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Independencia sí, pero de los bancos: el aval colectivo

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 El aval colectivo se perfila como una herramienta más de la soberanía financiera (Imagen: CC Colbrain crowdfunding @Flickr)

El aval colectivo se perfila como una herramienta más de la soberanía financiera (Imagen: CC Colbrain crowdfunding @Flickr)

"No queremos seguir cediendo los intereses de nuestro dinero a unos organismos [los bancos] que no nos representan. Sentimos que es mucho más coherente que nuestro dinero rente a proyectos que tienen una ideología similar a la nuestra". Así de sencillo lo explican desde ZEMOS98, que acaba de lograr que 259 personas les avalen un crédito financiero de 98.000 euros. Con ello se abre un interesante melón.

Se dieron de plazo 40 días para lograrlo y cuando faltaban tres para que expirara, lo consiguieron. Cuando el comité técnico de la cooperativa Coop57 Andalucía, de la que el prestatario ha pasado a formar parte, compruebe los avales ("aproximadamente en un mes") recibirán el dinero, con el que cerrarán los créditos que aún tenían con la banca tradicional y comenzarán a pagar unos intereses que permitirán que otros proyectos sociales sean a su vez financiados.

"Básicamente lo que necesitamos es tiempo. Nos deben mucho dinero. Nuestra media de cobro de una factura supera con creces lo que establece la ley y eso viene siendo así desde 2008", cuando estalló la crisis. Lo explica Felipe G. Gil, de este colectivo cultural sevillano. "Ya no podemos hacer esperar más a ciertas personas y agentes con las que trabajamos. Necesitamos poder pagar deudas". Crearon un landing site en su web para levantar la campaña en busca de los avalistas, a los que pidieron sus motivos, y luego fueron publicándolos. Ahora mismo sobrepasan el 100% de los avales necesarios. El avalista podía elegir entre garantizar 100, 500, 1.000 o 2.000 euros. Entre los 259 que se han animado salen a unos 400 euros de media por cabeza.

Contra crisis y recortes, comunidad

"Las 259 personas que nos han avalado en este proceso son ahora parte de ZEMOS98". Estas palabras de Felipe, quien además es colaborador de Eldiario.es como uno de los autores del blog ' Sinsentido Común', lo dejan bastante claro: donde hasta ahora había problemas para cobrar de las administraciones públicas (en algunos lares se las conoce ya por ‘administijeras públicas’) y problemas en los bancos para financiar el pago a proveedores y trabajadores, ahora hay una comunidad que no solo participa en las actividades de esta organización pionera en la innovación cultural, sino que se forma en ellas, toma parte y ya en esta instancia llega a involucrarse avalando la financiación de todo el conjunto.

Lo revolucionario de la solución que ha encontrado ZEMOS98, el 'melón' del que hablábamos arriba, estriba en que, siendo buenos conocedores de las herramientas digitales, han convertido un proceso de aval comunitario ya existente en el funcionamiento orgánico de entidades como Coop57, en algo exponencialmente abierto y distribuido a través de una exitosa campaña online.

¿Se trata de un paso más en la revolución del crowdfunding? Recordemos que la financiación colectiva contempla el desembolso monetario del donante, mientras que en el caso que nos ocupa, los avalistas sólo deberán rascarse el bolsillo si el proyecto avalado no consiguiera finalmente devolver el crédito. Por otra parte, en el mundo de los préstamos peer to peer o persona a persona ( P2P lending), los prestamistas también desembolsan directamente el dinero y acaban cobrando un interés por ello. Ejemplos de esto último: Comunitae en España para préstamos de todo tipo (reformas en casa, refinanciación, viajes...) o Kiva en todo el mundo para prestar a emprendedores de países en vías de desarrollo. Hay más.

Patrón confianza

Lo que sí une a todos estos conceptos es la clara red distribuida que tejen en torno al objeto de financiación: nadie se erige en financiador, donante, prestamista o avalista supremo, con todo el poder que ello supondría sobre el prestatario. Aunque hay otro factor absolutamente fundamental cuando hablamos de poner dinero encima de la mesa y que no tiene el mismo peso en todos los casos: la confianza. Como ya vimos en el reportaje sobre la moneda social, la confianza es la base de todo.

"Para formar parte de Coop57 hay que pasar una comisión social que evalúa el impacto social de la organización y sus proyectos. Si se consigue, lo más importante a partir de ahí es la confianza, porque funcionamos por corresponsabilidad, tanto para dar como para recibir". Lo explica el economista y miembro de Coop57 Andalucía Óscar García Jurado. "Afianzar los lazos de confianza con nuestra comunidad" es también uno de los motivos que argumentan desde ZEMOS98 para haberse decidido a dar el paso de abandonar a la banca y lanzar esta petición de aval colectivo.

Lo explica Felipe G. Gil: "De esta forma logramos que nos correspondan comprometiéndose con el proyecto y avalando lo que hacemos". Y aquí encontramos otra similitud con el crowdfunding, que el mero hecho de lanzar la campaña sirve para saber si tu proyecto va a tener o no una comunidad detrás, saber si existe una demanda social o no a lo que propones.

Y ya que hablamos de independencia, hagámoslo también de federalismo: Coop57 tiene una estructura federal. Pese a que nació en Catalunya, al extenderse por el resto del Estado los impulsores iniciales tenían claro que cada sección territorial tenía que tener su propia comisión social y su propia comisión técnica , "ya que eran conscientes de que desde una estructura centralizada no pueden tener la visión local necesaria para evaluar quién entra o no en la organización o a quién se le da o no un crédito", como explica Óscar García. Y he aquí otra característica de este experimento: es desde lo local, en la cercanía de la comunidad, la mejor manera de construir esa confianza tan necesaria.

El hacha de sílex es un Google Docs

¿Supone este éxito de ZEMOS98 un primer paso de algo más grande? He rebuscado lo que mi exiguo tiempo me ha permitido y apenas he encontrado ejemplos de sistemas de 'avales P2P', si algún lector conoce más ejemplos, bienvenidos sean en los comentarios para mejorar este post. He buscado de todo: 'p2p financial guarantee', 'Collective guarantee', 'Community financial guarantee'... apenas he encontrado un ejemplo en United Prosperity, una plataforma digital que permite a la gente avalar a emprendedores con escasos recursos en la India, pero el sistema incluye hasta tres intermediarios: una institución de microfinanzas (que "nomina" a los emprendedores), un banco tradicional que desembolsa el crédito y la propia plataforma que lo gestiona todo. En el caso de ZEMOS98 y Coop57 no hay ni uno solo. Bueno sí, un formulario de Google Docs.

"Obviamente el sistema que hemos usado es mejorable", admite Felipe. No obstante, desde Coop57, a Óscar no le preocupa en exceso que el sistema por el que se han recibido los avales sea un formulario que cualquiera puede crear... y rellenar. No hay DNIe ni certificado de usuario ni firma digital, pero "nosotros confiamos en ZEMOS98". Una vez más la palabra clave. No obstante, Felipe asegura que "nos encantaría ayudar a crear una aplicación o web basada en software libre que facilite el proceso".

¿Va a convertirse, pues, Coop57 en una suerte de banco social gracias a una nueva tecnología que permita avales colectivos, distribuidos y masivos que acaben inundando de liquidez a un sistema al que la banca tradicional mantiene a pan y agua? La respuesta es: "No. Nosotros somos un mero instrumento de impulso del cooperativismo real y socialmente responsable. Nuestra misión no es crear liquidez porque sí". Lo advierte Óscar García, que en estos días se encuentra junto a sus compañeros desbordado atendiendo solicitudes de ingreso a Coop57. "No somos ni queremos ser un banco, nuestro apoyo debe ser recíproco y corresponsable. Nos llaman 'SLs', emprendedores, e incluso algunos cooperativistas a los que, por su modelo no orientado al impacto social, no podemos atender".

Pese a ello, la innovación está ahí: una organización cultural que, por sus características, no es precisamente el sueño del típico inversor capitalista, ha logrado financiarse pese al autismo bancario y la postura sueca de las administraciones públicas a la hora de liquidar facturas. Y pagar así a sus empleados en nómina (4), colaboradores autónomos ("unos 8") y otros proveedores. Generando riqueza y un impacto social muy positivo gracias a sus actividades, cuyo buque insignia es el ya lengedario Festival ZEMOS98.

Lo han logrado mezclando, por un lado, el funcionamiento cooperativo y social de Coop57 en cuanto a los préstamos y los avales comunitarios ("la mejor garantía de impacto social es que haya base social", como recuerda Óscar García); y por otro, sus conocimientos 'tecnosociales' sobre campañas, redes sociales y empatía digital. Han dado el salto del que te avalen tus padres arriesgando su techo a que te avale cualquiera que confíe en tí y admire o disfrute de tu proyecto, forme parte previa de él o no.

¿Nos co-avalaremos masivamente en el futuro?

Hay un camino que se abre en todo esto y, como en tantas otras cosas que tengan que ver con el siglo XXI, las estructuras y leyes todavía no acompañan demasiado. Pero la tecnología está ahí. Ya hay empresas, como la española Tractis, que disponen de sistemas de firma electrónica 100% legales que ya se usan para firmar cualquier documento, y con plena validez jurídica. Ya existen plataformas abiertas y por el procomún, como Goteo, por ejemplo, que están juntando emprendedores sociales, culturales, etc. con comunidades dispuestas a financiarlos. También empiezan a consolidarse proyectos de banca realmente ética, como Fiare.

¿En el vértice de todo eso no hay algo? ¿Podemos imaginar que este primer éxito que hoy traemos aquí sea escalable, aunque sea con otras formas? ¿Que seamos capaces, gracias a la tecnología y a las investigaciones en antropología digital, de generar sistemas de confianza distribuida a gran escala? ¿Que todo ello nos lleve a un posible aval colectivo masivo y muy distribuido en sus dosis para minimizar riesgos? ¿Que todo ello permita el florecimiento de una nueva edad emprendedora no sujeta al criterio del capitalismo actual, maximalista en rentabilidad monetaria y cegato para la rentabilidad social?

¿Podemos imaginarlo, o todavía no?

Crédito de la imagen de este post

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