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Cultura

La censura agranda el éxito del grupo egipcio que puso música a la revolución

La censura agranda el éxito del grupo egipcio que puso música a la revolución

La censura agranda el éxito del grupo egipcio que puso música a la revolución

La censura egipcia, que se ha extendido desde la prensa a la cultura, ha garantizado el éxito del último disco de Cairokee, uno de los grupos que, con sus letras reivindicativas, puso banda sonora a la revolución que tumbó a Hosni Mubarak en 2011.

El cuarto álbum de esta banda, titulado "Noqta Beda" (Punto Blanco), no pudo salir a la venta el pasado julio debido a la censura de cuatro temas por su contenido político, aunque desde entonces las autoridades egipcias han aprobado dos de ellos.

Las dos canciones censuradas fueron las únicas que no se escucharon este fin de semana en los conciertos multitudinarios que esta banda, que transita entre el rock, el pop y el rap, ha ofrecido en la capital egipcia ante un público muy joven y entusiasta.

El grupo valora que, por haber retirado la censura a dos canciones, el Gobierno del mariscal Abdelfatah al Sisi se ha "acercado" al grupo y también se ha mostrado "muy colaborador" para tratar de levantar el veto sobre los otros dos temas, tal y como explica a Efe su portavoz y bajista, Adam al Alfy.

"Estamos renegociando con ellos: ya han aprobado dos canciones y las otras dos, si no las aprueban, no las vamos a cantar porque respetamos la ley", puntualiza.

Los músicos ya están acostumbrados a tener "algún problema" con las letras de sus canciones, pero eso nunca les ha detenido: es solo "burocracia", asegura Al Alfy a orillas del Nilo, en uno de los pocos lugares donde se le permite actuar al grupo desde sus inicios.

Sus cinco integrantes, encabezados por el cantante Amir Eid, llegan al lugar del concierto a bordo de una lancha, para evitar el tráfico de El Cairo y el acoso de los fans, que soportan el asfixiante calor para asistir al primero de los dos espectáculos que sus ídolos ofrecieron el sábado.

A estos conciertos se le suman otros dos el domingo y dos más el lunes, estos organizados a última hora por lo rápido que se agotaron las entradas de los cuatro primeros.

A pesar de la censura, o quizás gracias a ella, el nuevo álbum ha tenido una muy buena acogida: ha sido el más vendido en Egipto en plataformas digitales como iTunes; en YouTube algunas canciones han alcanzado los 15 o 16 millones de reproducciones, asegura Adam orgulloso, señalando que esas cifras no suelen ser "normales" para un grupo como el suyo, considerado no comercial.

El bajista admite que "la censura ha jugado un gran papel en la fama del álbum, pero cuando la gente lo escucha se da cuenta de que no había necesidad de censurarlo" porque, tal y como aseguran a Efe dos de sus fans mientras bailan y cantan sin parar: "el disco no tiene ningún error".

Pedir una "tregua" -una de las canciones aún prohibida- con la sociedad, denunciar que el país va de mal en peor, en el gran éxito "El sikka shemal fy shemal" (el camino a la izquierda y a la izquierda), son algunas de las cosas que han molestado al ente encargado de supervisar los contenidos culturales.

Aún así, ellos se muestran dispuestos a seguir haciendo canciones polémicas o "molestas", porque transmitir un mensaje es lo más importante para Cairokee.

"Desde que fundamos el grupo, el mensaje siempre ha sido nuestra prioridad y concienciar sobre algunos temas, como la libertad de expresión u otros aspectos sociales. La principal razón para hacer música es hacer del nuestro, un país un poco mejor", remacha Al Alfy.

Cairokee nació en 2003, pero saltó a la fama en 2011 con la canción "Saut al Hurreya" (la voz de la libertad), una de las bandas sonoras de la revolución egipcia, que sus fans cantaron con más emoción que todas las demás en el concierto de este sábado.

El grupo siguió poniéndole música a la transición egipcia con "Ya el midan" (Oh, Plaza) en homenaje a la plaza Tahrir, epicentro de la revuelta, y en 2012 con "Matlub Zaim" (Se busca líder), coincidiendo con las primeras elecciones democráticas del país.

En su último disco dan voz a lo que muchos jóvenes sienten y a sus frustraciones o problemas cotidianos, por ello -cree Al Alfy- el público conecta con Cairokee.

"Cuando la gente escucha nuestra letras se siente relacionada con ellas. (los fans dicen): '¡Estos chicos hablan de cosas que me pasan todos los días!, es lo que faltaba (en Egipto)'. Y es por lo que empezamos a tocar. No había ninguna banda egipcia que representara nuestras ideas", las de una generación que vivió la revolución y ahora tiene que elegir entre el exilio o sortear la censura en su propio país.

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