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El comercio de Barcelona, en pie de guerra contra los grafitis: “El vandalismo debe tener consecuencias”

Pared llena de grafitis en el Raval

Lúa Pena Dopazo


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“El aumento de los grafitis vandálicos se ha producido de un año para aquí. Esto ha petado porque hasta hace tres meses no se veían pintadas en fachadas a la altura de un segundo piso y ahora sí”. Jordi Bordas, gerente del Eix Comercial del Raval, asegura que le cuesta creer que acciones como estas puedan pasar desapercibidas. “Para hacer algo así se necesita una escalera de cinco metros”, remacha.

Los comerciantes del distrito de Ciutat Vella han dado la voz de alarma por el aumento de los grafitis en locales privados y edificios patrimoniales. Se quejan de la permisividad y lentitud de las instituciones y de la falta de dispositivos policiales para vigilar las zonas donde se producen más pintadas. El Ayuntamiento, en cambio, asegura que las fachadas de edificios no patrimoniales se limpian “a medida que se detectan” y que para ello disponen de 26 equipos de lunes a sábado y cinco que actúan los domingos y los festivos.

Pero los equipos del ayuntamiento tienen un problema añadido: no pueden limpiar los edificios protegidos y privados ya que la responsabilidad de su mantenimiento recae en los propietarios. Así que las pintadas se han convertido en seña de identidad de algunos comercios.

Erika Fiore, de la Associació de la Mercè, tiene un negocio en el Gòtic y también es vecina del barrio. “En mi zona, en los alrededores del Carrer de la Mercè, han aumentado las pintadas sobre todo en las persianas nuevas”, afirma. Cree que el hecho de que cada vez haya más negocios cerrados –los que no han sobrevivido a la pandemia– ha agravado este fenómeno, pero denuncia que la limpieza por parte de las instituciones es “nula” a pesar de que son los responsables de cada local los que deben ocuparse de sus persianas, mientras que los edificios protegidos han de mantenerlos sus propietarios. “Sé que el ayuntamiento ha intentado contactar con los propietarios de algunos edificios, pero que no ha sido posible”, asegura.

Bordas cree que el hecho de que la mayor parte de los locales del Raval también sean de alquiler y que, en su mayoría, pertenezcan a fondos de inversión es otro “problema añadido” al tema de la limpieza en el barrio. “Tienes suerte si consigues ponerte en contacto con el propietario para decirle que ha de limpiar la fachada pero esto pasa pocas veces”, dice. El gerente del Eix Comercial del Raval cuenta que lo que suele ocurrir es que son los inquilinos los que acaban pagando las limpiezas “a pesar del esfuerzo económico que supone” y con el riesgo de que “al cabo de diez días la vuelvas a tener hecha una mierda”. En Barcelona es habitual ver nuevos grafitis en paredes y fachadas que ha acaban de ser limpiadas.

La presencia de pintadas y grafitis no es homogénea en todo el distrito de Ciutat Vella, al cual pertenecen barrios como el Raval y el Gòtic, y, como reconoce el gerente de la asociación Amics de la Rambla, Xavi Masip, en la principal arteria este tipo de actos vandálicos “no han aumentado de manera remarcable”. Sin embargo, Masip señala que los quiosqueros del paseo han tenido que pintar sus locales porque les habían hecho hasta pintadas en el techo. Añade, además, que en esta zona hay grafitis en las persianas y en el mobiliario urbano pero “sin llegar a la exageración de otras partes del distrito, donde incluso se han atacado edificios históricos y patrimoniales”. Hace solo unas semanas, una de las fachadas de la Basílica de Santa Maria del Pi apareció con varias pintadas y, según fuentes de esta parroquia, los vándalos llegaron a llevarse algunas piedras. 

El ataque a edificios históricos y patrimoniales no es algo nuevo, ya que pueden verse grafitis (y restos de pintadas que han sido borradas) en las fachadas secundarias de otras iglesias como la de Santa Maria del Mar e, incluso, en las de la Catedral de Barcelona. Aunque los grafiteros han respetado las fachadas principales. En el Raval, Masip destaca la “suciedad” de la calle que sube del Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) y lamenta que la Capella de la Misericòrdia, el edificio del CCCB y la facultad de geografía e historia de la Universitat de Barcelona están “llenos de pintadas”.

Los comerciantes de Ciutat Vella coinciden en señalar que llevan mucho tiempo exigiendo más efectivos de la Guàrdia Urbana y rondas nocturnas en las áreas donde se realizan más pintadas. “Hemos pedido mil veces más limpieza y más policía, todos los vecinos queremos lo mismo”, enfatiza Fiore. Masip agrega que hay “dejadez y permisividad” por parte de las instituciones respecto a esta tema. “La actuación sobre los actos vandálicos es muy lenta”, lamenta. Subraya que la “lacra” de la “suciedad” provoca el “efecto de las ventanas rotas”, es decir, que si la ciudad está sucia y llena de pintadas es más fácil que la gente pinte. 

Fuentes del Ayuntamiento de Barcelona remarcan que las limpiezas de pintadas no autorizadas en edificios no patrimoniales se realizan “a medida que se detectan” y, según sus datos, en 2019 se llevaron a cabo 164.662 intervenciones para limpiar 394.471 metros cuadrados, en 2021 hubo 115.092 actuaciones para 279.422 metros cuadrados y, hasta marzo de 2022, ya se han hecho 30.345 limpiezas (71.114 metros cuadrados).

Vecinos y comerciantes destacan que los grafiteros cada vez se atreven a pintar a mayor altura con el peligro que eso supone. Jordi Bordas, en referencia a las pintadas a una altura considerable, habla también de la “impunidad de los que pintan” y se pregunta cuántas multas se ponen por pintadas y grafitis no autorizados. Según fuentes de la Guàrdia Urbana, en el año 2019 se amonestaron a 273 personas por este motivo, 203 en 2020 y 281 en 2021. Y, desde el Ayuntamiento de la capital catalana, explican que tienen un presupuesto para los servicios de conservación y mantenimiento de los edificios, parques y monumentos históricos-artísticos de más de diez millones de euros hasta 2025. De esta suma, más de cuatro millones se destinan al cuidado de los más de 1.500 elementos y conjuntos escultóricos que requieren “una dedicación constante a causa del envejecimiento propio, por afectaciones de la climatología, la contaminación o el vandalismo”. 

Fiore, de la Associació de la Mercè, cuenta que en su zona se han producido algunas mejoras como el incremento de la iluminación, pero que “eso no es suficiente” porque los comerciantes siguen sintiendo que hay “dejadez” por parte de las instituciones. A Jordi Bordas le preocupa “la imagen lamentable” que esto puede transmitir de la ciudad, tanto a los vecinos como a los visitantes. Al mismo tiempo, distinguía tres tipos de grafitis y afirmaba que los miembros de su asociación no están en contra del grafiti.

Esas tres categorías de pintadas son: las artísticas, las reivindicaciones políticas y, por último, los tags o firmas. Para Bordas, el problema son estas últimas. “Es un tema de puro ego y, por eso, se ha de perseguir, ya que las otras dos me pueden gustar más o menos, pero considero que tienen una razón de ser”, explica. Las firmas o tags son las que han aparecido en los últimos meses en edificios históricos como la Basílica de Santa Maria del Pi, y el gerente del Eix Comercial del Raval se muestra desasosegado por el hecho de que estas cada vez se lleven a cabo a mayor altura y en casas particulares. “No me parecería raro que si alguien se despierta a las tres de la mañana con un chaval pintado al lado de su balcón pueda reaccionar de mala manera”, apunta. 

Bordas celebra que un concejal de la ciudad hubiese pedido a Telefónica a través de sus redes sociales que oculte los cables que cuelgan de los edificios, pero lamenta que a los comerciantes se les ha prohibido embellecer ciertas fachadas o poner plantas porque estas están “catalogadas y protegidas”. Por otra parte, el gerente reconoce que el Raval siempre ha sido un barrio vivo y “especialito, por decirlo suavemente”, pero que los “actos vandálicos deben empezar a tener consecuencias”. “Estamos a favor del grafiti artístico y, de hecho, en el Raval hay muchos locales con persianas pintadas de esta forma”, apunta Bordas, que añade que desde su asociación se han llevado a cabo diversas colaboraciones con la Escola Massana y con distintos grafiteros.

Mesa ciudadana del patrimonio

Cada año, las distintas asociaciones del distrito de Ciutat Vella remiten informes sobre las carencias del distrito al Ayuntamiento de Barcelona. Masip, de Amics de la Rambla, explica que en su parte de este año, enviado en febrero, destacaban la sensación de suciedad e inseguridad y que el tema de las pintadas era “un elemento más”. Y también, que hicieron un paseo con los técnicos del distrito “para hacerles notar todas esas carencias”. 

El pasado martes 17, el consistorio puso en marcha la Mesa ciudadana del patrimonio, que definen como “un espacio permanente de diálogo e intercambio de ideas con los vecinos y los expertos acerca del patrimonio”. Esta acción es una de las medidas del plan estratégico para cuidar el “carácter singular de la ciudad” más allá de la protección tradicional de monumentos y edificios icónicos. Esta mesa, que cuenta con más de una cincuentena de miembros, se reunirá de forma ordinaria dos veces al año y de manera extraordinaria para tratar temas de especial importancia.

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