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Carlsson dice que "cualquiera puede cometer un crimen si no tiene nada que perder"

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Carlsson dice que "cualquiera puede cometer un crimen si no tiene nada que perder"

Carlsson dice que "cualquiera puede cometer un crimen si no tiene nada que perder"

El escritor sueco Christoffer Carlsson construye en "El hombre invisible de Salem" una novela negra que linda con la crítica social y pretende "humanizar los suburbios", ya que "cualquiera puede cometer un crimen si no tiene nada que perder", ha explicado.

"La gente de los suburbios está muy estigmatizada", ha dicho Carlsson en una entrevista a Efe en Barcelona, donde participa en el festival BCNegra, y por esta razón se ha propuesto "humanizarlos", algo que le ha valido una gran aceptación en su país natal.

Carlsson ha retratado a quienes, "a pesar de la pobreza y la frustración", tienen las mismas inquietudes, "salir adelante lo mejor que pueden" y "darle sentido a su vida, pasarlo bien, con amor, amistad, sexo"; por tanto, ha argumentado, "puedes confiar en el ser humano: sería peligroso y triste que no pudieras hacerlo".

El autor, que con esta novela inicia una saga de cuatro libros, la cual también se convertirá en serie de televisión, se ha sorprendido por el calado en España de lo que llama "sueño sueco", ya que, "aunque Suecia es mejor que muchos países, no es perfecto", y "la sociedad del bienestar es solo una idea, no existe".

Muchos inmigrantes vienen en busca de "esa Suecia idealizada", y "la decepción al ver la realidad es terrible", lo que hace de los suburbios de Estocolmo, según el escritor, un lugar más deprimente que los de otras capitales.

"El hombre invisible de Salem" (Alianza) desprende una crítica social. "Nadie dice, 'Suecia apesta', pero, cuando lo lees, lo sientes", ha admitido Carlsson, que entiende que la mejor ficción es "sexy y triste" y tiene que "evitar ir directo a la política", una tarea reservada al lector, que ha de complementar así "la historia, ese sueño que sueña a medias" con el escritor.

El propio Carlsson se declara "un romántico de los suburbios" por "el cúmulo de multiculturalidad" que se respira, y él mismo reside en uno, Hägsätra, vecino de Salem, donde se desarrolla su novela, porque "no puede permitirse" un apartamento en el centro. "Quizá, si el libro tiene éxito", bromea.

El embrión de la historia nace cuando, recién mudado, ve en el túnel para coger el metro camino de la facultad la pintada "Suecia debe morir". Lo primero que pensó fue "bonito barrio he escogido" y después se lo tomó como "una metáfora de la frustración hacia la idea de Suecia".

Carlsson da clases de Criminología en la Universidad de Estocolmo, donde investiga "por qué la gente comete crímenes y por qué deja de cometerlos, si cambian o solo se adaptan", preguntas que también se hace en sus libros y que le asaltaron por primera vez de joven, cuando fumaba marihuana con sus amigos "solo por transgredir la ley".

La Suecia rural nunca le hizo "sentirse en casa", a pesar de que su familia, de la clase trabajadora, le confería "un entorno feliz", y pronto empezó "a soñar con la metrópoli", mientras leía a los suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö o a clásicos norteamericanos como Patricia Highsmith, Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Jim Thompson o James M. Cain.

Se mudó a Estocolmo con la coartada de estudiar en la universidad y "con la esperanza de encontrar su lugar", y "por un largo tiempo, Estocolmo pareció grande", una impresión que se esfumó, explica, "pero sigue siendo el único lugar del mundo donde me puedo imaginar viviendo".

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