). El poeta ya sin ojos, de tanto mirar al mundo, pregunta, sobre todo, pregunta y “en esa lengua es incomprensible la pérdida (…) también así nace el poema: mucho después de la ceniza, sin sombra del calor” (Silvia Penas). “Tal como la gota de lluvia cuelga del alféizar de la ventana, la lágrima seca muere bajo el ojo” (Samer Abu Hawash).

Nos avisan así los poetas locos de que ha llegado el tiempo de nombrar las sombras, de preguntarse desde la mirada de un ciego, de un loco, de un niño. Ha llegado el tiempo en el que “clavé los dedos en el pecho / hasta las falanges proximales / extraje ese trasto exhausto (…) y se lo arrojé con rabia” (Manuel Palencia). El tiempo de “hundir extenuada la mano / en la incansable tierra / escuchándola narrarse” (Rocío Nogales) aunque no sabemos qué esperamos “encontrar / al borde del mundo / donde los últimos hombres / hace tiempo mutaron en árboles” (Alejandra Correa).

Asistamos pues a esta Fiesta de los Locos. Participemos de ella, riamos, critiquemos, subvirtamos los órdenes, desobedezcamos, cuestionemos, cuidémonos también, alcemos la diferencia, la diversidad, la igualdad, el amor a la Tierra como valores irrenunciables y disfrutemos de esta fiesta que es en sí y desde sí la locura de la transgresión del pueblo unido. ¡Feliz X Aniversario a quienes hacéis y disfrutáis Voix Vives!

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