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Eduardo Bravo: “No creo que Cecilia estuviera contenta con que sus canciones se usen en los mítines de Vox”

Cecilia en un concierto en enero de 1975

Susana Monteagudo

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Patti Smith sirvió autoridad en aquella histórica instantánea disparada por Robert Mapplethorpe para Horses. Nunca antes una mujer había lanzado una mirada tan emancipada, agresiva y al mismo tiempo honesta desde la cubierta de un disco. Era 1975. Evangelina Sobredo, artísticamente conocida como Cecilia, debutaba tres años antes con un álbum homónimo y una portada de la que se ha hablado mucho menos. En la fotografía, obra de Francisco Ontañón, porta un guante de boxeo, deja entrever su ombligo y mira directamente a cámara, casi tan desafiante como la madrina del punk.

“Fue una declaración de principios. Con una actitud un poco de ‘aquí estoy yo’ y de ‘a mí, no me tutela nadie –explica el periodista y escritor Eduardo Bravo– y con unas letras muy contundentes. Dama Dama fue todo un escándalo. Además, era una chica cosmopolita cuando aquí no viajaba nadie, no porque no tuviéramos la vocación de viajar, sino porque no te daban los pasaportes. Vivíamos en una dictadura. Y ella llega aquí con ese ansia y esa libertad de querer contar otras cosas. Y vaya si las cuenta. Con una contundencia de guante de boxeo”.

Bravo acaba de publicar Cecilia 2, la historia del disco que no pudo ser (Lengua de Trapo, 2024), un libro que condensa en 98 páginas el periplo del segundo álbum de Cecilia, un disco que sí fue, pero no como la cantautora había planeado. La discográfica CBS no secundó sus revolucionarias ideas. “Ella quería que el disco se llamase Me quedaré soltera y que la portada fuese una foto suya de Pablo Pérez Mínguez en un ambiente muy bucólico con una cama con dosel y un gato a sus pies. En ella lleva un vestido amplio con una [ficticia] tripa de embarazada que es muy evidente y que es muy intencionada”, detalla Bravo.

De haberse publicado en estos términos –extremo improbable debido a la censura– Cecilia 2 (CBS, 1973) habría caído cual bomba subversiva sobre la España tardofranquista. “No nos olvidemos que era el año 73”, recalca Bravo. “Franco todavía estaba vivo. Muy vivo. No hay que olvidar que en el 75, antes de morir, fusila a cinco personas. Así que en el 73 todavía está muy presente. Es verdad que matan a Carrero Blanco, pero el régimen gozaba de bastante buena salud. Era impensable que una artista con la proyección que tenía Cecilia después de su primer disco sacara una portada y un título así de demoledor”. La cantante moriría poco después, en un accidente de coche en el verano de 1976.

CBS se decantó finalmente por una rutinaria portada en blanco y negro y un anodino título que camuflaban la arrolladora personalidad e ideología de la madrileña. Tras el maquillaje correctivo todavía quedaban en pie las canciones, las cuales no se libraron de someterse, por mandato, al tijeretazo del régimen. Tras la inspección, uno de los temas, el explícito Un millón de muertos, pasó a denominarse, en un grotesco giro, Un millón de sueños. Por suerte, un torpe error evitó que la letra corriera la misma suerte y, a día de hoy, todavía se escucha a Cecilia entonar en ella: “¿Cuántos hombres cuestan las victorias? Ahora vivo a costa de un millón de muertos”. El corte fue declarado “no radiable” poco antes de su lanzamiento, lo que no afectó a la edición física del álbum.

Fracaso y abandono

Estas pugnas, así como una denuncia posterior resuelta en juicio, pudieron afectar a la marcha comercial de Cecilia 2. Sin embargo, tal y como explica Eduardo Bravo, su malditismo comenzó mucho antes: “El álbum se trunca ya en parte con los desencuentros entre compañía y artista. Se empieza a perder interés. No sé si para ambos, pero sí al menos para la compañía. CBS no quería esa foto. No quería ese título. Y no empieza a promocionarlo. Era una patata caliente. Incluso la denuncia pudo haberse capitalizado en favor del disco, pero ya se había perdido la ilusión. Además, no era la Cecilia del primer disco y CBS se empieza a plantear que era un disco sin hits y que no había un Fui o un Dama Dama”.

Tal desidia contribuyó a que resultase en un fracaso de ventas y fuera condenado al ostracismo. En cualquier caso, se desconocen los datos que, al respecto, pudiera manejar la discográfica: Bravo no tuvo acceso a ellos. “Nunca me dieron información sobre la situación legal del disco ni si estaba disponible o no. Fue un año y medio de escritura, también de contacto con ellos y no respondieron ni dijeron nada”, subraya.

Se desconocen los datos que pudiera manejar la discográfica sobre 'Ceclia 2'. Eduardo Bravo no tuvo acceso a ellos. “Nunca me dieron información sobre la situación legal del disco ni si estaba disponible o no. Durante un año y medio no respondieron ni dijeron nada

Lo que sí es constatable es que el segundo álbum de la madrileña, el más maduro y elaborado de los tres, sufre de abandono. Mientras Cecilia (CBS, 1972) y Ramito de violetas (CBS, 1975) están publicados en vinilo en la serie Legacy de Sony, Cecilia 2 jamás ha sido reeditado. “Falta de rentabilidad y desinterés”, sugiere Bravo como motivos. Sony, que regenta ahora el catálogo de CBS, también desaprovechó la oportunidad que le brindaba el 50 aniversario del álbum en 2023 para ponerlo en circulación.

“Era una una fecha como para haber hecho una fanfarria y fuegos artificiales y haberlo vendido como el 50 aniversario de un disco mítico, clave, de culto, desconocido... Y, simplemente, pasó sin pena ni gloria. Creo que ni CBS ni Sony sabían que lo tenían en cartera. Es un disco que estaba troceado, con las canciones, digamos como más de relumbrón, estaban en recopilaciones. También circula la leyenda de que buena parte de los archivos de CBS desaparecieron cuando pasaron a Sony, que no hay fotolitos, que no están las cintas máster... Aunque no lo he podido comprobar y por eso no lo he incluido”, relata Bravo.

Todavía más desconcertante es que no estuviera disponible en plataformas digitales. Anomalía solventada a final del pasado año, sin mediar anuncio, y probable triunfo del equipo responsable del libro: “Es un poco vanidoso el decir que nosotros hemos generado esa situación. Pero sí es cierto que hasta que nosotros no empezamos a preguntar a Sony, el disco no estaba en plataformas. Ahora incluso se puede comprar, aunque no en soporte físico, que sigue descatalogado”. Al respecto, sostiene Bravo que lo idóneo sería una reedición que respetara y celebrara la voluntad de Cecilia: “Esa es la versión que, en nuestra opinión, fantaseando, debería salir. Es decir, Sony podría sacar ese disco, con esa portada, con ese título y con ese repertorio. Pero bueno, probablemente la familia prefiere que no sea así y hay que respetarles”.

El papel proteccionista de la familia

La familia no solo administra los derechos de Cecilia tras su muerte, con 27 años, en un accidente de tráfico, también gestiona su imagen y su legado con un férreo proteccionismo. Explica Bravo en el prefacio del libro que, tras contactar con los herederos para consultarles la viabilidad del proyecto, su interlocutora, Teresa Sobredo, le comunicó su consentimiento pero le instó a ser respetuoso con la obra de su hermana, no retorcer el significado de sus canciones y no situarla en posiciones actuales del feminismo. Es decir, le rogó amablemente que no la politizara.

“Yo entiendo a la familia y no quise hacer el libro sin que ellos lo supieran porque sabía que eran personas que tenían, digamos, mucho prurito y mucha preocupación sobre cómo se trata la figura de Cecilia. Si hubieran dicho que no al libro, efectivamente, no se hubiera hecho. Una vez que dijeron que sí, se ha hecho con todas las libertades hasta donde hemos podido. Cuando se les pidió permiso para utilizar la fotografía [de Cecilia embarazada] y nos dijeron que no, se les ha respetado. Más allá de eso, no han tenido ningún tipo de participación. Han leído el manuscrito y a unos les ha gustado más y a otros les ha gustado menos”, señala Bravo.

La hermana de Cecilia, Teresa Sobredo, le dio a Eduardo Bravo su consentimiento para realizar el libro pero le instó a ser respetuoso con la obra de su hermana, no retorcer el significado de sus canciones y no situarla en posiciones actuales del feminismo. Es decir, le rogó amablemente que no la politizara

El autor aborda el cuerpo central del texto desde un inteligente formato periodístico en detrimento del género ensayo, algo que le permite entrecomillar a sus entrevistados y depurar así toda responsabilidad sobre sus declaraciones. Y es en una segunda lectura, a través de notas al pie de página, cuando la voz de Bravo toma protagonismo. Se permite incluso opinar al final del texto introductorio: “Yo creo que ahí no tenía que mostrarme equidistante. Es decir, no creo que Cecilia estuviera contenta con que sus canciones formasen parte de los mítines de Vox. Es una fantasía, porque en 50 años la gente cambia mucho y oye, pues, a lo mejor Cecilia se hubiera hecho del PP. Lo dudo mucho. No tenemos referentes de qué hubiera hecho Cecilia desde el año 76 que se muere hasta la actualidad, pero sabemos lo que hizo hasta el año 76. Canciones como Mi querida España no creo que fueran escritas con el ánimo con que Vox las utiliza a día de hoy. Es un contrasentido”.

Vanguardismo y vigencia

Este breve volumen reclama, con maestría narrativa, un reconocimiento para Cecilia 2 a la medida de su calidad artística. Y lo hace situando a Evangelina Sobredo en un lugar más justo y más preciso, próximo a lo que entonces hacían Vainica Doble. “Esto es un logro de Manu Guedán y Jorge Lago de Lengua de Trapo, del Círculo de Bellas Artes y mío. Creo que [el libro] pone a Cecilia en esa tercera vía del pop español de la que hablaba Fernando Márquez: la de quienes hacían cosas muy sui géneris, como pueden ser Vainica Doble, Rodrigo García o Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. Sacamos a Cecilia fuera de ese lugar un poco más de señora mayor que tenía en esos últimos años que era el Ramito de violetas y la estamos colocando en un sitio de absoluta vanguardia del pop español. Algo que ya no la vincula con José Manuel Soto y sí, a lo mejor, con Amaia o Rozalén. Y creo que a Cecilia le hace mucha más justicia”, asevera Bravo.

Sacamos a Cecilia fuera de ese lugar un poco más de señora mayor que tenía en esos últimos años y la estamos colocando en un sitio de absoluta vanguardia del pop español. Algo que ya no la vincula con José Manuel Soto y sí, a lo mejor, con Amaia o Rozalén. Y creo que a Cecilia le hace mucha más justicia

Eduardo Bravo Periodista

A 50 años de su publicación, la vigencia de Cecilia 2 resulta incontestable. Lo es musicalmente, por la innovadora mirada de una cantautora que reverenciaba el pop anglosajón y, asimismo, por ese excelente equipo de profesionales que participaron en su grabación: “Tiene unos arreglos que son absolutamente fantásticos”, dice Bravo. Y lo es también por contenido, con letras que abordan cuestiones tan actuales como el ecologismo (Mi ciudad) o tan audaces como el suicidio (Si no fuera porque), pero, muy especialmente, por ese cariz combativo, desclasado y feminista que atraviesa todos los textos de la madrileña.

“Es el empoderamiento de una mujer como artista y como persona que, aunque es verdad que la familia siempre pone en cuestión el hecho de que no podemos ver a una Cecilia de 1973 con los ojos de 2024, sí hay aquí una chica que dice 'me quedaré soltera' o que canta sobre cómo le gusta tener sexo placentero con su amante (Canción de amor). Toca temas actuales y de una forma que no está anticuada. En cambio, Ramito de violetas me parece que ha envejecido fatal y me genera hasta cierta desazón, porque estamos hablando, envuelto en un amor romántico, de un maltratador. Aunque sé que esa no sería la idea de Cecilia, y me da la sensación de que ella ahora la hubiera rehecho”, concluye Bravo.

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