Cristina Díaz, médico de familia: “A los 20 minutos de apagar el último cigarro, la tensión arterial empieza a normalizarse”

El cuerpo tiene una capacidad extraordinaria para recuperarse.

Marta Chavarrías

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El tabaco es la primera causa evitable de enfermedad, invalidez y muerte prematura en todo el mundo según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su consumo está directamente relacionado con la aparición de múltiples enfermedades, de las cuales 20 son diferentes tipos de cáncer. Además, es la principal causa de más del 50% de las enfermedades cardiovasculares. En España, el 24% de la población mayor de 15 años es fumadora, según datos de Eurostat de 2023.

Dejar de fumar es difícil, lo que puede llevar a muchas personas a rendirse. Incluso las que llevan muchos años fumando pueden llegar a pensar que ya no vale la pena abandonar este hábito. Sin embargo, existen razones de peso para intentarlo. Tanto es así que la Sociedad Americana contra el Cáncer estima que dejar de fumar puede añadir hasta diez años de esperanza de vida. La doctora Cristina Díaz Magister, médico de familia, nos explica cuáles son los principales cambios que se producen cuando dejamos de fumar y cuándo se producen.

Qué le pasa al organismo cuando dejamos de fumar

A pesar del daño que causa el tabaco, el cuerpo tiene una capacidad extraordinaria para recuperarse, ya que los beneficios pueden notarse a los pocos minutos de apagar el último cigarrillo. Esto se debe a que las sustancias químicas de la sangre se metabolizan y se eliminan del organismo. Los cigarrillos contienen miles de sustancias químicas nocivas que, al abandonara el tabaco, se dejan de ingerir. Esto incluye la nicotina, el componente adictivo que eleva la presión arterial, así como el monóxido de carbono.

“El cuerpo empieza a repararse casi de inmediato: a los 20 minutos de apagar el último cigarro, la frecuencia cardíaca y la tensión arterial empiezan a normalizarse. A las 12 horas, el nivel de monóxido de carbono en sangre vuelve a valores normales, lo que significa que el oxígeno llega mejor a todos los tejidos”, reconoce Díaz.

En los primeros días también se notan cambios en el gusto y el olfato (la comida sabe mejor y el sentido del olfato vuelve a la normalidad) y en la respiración (hay menos fatiga). “Entre las dos semanas y los tres meses, mejora la circulación y aumenta la función pulmonar de forma medible”, afirma Díaz. A partir del primer mes, los beneficios en los pulmones son evidentes porque “los cilios de los pulmones [pequeñas estructuras que limpian las vías respiratorias] empiezan a regenerarse, y la tos y el ahogo disminuyen de forma notable”, reconoce Díaz.

Al cabo de un año, disminuye de forma considerable el riesgo de sufrir una enfermedad coronaria. “A los cinco años baja el riesgo de ictus y se reduce a la mitad el riesgo de varios cánceres, como el de boca, garganta o vejiga”, explica Díaz. “A los 10 años, el riesgo de cáncer de pulmón también se reduce prácticamente a la mitad y, a los 15 años, el riesgo cardiovascular se iguala al de una persona que nunca ha fumado”, explica Díaz, que reconoce que se trata de un proceso progresivo pero constante.

Dejar de fumar y otros hábitos que afectan al peso corporal

Existe también la idea generalizada de que dejar de fumar lleva implícito un aumento de peso. “Hay algo de verdad, pero se suele exagerar. La nicotina acelera ligeramente el metabolismo y reduce el apetito, así que al dejarla es normal recuperar parte de esa regulación y sentir más hambre. A esto se suma que muchas personas sustituyen el gesto de fumar por comer. El resultado suele ser una ganancia media de entre dos y cinco kilos”, afirma Díaz.

Pero, para la experta, es fundamental poner esto en perspectiva y entender que “el daño de seguir fumando es infinitamente mayor que el de esos kilos ganados, que son manejables. Por tanto, nunca debería ser un motivo para [no] dejarlo”. Las decisiones que tomemos sobre nuestra alimentación y el nivel de actividad física serán las que influirán también en el peso final.

Consejos para dejar de fumar

Dejar de fumar supone un verdadero desafío, pero no es imposible. Lo importante es tener en cuenta algunas pautas, como estas que enumera Díaz:

  • Fijar una fecha concreta y comentarlo con alguien de nuestro entorno, ya que “el apoyo social marca la diferencia”, afirma la experta.
  • Identificar nuestros disparadores, como pueden ser el café, el estrés o ciertas situaciones sociales, y preparar alternativas para estos momentos.
  • No subestimar la ayuda profesional: “la terapia de sustitución de nicotina o ciertos fármacos, siempre pautados por un médico, multiplican las probabilidades de éxito”, afirma Díaz.
  • Practicar ejercicio físico, porque nos ayuda a gestionar la ansiedad y las ganas puntuales de fumar.

Para Díaz, es fundamental no rendirse frente a una recaída. “No es un fracaso, sino que forma parte del proceso, la mayoría de las personas que lo consiguen lo han intentado varias veces antes”, afirma. Y nunca es demasiado tarde para dejar de fumar, aunque pueda pensarse que el daño ya está hecho, sobre todo si hace muchos años que se fuma. Si bien estos pensamientos son normales, ocurre todo lo contrario.

Lo demuestra este estudio publicado en la revista Nature según el cual, al dejar de fumar, no solo se detiene el daño a los pulmones, sino que este se revierte, lo que resulta en pulmones más sanos con un riesgo mucho menor de desarrollar cáncer.

“El cuerpo tiene una capacidad de recuperación sorprendente a cualquier edad: incluso después de décadas fumando, el riesgo cardiovascular empieza a bajar desde el mismo momento en que se deja el tabaco”, afirma Díaz, que admite que quien lo deja a los 60 años gana esperanza de vida frente a quien sigue fumando. “No podemos borrar el pasado, pero sí ganar mucho desde el primer día: cada día sin fumar es una decisión que suma”, concluye Díaz.

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