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¿Cómo de seguro es recalentar comida en envases “aptos para microondas”?

No todos los envases son igual de seguros para conservar alimentos.

María Del Peso

25 de enero de 2026 22:07 h

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El táper (también conocido como fiambrera, tartera o lonchera) es ese recipiente hermético indispensable que, de muchos tamaños y capacidades, siempre es nuestro mayor aliado para transportar la comida ya sea a la oficina, universidad o incluso para guardar alimentos en nuestras neveras.  

Sin embargo, esta versatilidad no solo reside en su forma o funcionalidad, sino también en los materiales con los que se fabrica. Y es precisamente aquí donde surge una cuestión importante: no todos los envases son igual de seguros para conservar alimentos. Aunque los táperes resultan cómodos y fáciles de usar, ciertos materiales pueden liberar sustancias químicas que migran hacia la comida y, posteriormente, hacia nuestro organismo.

¿Por qué debería preocuparnos?

A simple vista no se ven pero lo cierto es que muchos envases de plástico contienen compuestos químicos capaces de desprenderse con el paso del tiempo. Entre los más conocidos se encuentran el BPA (bisfenol A) y los ftalatos. Dichas sustancias forman parte de la estructura del plástico para aportar flexibilidad o resistencia, pero no permanecen completamente estables: bajo determinadas condiciones, pueden liberarse y mezclarse con los alimentos que almacenamos.

Estos compuestos pertenecen al grupo de componentes que pueden alterar el funcionamiento normal de nuestro sistema hormonal. Hay investigaciones han relacionado su exposición prolongada con problemas de salud como alteraciones metabólicas, cambios hormonales, dificultades para reproducirse e incluso un mayor riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer.

Factores que aumentan la liberación de químicos

Debido a que el plástico es un material completamente inerte, su interacción con los alimentos depende en gran medida del uso que se le dé. Existen situaciones cotidianas que favorecen la migración de sustancias químicas desde el envase hacia la comida. Una de las más comunes es el calentamiento en el microondas: aunque muchos recipientes indican ser aptos para este electrodoméstico, el calor intenso puede alterar la estructura del plástico y acelerar la liberación de compuestos no deseados.

Aunque los táperes resultan cómodos y fáciles de usar, ciertos materiales pueden liberar sustancias químicas que migran hacia la comida y, posteriormente, hacia nuestro organismo.

Además, la exposición a altas temperaturas, incluso fuera del microondas, también representa un riesgo. Por ejemplo, dejar un táper dentro del coche al sol, colocarlo cerca de una fuente de calor o utilizarlo para almacenar alimentos muy calientes son algunas prácticas que pueden incrementan esa posibilidad de contaminación.

Otro factor a tener en cuenta es en el momento de la limpieza de dichos envases, ya que un lavado agresivo, especialmente en lavavajillas con programas de alta temperatura, puede deteriorar la superficie del plástico y crear microfisuras que facilitan la liberación de sustancias químicas. Lo ideal en este caso es lavarlos a mano con agua tibia y una esponja suave, evitando siempre productos de limpieza abrasivos que puedan dañar su superficie.

El mito del “BPA-free”

El bisfenol A o BPA es la pieza fundamental del plástico policarbonato, que aparece identificado con el número 7 “otros plásticos” en los envases. La Comisión Europea adopta la prohibición de su uso en materiales en contacto con alimentos y bebidas debido a sus efectos nocivos para la salud.

Si bien la eliminación del bisfenol A es un avance positivo, según la EFSA (European Food Safety Authority), esta etiqueta no garantiza que el envase esté libre de otros compuestos químicos similares. En algunos casos, tal como se 'demuestra en un artículo científico de la revista Springer Nature, el BPA se sustituye por sustancias con estructuras químicas parecidas que pueden tener efectos igualmente preocupantes sobre la salud.

Consejos para evitar que los envases contaminen los alimentos

Materiales como el vidrio, el acero inoxidable o la cerámica son opciones mucho más seguras, ya que no liberan sustancias químicas al alimento.

Pese a los riesgos anteriormente mencionados, lo cierto es que reducir la exposición a sustancias químicas procedentes de los envases es posible mediante decisiones sencillas y hábitos cotidianos conscientes. Según Ecologistas en Acción, una coalición de EDC-Free Europe, y de la campaña Toxic Free Future, junto a la Oficina Europea de Medio Ambiente, existen algunas recomendaciones prácticas para proteger la calidad de los alimentos y cuidar la salud.

  • Prioriza materiales más seguros

La forma más eficaz de minimizar el contacto con compuestos nocivos es limitar el uso de plástico en contacto directo con la comida. Materiales como el vidrio, el acero inoxidable o la cerámica son opciones mucho más seguras, ya que no liberan sustancias químicas al alimento. Además, son duraderos, fáciles de limpiar y no absorben olores ni sabores.

Como consejo extra, siempre que sea posible, guarda líquidos como agua o leche, así como comidas calientes, en envases de vidrio o acero.

  • Deja que la comida se enfríe antes de guardarla

Introducir alimentos muy calientes directamente en un táper de plástico aumenta la probabilidad de liberación de compuestos químicos. Un gesto tan simple como dejar que la comida repose unos minutos antes de almacenarla puede marcar una gran diferencia. Este hábito, además, ayuda a conservar mejor los alimentos y evita la condensación de humedad en el interior del envase.

  • Reemplaza los envases deteriorados

El estado del táper es tan importante como su material. Los envases plásticos viejos, rayados, opacos o deformados son más propensos a liberar sustancias químicas. Cuando un recipiente muestra signos evidentes de desgaste, lo más adecuado es reciclarlo y sustituirlo por uno nuevo o, preferiblemente, por un envase fabricado con materiales más seguros.

  • Evita plásticos muy finos o de un solo uso para guardar comida

Algunas bolsas o envases desechables no están pensados para calentar o conservar alimentos por mucho tiempo. Por ello, es mejor usarlos solo para transportar comida y no para almacenarla.

  • Revisa siempre las etiquetas del envase

Al comprar recipientes de plástico, fíjate si indican que son aptos para alimentos y si están libres de químicos como BPA o ftalatos. Elegir productos más seguros desde el principio ayuda a reducir la exposición a sustancias dañinas.

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