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Cultura

Daniel Radcliffe desatado y otros motivos para aplaudir ‘Horns'

Daniel Radcliffe protagoniza la primera adaptación del diabólico y divertidísimo libro de Joe Hill

El filme de Alexandre Aja es una especie de versión sangrienta de 'Perdida' 

Daniel Radcliffe, hombre que susurraba a las serpientes

Daniel Radcliffe, hombre que susurraba a las serpientes

Cuando Daniel Radcliffe comenzó a rodar Horns ya había dejado de beber whisky, ya no era alcohólico ni se dedicaba a gastar el tiempo de fiesta en fiesta, sin embargo, el movimiento de muñeca del actor estaba intacto. Un chupito, y otro, un buen trago a morro, sexo ocasional y la resaca. El alcohol es un ingrediente fundamental para bajar al infierno, lugar en el que transcurre esta especie de thriller o comedia sobrenatural  que tiene bastante que ver, al menos en su propuesta inicial, con Perdida de David Fincher.

Daniel Radcliffe es Ig y Juno Temple es Merrin y ambos personajes están muy enamorados. Pero un día ella aparece muerta y él es único sospechoso. Al igual que ese Ben Affleck taciturno y de sonrisa estúpida perseguido por la prensa, la policía y los vecinos tras la desaparición su esposa Amy (desquiciada y maravillosa Rosamund Pike), Radcliffe lucha con el mismo problema y le da por beber y en una de esas mañanas de náuseas y boca pastosa despierta con cuernos en la cabeza.

En 2013 el actor que puso rostro a Harry Potter durante más de una década se colocó cuernos por Alexandre Aja, ese mismo año compartió una especie de Cuando Harry encontró a Sally con Zoe Kazan en Amigos de más. Pero mucho antes de eso se desnudaba al lado de un caballo en una obra de teatro titulada Equus. Radcliffe lleva huyendo del mago adolescente mucho tiempo, pero su carrera va inexplicablemente a trompicones.

Al menos, Horns debería haberle revindicado… Porque el actor está desatado.  Su vis cómica se funde con la oscuridad que va inundando este filme que camina entre géneros. Una de las mejores razones para entrar en la sala a ver la película de Aja es la de disfrutar del careto de Radcliffe adornado con esos cuernos de bestia mientras intenta averiguar quién es el verdadero asesino ¿Acaso es él mismo? La confusión que niebla sus recuerdos y la presión mediática son el enemigo de este ángel caído. Radcliffe va una copa por delante de los demás, como Humphry Bogart en Casablanca. También llora con rabia, como  Ralph Fiennes en El paciente inglés, y  además goza de una perplejidad cómica como la de Michael Cera en Juno, en Supersalidos o en todas. Es imposible no tener simpatía por el diablo.

La mejor obra de Joe Hill

Joe Hill viene de Joseph Hillstrom King, y ese King viene de Stephen King. Es el segundo hijo del famoso escritor pero evitó usar el apellido ya que se impuso tener éxito por sus propios méritos. Cuando  en 2007 logró cierta relevancia Hill reveló su identidad y tres años después publicó Horns, su obra más importante y la primera en ser adaptada al cine.

Es un libro sobre la adolescencia y eso son muchas cosas. Es terror, pasión, amor, amistad, mentiras, rabia, sexo y resaca, mucha resaca. Hill dibuja el periplo del protagonista a través de tres líneas temporales que se lanzan como los flashback que Damon Lindelof y J.J. Abrams impusieron en Perdidos. Como en la serie de ABC en la que Matthew Fox abre los ojos en un presente extraño, Radcliffe se levanta en un universo brumoso, casi irreal y el único recurso narrativo para estabilizar el pulso del metraje es el dichoso flashback. En Horns cada retorno al pasado oscurece el tono de la historia.

Pero sin duda el mayor hallazgo del autor es la posición en la que coloca al demonio en medio de la narración. El juego al que Hill juega a través de su protagonista es el de desvelar ese perverso camino que hay entre lo que hacemos y lo que pensamos. El poder de los cuernos de Radcliffe se revela como un recurso muy pulido, una excusa para hacer grande la literatura de entretenimiento. Hill se acerca magistralmente a la sombra del padre de la novela terror, o sea a su padre.

La esencia del buen gore

Buen gore, porque siempre es bueno para quien lo consume. Una  bonita mezcla de vísceras y terror. En esta liga Alexandre Aja está en puestos de champions. El francés hizo perder la cabeza a todo Stiges con su Alta tensión, él y Cécile De France se llevaron premio -todavía hay críticos rasgándose las vestiduras-. Después, llegaron Las colinas tienen ojos y Reflejo.  Y ya, por fin, la obra más relevante en el  gore de lo que llevamos de década, Piraña 3D. La película más divertida, desproporcionada, sexy, sangrienta y  sincera de todo este subgénero instalado en la serie B.

Era irremediable que Horn no tuviera el toque Aja. ¿Cómo lo haría Ajá? Esto es lo que debería poner en todos los despachos de los pseudodirectores más laureados de Serie B. En Horn había material, los cuernos rompiendo la piel de la frente de Radcliffe, las bombas de cereza destrozando manos,   la sangre que salpica el cadáver de la inocente protagonista…  pero todo se vuelve más divertido cuando aparecen las serpientes.

Ajá solo falla cuando intenta encontrar el ritmo, volviendo a Perdidos –quien diga que esta serie no es una de las más importantes obras audiovisuales de nuestro siglo es que no es de nuestro siglo- Horns intenta ser un thriller, una película de terror, un drama, una comedia… y eso de cambiar de género sin perjudicar a la narración es una destreza que solo consiguieron J. J. y compañía.

Locos por Juno Temple

Hay una bonita coincidencia entre Horns  y la maravillosa Las ventajas de ser un marginado, esa coincidencia es Heroes, de David Bowie. Mientras Emma Watson, o sea Hermione Granger, se sentía infinita con esta canción en los nostálgicos noventa de Stephen Chbosky, Daniel Radcliffe, o sea Harry Potter, desnudaba con la mirada a una de las pelirrojas más dulces de Hollywood, Juno Temple. La desnuda él y la desnudamos todos y así es imposible no ser fan de David Bowie.

Juno lo es todo en esta película, una especie de Laura Palmer.  La sonrisa de Temple, sus movimientos y sus frases se mezclan con el fogoso recuerdo de un Radcliffe desesperado. Era importante conseguir que el espectador entendiera por qué su muerte significa un shock para todos y cada uno de los personajes que habitan en el pequeño pueblo de Horns. El último aplauso es, por tanto, para el jefe de casting.

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