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Crítica

Amy Adams lo intenta todo para salvar el afectado drama 'At the sea', que decepciona en la Berlinale

Berlín —
16 de febrero de 2026 21:02 h

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Amy Adams es una actriz inmensa. Lo ha demostrado en numerosas ocasiones. Sus trabajos en películas como La llegada, The master o en el filme que la descubrió, Junebug, son espléndidos. Sin embargo, parece siempre condenada a un injusto segundo plano. Como si siempre estuviera a punto de lograr esa película que la coloque en el lugar que merece. Puede que haya sido la decepcionante recepción de sus proyectos más comerciales, como el universo DC de Zack Snyder, o thrillers como La mujer en la ventana, lo que han hecho que muchos olviden que Adams es, de lejos, una de las mejores actrices de su generación. Mejor que muchas que acumulan premios y proyectos. Ella, sin embargo, arrastra seis nominaciones a los Oscar sin materializar un galardón que se le resiste.

Quién sabe si por las ganas de dar un golpe en la mesa de los premios aceptó un filme tan convencional como At the sea, la película con la que el cineasta Kornél Mundruczó compite por el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Fue Mundruczó quien, en su primer filme en inglés, logró una nominación al Oscar (y una copa Volpi en Venecia) para Vanessa Kirby por Fragmentos de una mujer. Por tanto, podría parecer lógico que, en la búsqueda de buenos papeles que demuestran actrices con un gusto por el riesgo, Amy Adams hubiera decidido probar suerte con la nueva propuesta que el director coescribe junto a su habitual coguionista y pareja Kata Weber.

Por desgracia, el resultado está lejos del talento de la actriz, y también lejos de otras películas del director. At the sea es un drama mil veces visto sobre traumas paternofiliales, adicciones y redención. Además, se presenta con unas formas afectadas que imprime Mundruczó y que parece tener un afán de elevar su propio material con insertos de baile que, en ocasiones, como en ese final en la playa, rozan el ridículo.

Y eso que Adams se entrega, como siempre, en cuerpo y alma para intentar salvar la película. Ella es lo mejor del filme como una bailarina que regresa a casa tras meses en una clínica de desintoxicación por su adicción al alcohol. Las heridas familiares y el reencuentro con ellos es el centro de una película que también cuenta el trauma de esta mujer ante un padre abusador y un genio de la danza del que ha heredado un emporio artístico. Quizás también pese la reciente presencia de un filme como Valor Sentimental, que emociona en lo hondo con ese reencuentro entre un padre cineasta y una hija actriz. Es cierto que At the sea va por otros derroteros, pero uno no puede evitar acordarse del filme de Joachim Trier.

A pesar de ello, se agradece que Mundruczó haya abandonado en esta ocasión su habitual cine que roza la crueldad. Aquí muestra empatía por sus personajes, y de alguna forma parece que su apuesta de EEUU sea como cuando Michel Franco realizó Dreams, junto a Jessica Chastain, donde compuso su película más tierna sin renunciar a su habitual aspereza.

A Adams le espera un año movidito. Tiene pendiente de estreno la versión en miniserie de El cabo del miedo, con Javier Bardem dando vida al Max Cady que inmortalizó Robert De Niro en la película de Scorsese. Además, estrenará la nueva película de Taika Waititi, una versión de Klara an the sun, la novela de Kazuo Ishiguro. Por si fuera poco, estrenará en 2027 la nueva película de la saga Star Wars junto a Ryan Gosling, con la que intentará tener su franquicia de éxito tras no funcionar su apuesta como Lois Lane. Ahora solo falta que funcionen.

Yo hago películas en EEUU porque no puedo hacerlas en mi país, Hungría

La presencia de Adams era uno de los platos fuertes de esta Berlinale, pero finalmente la actriz no acudió, y el director leyó un breve comunicado justificando su ausencia y dando las gracias a Berlín por apoyar el cine independiente. Ante la caída de su estrella, el director se convirtió en el protagonista y explicó que no hace películas en EEUU por gusto, sino porque no consigue levantarlas en Hungría al haberse enfrentado al gobierno de extrema derecha de Orbán. 

“Nunca planee hacer películas americanas, soy un autor húngaro. Esa era mi vida. Pero en un momento, cuando intenté financiar Fragmentos de una mujer como una película húngara, fue rechazada en mi país. Un amigo, que es un productor americano que falleció recientemente, me dijo que quería hacer ese guion y que probáramos a adaptarlo a EEUU. Yo hago películas en EEUU porque no puedo hacerlas en mi país. Es un privilegio y para mí es importante encontrar la forma de poder hacerlas, pero la razón es porque no puedo hacerlas en Hungría”, zanjó.

Por eso subrayó que, de alguna forma, esta película la siente como “una alegoría importante sobre cómo en la sociedad hemos perdido la conexión”. “Mira lo que ha ocurrido en mi país. A veces tienes que estar cerca de la gente, tenemos que estar juntos, saber comunicarnos”, agregó en relación a una película sobre “una mujer que para continuar con el legado de su padre tiene que ser más fuerte que muchos hombres y acaba rompiéndose y perdiendo la conexión con sus seres cercanos”.

A pesar de haber competido en varios festivales, incluido Cannes, Kornél Mundruczó reconoce que le parece “una locura que haya una competición para el arte”, pero que es consciente de que “si no fuera así, no habría tanto interés ni habría tanta gente en esta sala”. “Esto para quien lo hace más entretenido es para vosotros, para la prensa, pero es difícil medir el arte. Aunque sé que trae cosas buenas para el negocio”, dijo con sinceridad.

La misma que cuando le salió un espontáneo “No me provoques” cuando le preguntaron por si se rodaba igual en EEUU que en Europa. Acabó suavizando su respuesta y dijo que la esencia es la misma, pero que, mientras que en EEUU hacer cine de autor es una rareza, en Europa existe una “estructura, unas ayudas estatales y una base que allí no existen”.