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El capricho del PP de cambiar a azul el color corporativo la Generalitat Valenciana y asemejarlo al suyo costó de inicio 17.000 euros

La Generalitat Valenciana ha modificado su manual de identidad corporativa para incorporar el color azul pantone 293C, un color casualmente muy parecido al de la marca del PP, que deberá “primar” en su logo así como en todos sus soportes y aplicaciones, para actualizarlo en la dirección que se considera “idónea a los nuevos cambios organizativos” y con el objetivo de “adaptarse a las nuevas estructuras de Gobierno”.

Así lo recogió la resolución de la Dirección General de Promoción Institucional, fechada el 22 de diciembre del pasado año, que señala que, en “un contexto de reestructuración de las consellerias como el que estamos, la imagen corporativa debe reflejar las prioridades estratégicas del nuevo Consell, adaptarse a su modelo de relación con la ciudadanía y acompañar el nuevo enfoque de la acción pública”.

La directriz establece que deberá “primar este color en el uso de los logos y aplicaciones que se utilicen o se lleven a cabo en lo sucesivo por todos los centros directivos, organismos o entidades que formen de alguna forma parte de la Generalitat Valenciana”.

A raíz de este cambio que se decidió de forma unilateral por el Consell presidido por Carlos Mazón primero y por Juan Francisco Pérez Llorca después, la portavoz adjunta y diputada de Compromís, Isaura Navarro, solicitó por escrito información y documentos para tratar de averiguar el coste que iba a tener esta medida, a su juicio partidista, para las arcas públicas.

La respuesta del vicepresidente tercero y conseller de Presidencia, José Luis Díez, a la que ha tenido acceso elDiario.es, es difícil de creer, puesto que asegura que el único gasto generado por este cambio es el pago realizado por medio de un contrato menor al diseñador Daniel Nebot, que asciende a 16.879 euros, IVA incluido.

Al respecto, Navarro ha calificado de “vergüenza” la respuesta en cuanto a la ausencia de gastos adicionales y ha comentado que “obviamente habrá más costes, solo saben mentir y engañar a la gente”. La diputada de Compromís ha añadido: “En lugar de dedicarse a resolver las listas de espera o atender las reivindicaciones para mejorar la educación pública padecemos un Consell dedicado a intentar identificar el color corporativo de la Generalitat con el de su partido. Esto demuestra su falta de respeto por la institución que representan, pues su único objetivo es llenarlo todo de azul buscando hacer campaña por su partido con el dinero de todos los valencianos, como hemos visto con las vallas publicitarias”.

El cambio de color afectará, entre otros elementos, a placas de edificios, señalización interior y exterior, hospitales, centros de salud, colegios, institutos, universidades, museos, juzgados, oficinas administrativas, parques móviles, campañas públicas, documentos oficiales, formularios, plataformas digitales, fondos de prensa, atriles, uniformidad gráfica y soportes temporales vinculados a obras o programas. Evidentemente, no todo se cambiará a la vez y ni generará gastos adicionales, pero es difícil de creer que no vaya a generar ningún coste. Por ejemplo, el rótulo que incluye el atril del Palau de la Generalitat desde el que Pérez Llorca realiza sus comparecencias, ya con el nuevo color corporativo, habrá tenido un coste. Y así con todos los elementos de la administración que haya que renovar.

De hecho, según informó el portal especializado Gráffica, estudios y guías metodológicas de Interbrand y Wolff Olins sitúan la implantación completa de un rebranding de gran escala entre el 0,5 % y el 1 % de la facturación anual de una organización, subrayando que el grueso del coste no reside en el diseño del logotipo o del sistema visual, sino en su despliegue territorial: señalización, edificios, vehículos, soportes físicos y adaptación operativa.

Conviene recordar que desde la recuperación del autogobierno, el logotipo de la Generalitat con el rojo pantone 186C como color corporativo predominante (diseñado en 1984 también por Daniel Nebot y Nacho Lavernia) tiene un origen histórico, puesto que está inspirado en el 'blasó' medieval de Pere el Cerimoniós. Ese código cromático se mantuvo inalterado durante más de cuarenta años, atravesando gobiernos de distinto signo político sin convertirse nunca en un elemento de confrontación partidista.

Así pues,, el giro al azul plantea el debate del uso de los símbolos institucionales como herramientas de identificación política. Convertir en azul la comunicación de la Generalitat es una forma de diluir la frontera entre institución y partido, una estrategia idéntica a la empleada en las vallas publicitarias que ha puesto el PP con la imagen de Pérez Llorca con el lema “cumplimos bajando los impuestos”, junto a otras de la Generalitat Valenciana sufragadas con dinero público.