Patrick Radden Keefe se consagra con ‘El hijo del oligarca’ como el gran referente del periodismo de investigación
Patrick Radden Keefe ha vuelto a hacerlo. El hijo del oligarca (Seix Barral y Periscopi, en catalán) es un minucioso trabajo de investigación que entusiasmará a sus fans, muchos de los cuales le descubrieron aquí hace ya seis años con No digas nada (Reservoir Books/Periscopi), esa aproximación a la Irlanda del IRA a partir del caso de Jean McConville, una madre de diez hijos que desapareció en 1972.
Ahora el nombre del que el periodista estadounidense se sirve es el de Zac Brettler, un joven británico de 19 años, y el escenario es un oscuro Londres desconocido para la mayoría de sus habitantes. Es un libro que cualquier periodista querría escribir y que ningún lector debería perderse.
El hijo del oligarca podría ser la historia de un chico poco convencional y muy inteligente, hijo de una familia acomodada y discreta que empezó a cambiar cuando ingresó en una prestigiosa escuela, buena, pero no tan de élite como la que había aceptado a su hermano. Es allí donde comenzó a obsesionarse con el dinero y a encadenar mentiras hasta construirse una identidad falsa, la del hijo de un oligarca ruso. Podría ser solo la reconstrucción de su vida, pero es mucho más.
La noche del 29 de noviembre de 2019, cuando tenía solo 19 años, Zac Brettler murió. Cayó al Támesis desde el balcón de un edificio de lujo. No es una revelación que explique el final del libro. Al contrario, es el punto de partida, porque la versión inicial, la del suicidio, convence a la policía, pero no a sus padres.
La investigación permite descubrir que Zac utilizaba el apellido Ismailov para convertirse en otra persona, alguien que se inspiraba en ese Lobo de Wall Street que encarnó Leonardo DiCaprio y del que este chico era fan. Su doble vida era la de un joven que sabía moverse en las redes digitales y en las de poder, estas últimas aún más peligrosas.
Sus padres jamás se dieron por vencidos, nunca creyeron que Zac se hubiese quitado la vida o que tuviese problemas con la heroína. Buscaron pistas y recelaron de las explicaciones de la policía, por más dolor que encadenaran a cada novedad que iban descubriendo sobre su hijo. Algunas, a través de unos personajes que les adentraron a ellos, y ahora al lector, en el Londres que la mayoría de sus habitantes desconocen.
Dos de esas figuras se convierten en los otros protagonistas del libro. Akbar Shamjy, un impostor menos adinerado de lo que aparenta, y Verinder Sharma, un mercenario sin escrúpulos, ambos, a priori, protectores del joven Zac en esa otra vida paralela, son los otros protagonistas de este libro. A través de ellos, de sus miserias y también imposturas, de círculos en los que el dinero lo es todo y en los que las fortunas muchas veces solo esconden estafas, se reconstruye un mundo que parece de novela. Tendría todos los elementos para serlo, y sería una novela de las buenas, pero es una historia real.
Radden Keefe llega a ella casi por casualidad, porque un amigo del director de la serie inspirada en su libro No digas nada se la desveló. Pero sin la ayuda de Rachelle y Matthew Brettler, los padres de Zac, probablemente nunca la hubiese podido hilvanar.
Primero cuando la relató en un artículo en The New Yorker, donde colabora desde hace dos décadas, y ahora en este libro, demuestra que definirlo como el mejor cronista de su generación no es exagerar.
El periodista ha explicado en más de una ocasión que siempre hay un trabajo de investigación con el que va hurgando para encontrar esa verdad, a veces oculta. The New Yorker le permite disponer del tiempo y los recursos para hacerlo. Todo un lujo en esta era.
Busca siempre una historia que le enganche, probablemente porque es la mejor manera de que también pueda atrapar a los lectores. Dibuja un esquema y, a partir de ahí, a medida que avanza en las pesquisas, va colocando las piezas. Tan fácil y tan difícil. Con ese método logra que esos grandes reportajes que, en casos como este, acaban convirtiéndose en libros, sean una lección de periodismo de investigación. Esta vez se ha superado.
0