Radden Keefe y los entresijos del mejor periodismo de investigación: “Ser objetivo no es ser una máquina sin sentimientos”
Convertido en el referente absoluto de aquella intersección en la que se encuentran el periodismo narrativo y el de investigación, Patrick Radden Keefe (Boston, EEUU, 1976) confiesa estar abrumado por el éxito de su último libro, El hijo del oligarca (Periscopi en catalán, Seix Barral en castellano), llamado a convertirse en un clásico del mejor reporterismo.
Asegura que la obra, una profunda investigación sobre la muerte en extrañas circunstancias de Zac Brettler, un joven londinense de buena familia que se hacía pasar por hijo de un oligarca ruso, le situó en una encrucijada sobre su papel cómo reportero, su vínculo con la familia del protagonista y las consecuencias de su trabajo.
“Cuando trabajaba en el libro tuve que ir a terapia por primera vez en mi vida”, explicaba el viernes a un grupo de periodistas en el CCCB de Barcelona. “Ha sido una de las pocas ocasiones en las que he podido sentir la oscuridad de la historia en la que estaba trabajando”.
A Radden Keefe, padre de dos adolescentes, le afectó pasarse casi dos años hablando a diario con una familia que había perdido a un hijo que tenía la misma edad que los suyos.
“Mis hijos hacían cosas normales de adolescentes, pero cada vez que me peleaba con ellos o había algún problema empezaba a ponerme en lo peor”, rememora. “Tuvo que venir mi mujer a decirme que no era justo para ellos, que no todo tiene porque ser un desastre”.
El periodista, redactor del New Yorker, confiesa que en toda su carrera nunca se había acercado tanto al objeto de su investigación como en esta historia, en la que ha acabado trabando lo que podría definirse como una amistad con los padres del fallecido.
“Puede parecer que el libro aborda solo la perspectiva de la familia Brettler”, abunda. “Pero yo creo que realmente es mi perspectiva sobre cómo veían ellos la muerte de su hijo”.
“Cuando digo que quiero ser objetivo en mi trabajo no significa que me deba convertir en una máquina que no tiene sentimientos”, sostiene. “Conocer algunas cosas del caso me conmovió y también traté de capturar esto en el libro”.
La palabra que utiliza Radden Keefe sobre cómo debe abordar estas situaciones y emociones es “permeabilidad”, explica. “Intento ser permeable, pero la pregunta es cómo lo soy sin perder la objetividad”, añade.
Radden Keefe alertó a la familia de que iba a escribir cosas que les incomodarían. “Les alerté de que al leer el libro no se reconocerían como si miraran una foto, sino como si hubiese pintado un cuadro de ellos”, afirma. “En el libro hay cosas que son incómodas para ellos, pero si las dejaba fuera me acababa convirtiendo en un mentiroso como los que aparecen en el texto”.
El hijo del oligarca no es solo la historia de una tragedia familiar. Es también una historia sobre la mentira y sobre un Londres inundado de frivolidad y de dinero extranjero, pero también sobre el abismo que puede separar a unos padres de su hijo adolescente y cómo su amor incondicional está por encima de ese muro. Es, a su vez, una historia que pone al descubierto las costuras de un sistema policial lleno de defectos e incompetentes.
“Las mentiras del libro creo que definen una era”, apunta el reportero. “No creo que sea casualidad que cuando Zac cumplió 16 años Trump fuera presidente”.
Radden Keefe explica que lo que le interesó de la historia, convertida en un éxito de ventas, era que tenía un gran número de ingredientes que le permitían dibujar la sociedad actual: la manosfera, los teléfonos móviles, la frivolidad y el lujo de las redes sociales que seducen a los jóvenes y la desaparición de la cultura del esfuerzo.
“Los padres de Zac tenían claro que si estudiaban y trabajaban duro podrían comprarse una casa, vivir en su ciudad y, si la salud se lo permitía, tener una buena jubilación”, explica. “Todo esto ha desaparecido para los chavales de hoy: pueden esforzarse y acabar viviendo con sus padres o compartiendo una habitación”.
Todas estas capas, además, tenían como telón de fondo la transformación que ha vivido la capital británica durante las dos últimas décadas. “El cambio de Londres es un tema que hacía tiempo que me interesaba”, admite. “Y la historia de Zac me permitía abordarla”.
Sobre el fracaso policial que recorre el libro, Radden Keefe cree que todo habría sido muy diferente si los padres de Zac hubieran decidido acudir a los medios tras su muerte. “Todo habría sido distinto”, opina. “La prensa británica ama estas historias de gente blanca que tiene problemas, sobre todo si hablamos de un chaval que iba a un buen colegio privado”.
El reportero considera que la presión de los medios habría derivado en presión política y eso hubiera acabado empujado a la policía a investigar más y mejor, básicamente porque sus padres eran gente acomodada y bien conectada. “Si esto le hubiera ocurrido a una familia de inmigrantes africanos o de ingleses sin recursos, lamentablemente nadie se habría interesado”.
El éxito de su último libro ha sorprendido a Radden Keefe, que lleva ya casi medio año promocionándolo por todo el mundo. Ha decidido, sin embargo, no seguir investigando el caso a pesar de que le sigue llegando información. “La estoy pasando a otros periodistas del Reino Unido, no creo que la historia me pertenezca”, apunta.
El periodista sigue preocupado, no obstante, por cómo está viviendo la familia de Zac que su historia se haya convertido en un Best seller. “La gente se les acerca como si los conociera o de golpe van en el metro y ven a alguien leyendo el libro sobre la muerte de su hijo”, explica. “No es fácil para ellos”.
Radden Keefe ha desvelado que el libro está ahora mismo en proceso de convertirse en una serie. Una posibilidad ante la que, debido al interés de las productoras, preguntó a los padres de Zac si realmente estaban dispuestos a que su historia llegara todavía a más gente.
“Les dije que yo no lo necesitaba, que el camino podía acabar con el libro”, señala. “Pero tras pensarlo finalmente han dicho que sí, básicamente para así poder tener cierto control sobre la serie y que no acabe en manos de otra persona”.
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