En primera persona

De cubrir políticos y picar texto a bailar jotas: así se vive desde dentro el Día de Castilla y León en la campa Villalar

Villalar de los Comuneros —
24 de abril de 2026 11:08 h

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Si eres de Castilla o de León, deberías acudir al menos una vez en la vida a la campa de Villalar de los Comuneros. Es mi (humilde) opinión sobre una de las fiestas más controvertidas en esta Comunidad, empeñada en ocasiones en enfrentar provincias como si de un reino de taifas se tratase. Independientemente del sentir de muchos leoneses (que, por supuesto, respeto), Villalar es mucho más de lo que aquellos que no van -o que solo van a primera hora de la mañana- creen. Puedes ir al espacio con el que te sientas más cómodo, o a ninguno y estar en la campa, que, gracias a alguna cabeza pensante, este año ha contado con una carpa que ha permitido guarecerse un poco del sol. Aún así, yo me he quemado, pero esa es otra cuestión.

A lo que iba, que me disperso fácilmente... En Villalar hay espacio para exigencias populares y políticas -que sí, recurren al mito comunero del siglo XIX con banderas republicanas, ya lo sabemos todos-, pero también hay hueco para los bailes tradicionales y las bandas (más o menos convencionales) de Castilla y León. Se trata de celebrar lo propio, la tradición y la diversidad, y ahí está todo el mundo invitado. De cantar al primer amor -ese que nunca se olvida- o para protestar porque cada vez seamos menos en los pueblos.

Los mensajes de los artistas se cuelan constantemente: por Castilla y León, por una Castilla diversa, libre, por recordar el trabajo de las mujeres -y las pandereteras- en la música. Es llamativo que en Villalar estos artistas tengan más éxito cuando proclaman 'viva Castilla y León' del que tuvo el presidente Mañueco hace solo unos días en los Premios Castilla y León. Supongo que tiene que ver más con una unión administrativa que quizá nunca debió producirse, pero que muchos ya han asumido y hecho propia de manera integradora. También se escuchan muchos 'viva Castilla' y 'viva León'; hasta algún 'viva Villalpando'.

Yo empecé a ir a 'la campa' cuando estaba todavía en la Facultad estudiando Periodismo, en una edición en que tocaba la MODA, porque quería mi hermano. He vuelto muchas veces, de 'civil' y de periodista, aunque al principio sobre todo de periodista: a seguir a los políticos y a 'picar' texto lo más rápido posible para que, aquellos que no estaban por allí, pudieran conocer el sentir de los representantes políticos.

Poco a poco, fui entrando un poco más en el 'modo campa', y desde entonces no puedo evitar fijarme en lo que me rodea; supongo que viene en el journalist starter pack. Fui creando mis propias tradiciones, como dar una vuelta por todas las carpas para ver qué carteles y pancartas marcan su discurso cada año.

En esta edición, algunos se solidarizan con los activistas que están siendo procesados por irrumpir en la Vuelta Ciclista durante el boicot por la participación de Israel. El PSOE ha recuperado un 'photocall' del Papamóvil en recuerdo a las fiestas de Tardelcuende en las que el actual secretario general del PSOE se paseó por uno escobilla del váter en mano. Ya se le multó por eso e irrumpió Abogados Cristianos por eso, pero esa es otra historia. También me gusta ver a las asociaciones y plataformas que están presentes en la campa y que ponen el foco en sus problemas locales, internacionales o de integración social. O que incluso regalan libros antiguos, para que tengan una segunda vida en manos de otros. Algún año quizá montemos puesto de elDiario.es, quién sabe.

Este 2026 hay otra cosa que me llama la atención: hace unos años se veían muchísimas camisetas de Los Niquis del Páramo o La Perdiz Roja Magazine que tan populares se hicieron. Ahora se han añadido camisetas de artistas locales como La MODA, El Nido, Delameseta o Guille Jové, entre otros, y eso me hace preguntar también qué parte de sus ingresos vienen más del merchan que de la música en sí. Es curioso cómo utilizamos la ropa como una seña de identidad: en la escuela (concertada), en los deportes y en los ejércitos.

Castilla y León tiene una riqueza y diversidad en su vestimenta increíble, aunque se puedan compartir algunos elementos. Y en este año he visto más faldas, bandas, chalecos y pañuelos que nunca. Originales, heredadas o tuneadas, pero transmitían una sensación increíble y un arraigo que a veces es complicado sentir. Aunque para outfit llamativo, el del vocalista de Jimenos Band, que actuó de imprevisto en la carpa principal después de tocar en la carpa de UGT: americana y sombrero de copa repletos de estampados de la bandera de Castilla y León.

El asunto es que yo tengo esa manía observadora, que tampoco me impide ver la ironía de que se comercialicen banderas republicanas, cafés de especialidad, merchan de sandías o enseñas del Che probablemente confeccionadas en condiciones muy poco dignas. Convivimos con ello, como toda la sociedad coexiste con sus propias contradicciones. Y el primero que no sea un poco hipócrita en la vida, que tire la primera piedra, como diría aquel.

Una vez inspeccionado el espacio, me acerco al monolito para ver las ofrendas florales, que desde hace años incluyen también a María Pacheco y no solo a Bravo, Padilla y Maldonado. Y, antes de que me lo recuerde un compañero periodista y leonesista en concreto... Sí, ya sé que la derrota de 1521 no fue tan importante en la historia y que todo fue engrandecido en el siglo XIX. Pero déjame ser un poco ilusa, por lo menos un día al año.

Porque de esto va Villalar en realidad: de soñadores -como los de One Piece, cuya bandera he visto hoy usar como cabestrillo- en sus propios pueblos, comarcas y ciudades. De defender lo propio, sin imponerse al otro, y del derecho a quedarse y no solo la obligación de marcharse a buscar un futuro. De reivindicar que se puede innovar desde lo rural y la tradición, y no solo en la agricultura, sino poniendo énfasis también en la cultura. Esa que ayuda -y mucho- en los peores momentos vitales y que muchas veces no cuidamos lo suficiente. Como la Junta de Castilla y León con su estrategia de organizar conciertos por toda la comunidad en la víspera de la fiesta que obvian a los artistas locales. Porque Castilla y León es vida, pero muchos se ven abocados a vivir la suya fuera.

Está aún por verse cuánto tiene de moda todo este movimiento cultural que vive Castilla y León, muchas veces a espaldas de lo mainstream y los medios de comunicación, pero no puede negarse que hay un resurgimiento importante. Desde luego, yo jamás en la vida habría pensado que podría escuchar a miles de personas -muchos de ellos jóvenes, parte especialmente relevante en una comunidad tan envejecida como la nuestra- cantando a Agapito Marazuela o recordando a Luis Martín Díez, del Nuevo Mester de Juglaría, fallecido en noviembre de 2025. La campa de Villalar intenta, desde su humildad, ponerlos en su sitio. O que vería a tanta gente con unas castañuelas como las que tenía mi hermano de pequeño y por las que algunos compañeros se reían.

Esto de los jóvenes es clave. Porque demuestra que podemos (me voy a incluir todavía como 'joven, si me lo permiten los veinteañeros) bailar pogos, pero también podemos unas jotas, unos charros o un ajechao, aunque muchos aún lo tenemos como tarea pendiente para cuando la vida nos dé una pequeña tregua, al menos en mi caso. Como lo de aprender a tocar la pandereta... supongo que todo llegará cuando deba hacerlo, pero no puedo evitar pensar que ese momento está cerca para mí. De momento sigo procesando la cantidad de polvo que he aspirado de la campa de tanto bailar -hasta el suelo, como piden Lucía y Santi-, como si fuera la Niña de la Arena que Dulzaro no puede olvidar.

Tampoco es que pretenda mucho con este texto más allá de expresar lo que siento. Supongo que el 50º aniversario de Villalar me ha dado qué pensar, o que es verdad que me voy haciendo mayor cada año. El caso es que, como dicen los burgaleses de El Nido, quiero cantar ahora por si acaso me toca llorar mañana. Que, hoy día, con la actualidad como está, nunca se sabe qué pasará al día siguiente. Así que, levántate, morenita, y baila hasta que te duelan los pies.