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El nutricionista Aitor Sánchez, sobre la nueva pirámide alimentaria de EEUU: “Responde más a criterios ideológicos y empresariales que de salud pública”

El secretario de Salud de EEUU, durante la presentación de la nueva guía alimentaria en la Casa Blanca.

Paloma Martínez Varela

9 de enero de 2026 14:49 h

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La reciente publicación de una nueva guía alimentaria en Estados Unidos ha generado una gran controversia entre los profesionales de la salud y la nutrición. El Departamento de Salud y Servicios Humanos del país, encabezado por Robert F. Kennedy Jr., es el responsable de esta guía, alineada con los ideales del movimiento ‘Make America Healthy Again’ (MAHA, por sus siglas en inglés, 'Hacer a América Saludable De Nuevo') que llama la atención en primer lugar al presentar una pirámide invertida. 

“No lo explican claramente, pero yo creo que invertir la pirámide es una decisión en la línea discursiva que siguen las páginas introductorias de la guía, que lo que dicen es que quieren cambiar el paradigma y es un mensaje muy gráfico, disruptivo, de dar un giro de 180 grados”, valora el nutricionista Aitor Sánchez, director del centro de nutrición Aleris, que identifica “una introducción muy populista, en la que dicen durante décadas se ha estado haciendo mal”. 

Este discurso de que la pirámide tradicional está totalmente equivocada se repite desde hace un tiempo en redes por parte de algunos influencers o divulgadores concretos, pero en este caso la inversión parece más un ejercicio de marketing, de dar una imagen sorprendente, que un cambio real.

“Si tú miras a la pirámide, no le han dado la vuelta porque lo que están poniendo en la supuesta nueva base no es que antes estuviera en la cúspide como tal, no está realmente invertida”, señala el nutricionista. “Lo que están recomendando, respecto a lo que había anteriormente no es tan revolucionario, y los pequeños cambios que se hacen no es que sean los más acertados”, resume Sánchez, que califica el plan de “mediocre” porque solo acierta en aquello que es “puro sentido común” y en algunos aspectos “da la espalda a la evidencia científica para responder a criterios ideológicos y empresariales”.

Las contradicciones

Uno de los aspectos más criticados por los nutricionistas es que el texto de las nuevas directrices no corresponde a la imagen con la que se acompaña, hay una falta de coherencia entre ambos documentos. “El texto tiene pros y contras, pero es que la imagen es un disparate, no tiene nada que ver y presenta algunas inconsistencias muy grandes”, destaca el experto. Un ejemplo es que se recomienda el consumo de cereales integrales cuatro veces al día y, sin embargo, el gráfico no le da ese protagonismo, como sí le da a la carne o los lácteos. De este modo, la pirámide representada no puede funcionar como herramienta educativa ni para la propia guía que acompaña, sino más bien confundir.

La obsesión por la proteína

Otro de los puntos de conflicto es el exceso de proteína que recomienda el equipo de Robert F. Kennedy Jr., con rangos de entre 1,2 y 1,6 g de proteína por kilo. “Esto no sigue la evidencia científica por ningún lado”, critica el nutricionista. “Lo primero es que no hace falta garantizar proteína en cada comida, es preocupar sin sentido a la población; y segundo, que no hace falta tanta cantidad en población general”, defiende el nutricionista, que destaca que no se trata de una guía para personas con unos objetivos deportivos concretos, sino para la salud general. “La evidencia actual dice que vigiles la calidad de la proteína, algo que pasa muy desapercibido dentro de esta guía, que de hecho te recomienda mucha proteína animal”, apunta.

En este sentido, el experto ve la legumbre tremendamente infrarrepresentada, dejando en segundo plano la proteína vegetal en favor de la carne, los lácteos y los huevos. Ocurre lo mismo con los frutos secos y los aceites vegetales, también claves en la salud pública contemporánea.

El viaje el pasado lácteo

La guía también establece el consumo de tres lácteos al día, una recomendación que para Sánchez es “muy ochentera”. “Los estudios de Harvard hablan de limitar a, como mucho, dos lácteos al día y además en un país que consume lácteos de poca calidad, porque en Estados Unidos hay quesos de muy bajo interés nutricional, por lo tanto, reforzar con lácteos no parece una buena estrategia”, valora el experto, que además denuncia que se ignore a quien a quienes no los consumen.

Los aciertos 

No todo es negativo en la propuesta. El nutricionista reconoce que la guía acierta al basar gran parte de su discurso en la comida real y poniendo límites a los productos ultraprocesados y azucarados. También es positivo el énfasis por consumir frutas enteras, evitando zumos, y vegetales frescos, la recomendación de cereales integrales y la advertencia del alcohol como un factor a evitar, así como la importancia de una buena hidratación. 

“Son mensajes de sentido común, que sí que están basados en ciencia, pero no tiene ningún sentido que le den la espalda a la evidencia científica y a las recomendaciones nutricionales de las universidades referentes de su propio país en cuanto a leche, carne, huevos, para mantener la ideología o por intereses en el sector ganadero estadounidense”, resume Sánchez, que recomienda seguir el Plato de Harvard o las guías del Ministerio de Consumo de España, que mantienen un mayor sentido común y rigor científico.

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