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Cultura

Una década sin Brando

Se cumple una década desde que nos abandonó una de las personalidades más fuertes e imitadas de Hollywood, Marlon Brando

Su talento incluyó sus papeles entre los mejores de la historia del cine, y finalmente su reconocimiento se reflejó en dos premios de la Academia por La ley del silencio y El Padrino

Marlon Brando en Salvaje

Marlon Brando en Salvaje

Solo ha existido un prodigio rebelde con el suficiente carácter como para ser amado y odiado fuera de la gran pantalla. Un disciplinado intérprete, cuya obstinación y excentricidad le impidieron realizar plenamente su genio precoz. Marlon Brando se definía como animador deshonesto y un fraude mentiroso; la Meca del cine no era más dura de lo que él era consigo mismo.

Sin embargo, mañana se cumplen diez años de su muerte y en sus panegíricos aún es considerado como el mejor actor de la historia, pero también como protagonista de una turbulenta y trágica vida personal. Este eterno insurrecto, que transformó la actuación para siempre, falleció en el centro médico de UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) a causa de una fibrosis pulmonar a los 80 años.

Solitario y celoso de su intimidad hasta extremos insospechados, a su funeral asistieron íntimos amigos como Jack Nicholson, Warren Beatty o Sean Penn, y sus cenizas fueron esparcidas entre las idílicas aguas de Tahití -donde poseía el atolón de Tetiaroa, del que se enamoró rodando Rebelión a bordo - y las dunas de Death Valley en California.

La última vez que Brando abandonó la tranquilidad de su hogar fue para visitar el rancho de Neverland, donde disfrutaba de la amistad de Michael Jackson. Para entonces su oronda y deteriorada figura requería de un tanque de oxígeno y obligaba a su débil corazón a pender de un hilo. No quedaban reminiscencias de aquel Salvaje que conquistó al unísono a un desgarrado orbe en plenos años 50.

Un icono de nominaciones

Sus últimas actuaciones apenas dejaban entrever a aquel doble ganador del Óscar (La ley del silencio, 1954, y El padrino, 1972) que hizo del "método" su forma de vida y que protagonizó obras para el recuerdo como Un tranvía llamado deseo (1951), Viva Zapata! (1952), Julio César (1953), Sayonara (1957), Último tango en Paris (1972) y Una árida estación blanca (1989). Por todas ellas fue nominado a los premios de la Academia.

Hablar de Brando es hablar de un antes y un después en la historia del cine. Todas las estrellas posteriores bebieron de él, desde James Dean a Paul Newman, desde Robert De Niro a Sean Penn, desde Al Pacino a Gene Hackman. Su legado es tal que no hay un solo intérprete que no tome al mejor de los salvajes como referente.

Fotograma de El Padrino

Fotograma de El Padrino

El cine, con él, abrazó el riesgo. Fue acérrimo defensor del método Stanilavski, que abogaba por la inmersión en la psicología del personaje hasta el sufrimiento, abandonando las técnicas tradicionales para ofrecer la interpretación más realista posible.

Tanto que Brando no actuaba, sino que era. Pocos iconos del cine unieron de esa forma talento, belleza y físico privilegiado. Eso sí, un talento forjado en el dolor de una infancia dura que resistió al desapego y abusos de sus padres alcohólicos.

Unos soliloquios en murmullos

El "método" le permitió canalizar esas desgracias y no tener miedo a mostrar la ira, la sensibilidad o la naturalidad que le convertieron en un rostro tan carismático como temido por sus compañeros de reparto.

Uno de ellos, Frank Sinatra, le bautizó como "mumbles" (murmullos) por su manera de entonar los diálogos.

Pero Brando nunca quiso la fama. Aborrecía la popularidad y todo lo relacionado con los medios de comunicación, una situación que se hizo inaguantable cuando tuvo que lidiar con algunos escándalo, como el ingreso en prisión de su hijo Christian por asesinar al novio de su hermanastra Cheyenne, o el suicidio de ésta años después.

El juicio de su hijo le dejó en una situación económica muy precaria, ya que también debía hacerse cargo de la manutención de los tres hijos que tuvo con su asistenta Christina Ruiz. Brando tuvo seis hijos más de mujeres no identificadas, y otros siete reconocidos.

El caballero de los indígenas

Su primera mujer fue Anna Kashfi. Después le siguió la actriz Movita Castaneda y finalmente la nativa de Bora Bora Tarita Teriipia. Entre ellas, incontables romances y relaciones fallidas para un genio que dedicó parte de sus esfuerzos fuera de la gran pantalla a ayudar a minorías, especialmente a los indios americanos.

De ahí que rechazase su Óscar por El padrino y enviase a recogerlo a una activista descendiente de indios americanos, Sacheen Littlefeather, que pronunció, entre aplausos y abucheos del público, un crítico discurso con la industria por su manera de reflejar en el cine a esa población.

Diez años después de su muerte, Brando sigue siendo sinónimo de valentía y meditación.

Prueba de esto último es que quien lo desee puede atreverse a hospedarse en The Brando Hotel, unas villas dotadas con energía solar que sus familiares han construido en la remota Tetiaroa, el refugio personal del mito, y que estarán disponibles desde este 1 de julio a un precio de 2.450 dólares por noche (1.761 euros)

"Mi mente se alivia cuando me imagino allí de noche", solía decir el actor. En aquel pequeño rincón del mundo, esa fuerza indómita de la naturaleza encontraba su paz interior.

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