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CRÓNICA

Sant Jordi derrocha esperanza: “Este año es especial y el que viene será mejor”

Un cliente busca un libro en una librería del centro de Barcelona que ha colocado su puesto de venta de libros en la calle .

Oriol Solé Altimira

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No hay muchedumbre en la Rambla y antes del beso hay que bajarse la mascarilla, pero es Sant Jordi. El día laborable más festivo del año, la diada de la gente, ha derrochado esperanza este 2021 tras la celebración confinada del año pasado. Aunque con controles de aforo, mascarillas y otros rigores pandémicos, la gente ha salido a la calle dispuesta a recuperar la fiesta.

“Es un día muy especial, teníamos muchas ganas de venir y disfrutar por fin de Sant Jordi”, explican Maribel y Carlos mientras guardan cola para entrar en uno de los puestos de rosas y libros del Passeig de Gràcia. La pareja no tiene miedo y se siente segura al estar en un espacio abierto. La mascarilla les tapa la sonrisa, pero su rostro es de satisfacción.

Además del de Passeig de Gràcia, en Barcelona hay otros diez puntos en distintos distritos en los que se pueden juntar varios puestos de flores y libros, en total 180, así como mesas para la firma de libros. Estos espacios, que son exteriores, tienen un único sentido de circulación y un acceso controlado. Como en una procesión, jóvenes y mayores van avanzando y ojeando libros sin los codazos de otros años.

Faltan pocos minutos para las once pero ya se constata una gran afluencia de público. “No sé si por la tarde se podrá aguantar este corsé de aforo”, confiesa el escritor Jordi Cabré, que firma ejemplares de 'Sense fi' (Univers) frente a la Bolsa y pronostica una jornada “dulce”. “Me he levantado optimista, como una botella de cava a punto de descorchar”, confiesa.

Unos metros más arriba, y con un buen ritmo de firmas, está Marta Sanahuja, que debuta en un Sant Jordi rubricando su 'Delicious Martha' (Grijalbo). “Estoy alucinando”, declara. No será la única autora de libros de cocina, una de las temáticas estrella de este año, que firme en el puesto de la Abacus del Passeig de Gràcia. A Sanahuja la seguirán los hermanos Torres. Un cartel advierte de que los 'selfies' con los autores no están permitidos, pero a los lectores les da igual. “Me lo han regalado esta mañana mis hijas y he bajado corriendo a por la firma”, explica Laura, satisfecha por una diada que, aunque con restricciones “mantiene la esencia y el sentimiento del Sant Jordi de siempre”.

En las cocinas del pujolismo se adentra Jordi Amat en 'El hijo del chófer' (Tusquets). “Hoy es como nuestro particular concierto piloto de Love of Lesbian”, resume Jordi Amat mientras firma ejemplares en el cruce entre el Passeig de Gràcia y la calle Consell de Cent. “Falta el barullo, pero está todo muy bien organizado, viniendo de donde venimos todo suma”, apostilla.

A pocos metros de Amat esperan entrar en el espacio de Sant Jordi del Passeig de Gràcia Gemma y Edgar, que han bajado del barrio del Guinardó. “A lo mejor podían haber cerrado más calles con más puestos, pero está muy bien”, comentan. Solo echan de menos los puestos de rosas. “No es lo de siempre, pero este año es especial y el que viene será mejor”, vaticinan mientras esperan su turno para entrar y poder “curiosear, pasear y buscar libros, que es lo que se hace por Sant Jordi”.

También es una diada especial para los presos del procés. Cinco de ellos han salido de permiso este viernes -al que la Fiscalía se ha opuesto, como es tradición-. Algunos, como Jordi Turull, para celebrar su santo en familia. Y otros, como Raül Romeva, para firmar libros. En su caso 'Ubuntu' (Angle editorial). “Está claro que no es el Sant Jordi que querríamos al 100%, pero algo es algo”, dice el exconseller de Exteriores mientras se va del Passeig de Gràcia para seguir firmando en la Illa Diagonal.

Después de un Sant Jordi de 2020 casi inexistente –en el mejor de los casos, con compras online–, y de un segundo intento descafeinado en verano, esta vez los libreros y los floristas, también las instituciones, confían en una buena jornada de ventas tras un año duro. En las quinielas de los más vendidos figuran Javier Cercas y Albert Om.

Además de los puntos como el del Passeig de Gràcia o el Arc de Triomf, cada librería también tiene permiso para desplegar un puesto de venta frente a su local. Xavier Cortés, dueño de la librería La Memòria, en el barri de Gràcia, recomienda y busca libros a la vez que controla el aforo del local. “No sé cómo irá hoy, pero hay ambiente y la semana ya ha sido movida”, explica.

Lo que no hay este año es la venta de rosas a pie de calle que llenaba las esquinas de grupos de estudiantes intentado sufragar su viaje de fin de curso. Sí han vuelto las tradicionales colas en la floristería Navarro de la calle València. Y a su lado, frente a la librería Jaimes, Marc Giró no para de firmar ejemplares de 'Pijos' (Univers) y de hacerse fotos con su legión de fans. “Después de lo fatal que fue el año pasado en confinamiento, este año ha vuelto la alegría de Sant Jordi”, afirma. Y encima el día acompaña: tras un mes de abril nublado, hoy luce un sol radiante en Barcelona.

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