En el corazón de la comarca de Ciudad Rodrigo, en lo más profundo de Campo de Yeltes, entre las llanuras de encinas, charcas estacionales y suaves colinas, se erige una propuesta cultural tan inesperada en el contexto rural como poderosa y rompedora con todos los esquemas: el Centro FMCMP Morasverdes. Se trata de una iniciativa de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson que convierte a esta pequeña localidad salmantina en punto de encuentro entre arte contemporáneo, naturaleza y dinamización rural.
La exposición permanente 'Colección FMCMP. Arte y naturaleza. Las huellas son el camino', comisariada por Ángel Antonio Rodríguez, traza un recorrido singular por el arte contemporáneo que dialoga con el paisaje, la materia y la memoria. El edificio, de líneas limpias y arquitectura integrada en el entorno, acoge una exposición permanente con algunas de las firmas más relevantes del arte del siglo XX y XXI: desde referentes del land art como Richard Long, Robert Smithson o Dennis Oppenheim, hasta figuras como Marina AbramoviÄ, Olafur Eliasson, Cristina Iglesias o Daniel Canogar. Y lo hace bajo una premisa clara: explorar la relación entre arte y naturaleza.
“Bajo la idea del camino como metáfora de vida, la exposición plantea la relación entre arte y naturaleza”, explica Ángel Antonio Rodríguez, comisario de la muestra, en declaraciones a elDiario.es. “La muestra, desde su mismo título, apela a ese caminar por el territorio. Todo ese arte que nace de la observación del paisaje, del entorno, del territorio y de los materiales que uno se encuentra en ese caminar”, señala Rodríguez.
Un camino en común: arte, paisaje y educación
En un espacio donde lo rural a menudo se asocia con la ausencia de propuestas culturales, este centro rompe inercias. “En un momento de despoblación y abandono de lo rural, apostar por un lugar como este, desde una fundación privada, me parece un acto de generosidad. Es una apuesta decidida por dinamizar el territorio”, afirma el comisario. “Muchos de los artistas aquí representados trabajan desde el caminar, la observación del entorno o la intervención en el territorio. Hay piezas que son verdaderos homenajes al paisaje y a la memoria natural”, continúa Rodríguez.
La exposición se estructura en torno a grandes conceptos que van más allá de las etiquetas disciplinares: acción, materia, paisaje, memoria, territorio. “Se ha planteado también con una visión educativa y de experiencia compartida”, destaca Rodríguez. “Hay una parte muy importante que es el carácter intergeneracional. Hay piezas que te permiten hacer una lectura desde los ojos de un niño o de una persona de mayor edad”.
El visitante se encuentra con esculturas, instalaciones, fotografía, arte textil y propuestas que invitan a la inmersión sensorial. La obra Green Quartz Circle (1990) de Richard Long -una gran instalación circular de piedras de cuarzo verde- ocupa el centro de la sala como una constelación mineral que conecta lo físico con lo poético. O la instalación lumínica AV MC (2024) de Javier Riera, que transforma el exterior del edificio en un espectáculo geométrico integrado con el entorno natural.
Pero la propuesta del centro va más allá de lo expositivo. Concebido también como espacio de formación, el edificio acoge visitas escolares, talleres y programas educativos orientados a todos los públicos. Es un “lugar de encuentro e intercambio” entre generaciones, saberes y sensibilidades.
Diálogo con el territorio
Ubicado en un enclave natural privilegiado -próximo a la Ruta de Siega Verde, el Parque Natural de Las Batuecas o Arribes del Duero, y cerca de La Alberca o Ciudad Rodrigo-, el centro se integra en un paisaje de dehesas, charcas y caminos, donde el arte contemporáneo encuentra un nuevo sentido: el de caminar junto al territorio. Porque, como señala Rodríguez, “en el fondo, el arte siempre ha tenido mucho que ver con el caminar”.
Aunque las obras se exhiben en una sala cerrada, el centro está pensado para dialogar con el paisaje. Algunas intervenciones trascienden los muros. “No es frecuente que una exposición de estas características se plantee en un lugar tan singular desde el punto de vista geográfico y también demográfico”, relata el comisario.
El paisaje no actúa como mero telón de fondo, también es eje estructural de la propuesta. Muchas de las obras establecen un diálogo directo con el entorno. Este vínculo se refleja tanto en la selección de autores como en el propio planteamiento expositivo. El entorno de Morasverdes contribuye a reforzar esa comunión. La dehesa salmantina, con sus encinares, arroyos y horizontes abiertos, enmarca el centro y lo alimenta conceptualmente. Como si las obras dentro del edificio fueran una prolongación del paisaje, y viceversa.
Con esta propuesta, el centro pone en valor la colección de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson y “apuesta decididamente por dinamizar el territorio”, generando un espacio donde arte y naturaleza conviven en un diálogo constante. Inaugurado en 2024, el Centro FMCMP Morasverdes es uno de esos proyectos que parecen surgir a contracorriente: una apuesta por el arte contemporáneo en plena 'España vaciada'. Financiado íntegramente por la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, forma parte de una red de sedes culturales junto a las de Asturias y Madrid, pero con un enfoque claramente descentralizador.
En un momento en el que muchos pueblos luchan por mantener servicios básicos, la existencia de un centro como este -con obras de artistas de primera línea, una propuesta educativa gratuita y una proyección internacional- se convierte en una forma más de lucha por darle valor a los municipios rurales. El arte, como relatan en su portal web, no pertenece solo a los museos urbanos, también nace de los caminos de Castilla.