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Resistencia

Pieza en barro del ceramista Ángel Núñez

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Me encontraba en tal ciudad, no sé, todas son iguales para ser de algún modo diferentes, todas hechas ahora con trozos de otras, se construyen y se deconstruyen con facilidad. Ahora hay que visitarlas todas, coleccionarlas y olvidarlas.

Llevaba esos días conmigo como un peso soportable ‘La insomne felicidad de Pier Paolo Pasolini’. Copié para ti a mano sobre una hoja de periódico ‘L´ossesione é perduta’, un poema de La religión de mi tiempo, quizás entre todos los suyos mi libro preferido, L´ossesione è perduta è divenuta, odorante fantasma che si stende in giorni di luce grande e muta.  Lo escribí a lápiz, en la mesa de una terraza de un parque que me recordaba al de Fernando Pessa de Lisboa. Solo lo que pueda borrarse de manera fácil está destinado a permanecer más tiempo dentro de nosotros una vez leído. A eso lo llamé la resistencia natural de las palabras.

La resistencia, las líneas y signos de grafito son finalmente borradas por la luz, para volver al reino imperecedero de lo oral, a la clandestinidad del ser para convertirse en una consigna nihilista que se pierde en cada uno. Tantas veces copiado a mano hasta que lo aprendes de memoria. Consignas para resistir. La obsesión se ha perdido, a la vez la obsesión por la felicidad nos ha perdido.

Metí la hoja en un sobre y la dejé sobre el asiento de un vagón de metro. ‘A ti a quien desconozco’. Diferentes líneas de resistencia, diferentes niveles del subsuelo, clandestinidad. ¿Ya no te obliga tu conciencia a resistir? Después de esa ciudad fui a otra ¿Una isla? No sé, había demasiados puentes y aviones en el cielo, y de allí a otra como la única manera de estar en todos los sitios a la vez, y solo por resistir al animal oscuro que nos devora de nuevo. ¿Pero sabía ya resistir? ¿Sabemos todavía resistir a la maldad? Ningún dios te mira, ¿Y el dios de la ciudad?

“Cuando débil se enciende el azul que es casi blanco, y en los ruidos dispersos se condensa”. Estos versos de Pasolini los copié en un folleto que anunciaba perfumes, el cartoncito olía a lilas; dentro de un sobre lo dejé a los pies de un tilo al final de una calle muy concurrida. Estaba solo, la soledad también es una forma de resistencia. Si escribes para muchos, debes estar solo, permanecer solo y vagar por el Sur.

También me era soportable el peso de los artículos de Combat (1944-1947) de Albert Camus. Ciertos libros nos ayudan a resistir mejor este tiempo al que no consigo poner un color; a veces siento estar entrando en el Black in Deep Red de 1957, y al salir, de pronto cegado por el Green and Tangerine de 1952 tocar directamente el sol. Rothko nos enseña que el fascismo ahora es abstracto, y de ahí que sea sumamente peligroso; en cualquiera de nosotros habita como un bicho extraño que se agranda hasta ocupar la totalidad del cuerpo. El fascismo muta peligrosamente en oscilaciones abstractas, el poema de Pasolini lo dice. “L´ossesione è perduta è divenuta, odorante fantasma che si stende in giorni di luce grande e muta”. 

Me cansé de esa ciudad y me fui a otra, allí me quedé más días, interminables e innumerables días. En esa ciudad miré mucho tiempo el cielo, cada vez más, de esa forma miraba hace tiempo el mar, pero me perdía fácilmente hasta llenarme pronto de mí mismo. Me llenaba y me escapaba una vez lleno de todo eso, lo que rebosa, lo que estalla y se desparrama; con el cielo no me ocurría eso, lo miraba sin sed, ese cielo me quitaba la sed, lo miraba hasta desaparecer el él. No encontré un espacio mejor donde no estar. Al menos en esa ciudad pude recibir tu postal escrita a mano fechada hace ya más de un año. La postal, Un huevo de barro de nuestro amigo el artista plástico N.ñ.z. ¿El huevo de la serpiente negra? La belleza de aquellas líneas ovoidales escondía el sol de la muerte. Amherst ¿Qué lugar es ese? ¿Tenías allí campos polvorientos y tierras lunares como estas que ahora atravieso camino de un lugar sin nombre?

Me quedé todavía un largo tiempo en esa ciudad, llevaba todos los artículos que escribí para el periódico durante estos últimos años, y lo consideré un peso soportable. Por las noches los revisaba tumbado en la habitación del hotel y volvía a copiar a mano con un lápiz algunos fragmentos que aún me parecían estar vivos.

El artículo ‘Una bomba de agua’, del 19 de octubre de 2018, lo copié prácticamente entero. Era difícil desprenderse de algunas de sus partes. A continuación, los fragmentos que pude salvar:

[En T, antes había muchas albercas y bombas de agua, y también había agua. Los sueños son líquidos, de aire, enseguida la ráfaga azul los rompe y las imágenes de la superficie se rizan. De nuevo nos encontramos en la resistencia. Se nos encienden los ojos como animales en la noche. Para avisar de que llega el enemigo, movemos la palanca de la bomba de agua. Rechina el mecanismo como un animal dolorido mientras sube el agua desde los oscuros pensamientos y la esparce sobre la luz. Todo el mundo quiere tener un pozo donde verse reflejado. La bomba que hemos instalado junto al pozo de la huerta es de estilo victoriano, provenía de una fundación francesa en Orly, en el forjado había quedado el blasón oxidado de la fábrica, la boca es una cabeza de caballo y tiene dos ángeles de bronce soldados al tubo. Quizás regase un día un hermoso jardín de Essex o fuera utilizada en las huertas de Marsella durante los años cuarenta, y por casualidad diera de beber en una calurosa tarde de julio a Jean Moulin huyendo de la Gestapo. Durante unos días quedó desmontada sobre la caja. Los sueños son líquidos, se escapan por las grietas y las suturas de la existencia, tienden a filtrase por la tierra seca de nuestros ojos. Nuestra cabeza es una alberca con una tenca negra y nuestro corazón una bomba de agua. Nada se mueve ahora, octubre es un mes quieto. Volví de Tánger hace unos días. Esta vez me traje una bomba de agua. Se la compré a un anticuario de Rue d´Amerique, el tipo dijo que había pertenecido a cuatro generaciones ayudando a regar durante más de cien años una famosa huerta en Oujda. Le creí. Las cosas se mueven y dan vueltas por el mundo, después vuelven de nuevo a nosotros y las reparamos para volver a utilizarlas]

[Un amigo italiano me escribe desde Roma. En la carta escribe que va a atentar contra S., lo hará un día antes de la Marcha sobre Roma del 27 y el 29 de octubre de 1922, Para entonces Gramsci ya está en la cárcel, el joven físico de Trieste Eugenio Curiel exiliado en París y Giacomo Matteotti asesinado. Su imaginación me previene. En el acuse de recibo escribo: “Ahora nada se mueve, el tiempo se ha detenido, y es entonces cuando ocurre todo; aparecen entre las sombras de la historia dos equipos de ocho ángeles. El juego de la cuerda, juego de la soga, tira y afloja, batalla de fuerza, soka tira o cinchada, es un deporte que pone a dos equipos uno contra el otro en una prueba de fuerza. Fue deporte olímpico entre 1900 y 1920. Como todos los contendientes tienen la misma fuerza nadie gana, pero la cuerda se rompe y no exactamente por la mitad. En esta ocasión gana quien se queda con el trozo de soga más largo].

 No pude prescindir de las últimas partes del artículo, que terminé copiando en servilletas de color azul la noche antes de dejar aquella ciudad.

[Sobre la mesa el informe sobre cambio climático de Raphael Lemkin y Hersch Lauterpacht, el más pesimista y catastrofista de todos, ‘Masa y Poder’ de Elias Caneti y ‘Hacia un saber sobre el alma’ de María Zambrano, estos son los alimentos de octubre, además de un plato de higos que ha traído esta mañana la señora M.]

[Entre otras obsesiones algunas frases de Kafka que no se van de mi fácilmente. El paseo fluvial se llena de paseantes y corredores, uno de ellos prepara la maratón de Sidney. Allí abajo el río, le doy vueltas a esas frases de Kafka que están clavadas en la pared. La que más he hace reír se refiere a un perro al que hace entrega de todo el conocimiento y la totalidad de preguntas y respuestas que pueda generarse el hombre después de ver en una pizarra E=mc2. La energía de un cuerpo en reposo es igual a su masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado. Einstein supuso entonces que la inercia de un cuerpo depende de su contenido de energía, en el que incluía una fórmula que relaciona la masa y la energía, postulando que en realidad son una misma cosa. ¿El alma?]

De esta manera aún resisto.

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