La paradoja de los autónomos en Castilla-La Mancha: hay más pero la gran mayoría son “trabajadores pobres”
Seis años después de las nefastas consecuencias que la pandemia de coronavirus y posteriormente la guerra de Ucrania tuvieron para la economía española y especialmente para los trabajadoras y trabajadores autónomos, la situación del autoempleo en Castilla-La Mancha no es mala. La evolución positiva de la economía también se ha dejado ver en este sector: ha habido un aumento de la afiliación al Régimen General de Trabajadores Autónomos (RETA) de 149.411 actividades contabilizadas en diciembre de 2024 a las 150.459 de finales de 2025. Esto significa que hay 1.048 autónomos más.
Hasta ahí todo bien, pero el secretario general de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA) de Castilla-La Mancha, César García, ha detallado la paradoja que se produce en esta radiografía. La mayoría son “trabajadores pobres” y además en España “somos muy malos consumidores”.
El colectivo de trabajadores autónomos supone, en el ámbito nacional, el 15,77% de la población ocupada en todo el país. Este dato sugiere la importancia que tiene el autoempleo en la economía, formado por 3,4 millones de unidades económicas activas.
Sin embargo, esta variable es “todavía más importante” en Castilla-La Mancha, cuyo porcentaje supera en casi cuatro puntos la media nacional, llegando al 19.41% de la población ocupada. El responsable sindical destaca el hecho de que el porcentaje mayor se dé en la provincia de Cuenca (un 21.96% de población ocupada), precisamente la menos industrializada.
“Esto nos demuestra que el trabajo autónomo en el entorno rural es factor fundamental para evitar la despoblación, generando riqueza y oportunidades, y que debemos implementar políticas activas en este sentido”, argumenta.
Pero, ¿cuáles son los problemas fundamentales, entonces? César García destaca que hay una “rotación extrema” en el sistema. Es muy “impactante” observar cuántos autónomos se han dado de alta en la comunidad autónoma (26.051) en un año y cuántos se han dado de baja (25.743). Esto equivale a que se produjo el cese de actividad de 70 autónomos y autónomas cada día en 2025.
A UPTA no solo le preocupa la cantidad de bajas que se producen y la rotación tan alta, sino también que desconoce en qué condiciones y por qué se han dado de baja. Es decir, si ha sido por jubilación, por cambio de trabajo al régimen general o si tienen deudas. Ha puesto un ejemplo concreto: el día 31 de enero cerró una clínica veterinaria en Seseña (Toledo), una ciudad con 35.000 habitantes. Fue por falta de personal cualificado para trabajar dentro de la clínica. “Esto hay que analizarlo para ver hacia dónde vamos a ir en un futuro”.
Y del mismo modo pone el acento en el nivel de asesoramiento y acompañamiento que hayan tenido las más de 26.000 personas que se han dado de alta en el mismo periodo. “No sabemos si el emprendimiento ha sido por oportunidad, por vocación o simplemente por necesidad, que es el peor de los emprendimientos que se puede realizar”. º
Los datos demuestran, asimismo, la “fragilidad” de las unidades económicas del RETA. “Hay poca estabilidad en el sistema debido a la falta de dimensión de las actividades económicas”, apunta el sindicato, por lo que pide políticas activas de crecimiento.
Otra preocupación de UPTA mira hacia el futuro. A partir de 2026 y en años siguientes, el trabajo autónomo será crucial, ya que más de 600.000 autónomos de la generación baby boom se jubilarán. De ellos, aproximadamente 18.000 en Castilla-La Mancha.
¿Qué pasará tras la jubilación de los 'baby boomers'?
Se abre así un escenario incierto sobre qué tipo de modelo de tejido empresarial se dibuja para la comunidad autónoma: “¿Queremos un modelo de sustitución de autónomos jubilados por nuevos autónomos, o por el contrario aprovechamos el nicho de mercado que dejarán libre los jubilados para fortalecer, dimensionar y consolidar a los que permanecen en activo?”, se pregunta.
Se trata además de un colectivo “envejecido”, sin relevo generacional en muchos sectores de actividad, sin trabajadores a su cargo en el 80% de los casos y con rendimientos económicos muy bajos. “El escenario perfecto para hablar de burbuja del emprendimiento”.
Finalmente, otro palo en la rueda que señala este colectivo son los “trabajadores autónomos pobres”. Más de 42.000 autónomos declaran rendimientos mensuales inferiores a 900 euros, por debajo del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), lo que representa cerca de la tercera parte del colectivo. Y más grave aún: en torno a 18.400 autónomos no declaran rendimientos, a pesar de figurar como afiliados.
Como consumidores, en España somos muy malos
Este análisis sugiere que, en determinados sectores y territorios, el número de actividades activas supera la capacidad real del mercado, generando un contexto en el que “demasiados proyectos compiten por una demanda limitada”.
César García atribuye también esta situación a que “como consumidores, en España somos muy malos”. Se refiere a que es “imposible” hacer crecer los negocios “si vamos buscando el precio y no la calidad” y si tampoco “damos prioridad al valor real del trabajo que están efectuando los autónomos”. Habla así de la costumbre española de no pedir factura, por ejemplo, a un fontanero, o de no preocuparnos de si el trabajo alguien hace en nuestro domicilio cuenta con todas las garantías.
Considera que se trata más de un tema “cultural” que “fiscal”. “Ningún consumidor alemán es capaz de meter en su casa a nadie sin conocer primero que cumpla todos los requisitos tributarios, y defendemos poco la economía global, y mucho la economía personal”, ha ahondado en este sentido.
Por todo ello, UPTA pide un Observatorio del Trabajo Autónomo en Castilla-La Mancha para ‘mapear’ mejor las actividades económicas en este sector, y se pone a disposición de la Mesa de Diálogo social en la definición de políticas que permitan que el trabajo autónomo “no solo exista, sino que sea económicamente viable, socialmente justo y con futuro”.