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Diez argumentos en contra de los batidos verdes

Razones para apostar por las ensaladas, los purés y la fruta en piezas enteras y a mordiscos frente a su versión triturada y licuada, los batidos verdes 

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha citado a los batidos entre los 13 riesgos emergentes para la salud

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Foto: Robert Gourley

Foto: Robert Gourley

Llevan una década siendo la sensación de las calles, apostados en los escaparates de los locales más inn de nuestras ciudades, como una de las máximas invenciones de la cultura hipster. Son los batidos verdes, también conocidos como batidos detox, pensados y diseñados como la alternativa al alcohol en el ocio, o bien como depurante tras una jornada estresante o de abuso de toxinas de diversa índole.

En apariencia no son productos malos, ya que consisten en frutas y/o verduras combinadas, trituradas y servidas en batidos más o menos licuados. Sin embargo, su estructura y su confección los hacen muy contraproducentes frente a la alternativa tradicional de la fruta y la verdura en ensalada pura y dura, ingerida a base de masticar.

A continuación te exponemos diez argumentos en contra de los batidos verdes.

1. En ellos se elimina la piel y la fibra insoluble

En efecto para realizar el batido es casi forzoso eliminar las partes duras y leñosas de la pieza vegetal, ya sea la piel o las fibras más duras, todas ellas partes de la porción de fibra vegetal conocida como fibra insoluble. Al hacerlo eliminamos la parte que concentra mayor proporción de minerales y vitaminas, así como antioxidantes. Pero también nos desentendemos de la fracción de celulosa y lignina fundamentales para dar consistencia a la heces. Si vivimos de batidos verdes, iremos al baño como los pajaritos.

2. Se pierde el poder saciante

Al eliminar la fracción de fibra insoluble descartamos también parte de la soluble, en especial pectinas que destacan por hincharse al absorber agua y por tanto dar sensación de saciedad. Si cambiamos las ensaladas por los batidos verdes, corremos el peligro de no tener nunca bastante.

3. Se miden mal las raciones

Como consecuencia de la ausencia de poder saciante corremos el riesgo de pasarnos en las raciones de verduras que tomamos, del mismo modo que nos ocurre con los zumos de fruta frente a la fruta entera -en lo que se conoce como el 'efecto zumo de naranja'-: cuando te tomas un zumo exprimes tres naranjas; cuando te comes una naranja, no vas a por la segunda y mucho menos a por la tercera porque quedas saciado gracias a la fibra. Pasarse con la verdura tiene consecuencias. 

Foto: Bertholf

Foto: Bertholf

4. Se aumenta el riesgo de piedras en el riñón

Entre otras ingerir dosis excesivas de determinados compuestos presentes en los vegetales y frutas que en porciones normales no tienen consecuencias, pero que sí las pueden traer en situación de abuso. Es el caso del ácido oxálico, donde se produce un cierto 'efecto zumo de naranja', ya que el batido tiende a concentrar este compuesto, presente en diversas hortalizas de hoja.

Ingerido en cantidades sensibles, el ácido oxálico puede formar con iones minerales como el calcio sales conocidas como oxalatos, que precipitan y se aglutina n en forma de las clásicas piedras del riñón. A ello puede contribuir un exceso de vitamina C en el plasma. En los batidos abunda especialmente esta vitamina junto a la A. Por este motivo, la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) ha citado a los batidos entre los 13 riesgos emergentes para la salud.

5 Aumentamos el riesgo de padecer anemia y roturas óseas

Otra consecuencia del 'efecto zumo de naranja' es que en el batido verde aumenta la concentración de ácido fítico respecto a la ingesta de una ensalada, por ejemplo. Este compuesto tiene un alto poder quelante, es decir que puede 'secuestrar' a los iones de calcio, el hierro, potasio y otros minerales, mediante asociaciones coloidales de afinidad eléctrica que impedirán que dichos minerales puedan ser absorbidos en el intestino. Si abusamos de los batidos, podemos presentar deficiencia de ellos y a la larga padecer anemia -por el hierro- o lesiones óseas por pérdida de densidad en el hueso, algo que no ocurrirá a base de comer ensaladas.

6. Nos hacemos más proclives a la diabetes y la obesidad

En los batidos se suele añadir agua, con lo que se diluye la concentración de fibra vegetal y por tanto su poder sanciante, pero también su capacidad de 'capturar' los oligosacáridos -glucosa y frutosa- para impedir que pasen de inmediato a la sangre, haciendo subir el índice glucémico. Si mantenemos el índice glucémico alto seremos más proclives a la diabetes y la obesidad, pues estaremos forzando el páncreas y aportando calorías vacías a nuestra dieta. 

7. Aumentamos el riesgo de intoxicaciones

Otra de las preocupaciones de la EFSA respecto a los batidos verdes es las condiciones en que se realizan, sobre las que se tiene peor control que sobre las hortalizas crudas. No solo está el tema de que se laven adecuadamente para prevenir focos bacterianos, víricos o fúngicos; también preocupa el riesgo de que el método de conservación no sea el adecuado y prosperen nuevas poblaciones que acaso resulten de bacterias fecales , dado que el batido es al fin y al cabo un caldo de cultivo. Si el batido no se guarda en la nevera, si lo abrimos y luego lo conservamos a temperatura ambiente, etc., el riesgo aumenta. 

C:\fakepath\detox.jpg

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8. Contribuimos a la atrofia de los maxilares

Con el batido evitamos la masticación y por tanto el trabajo que hacen los músculos maxilares a la hora de triturar el alimento, en especial la fibra insoluble. En consecuencia nos desacostumbramos a masticar, una tarea que cada vez nos dará más pereza. Así, podemos entrar en un círculo vicioso de batidos, purés, zumos y finalmente bebidas gaseosas con azúcar añadido.

9. Nos alejamos del conocimiento de las hortalizas

En efecto, si vivimos de batidos verdes, le decimos adiós al saber lavar, saber cortar y saber cocinar verduras y hortalizas, y por tanto nos alejamos del patrón de una dieta rica en frutas y elementos vegetales variados, que es lo que se conoce como dieta mediterránea. Es decir, nos convertimos en analfabetos nutricionales. De ahí al aumento de la incidencia de problemas cardiovasculares hay un paso.

10. Se empeora la higiene dental

La ausencia de fibra insoluble y de masticación hacen perder el efecto de arrastre y limpieza de los elementos sólidos sobre la placa bacteriana; por el contrario, su carácter pastoso y el modo pasivo de ingestión hacen que las fibras del batido se queden entre los dientes manchándolos de verde y aumentando el riesgo de tinciones, así como favoreciendo la formación de elementos propios del mal aliento, como la putrescina y la cadaverina. De este modo convertimos unos alimentos que enteros favorecen la higiene dental en un peligro para la misma. 

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