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Entrevista

Antonio Luque, de Sr. Chinarro: “Los grupos españoles actuales me interesan cero”

Rafa Cervera

7 de mayo de 2026 22:03 h

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“Si quieres úsalo como titular, pero a mí los grupos españoles actuales me interesan cero”. Habla Antonio Luque y esto que dice no lo dice porque sí. Tampoco es la frase más destacable en la conversación de la que sale esta entrevista, pero sirve para situar al personaje, al creador y líder de Sr. Chinarro, un grupo imprescindible de nuestra música. Un ente musical atípico que nació ligado al indie de los noventa, aunque no encaja exactamente en ningún compartimento estanco. Más de treinta años de carrera y una veintena de álbumes que contienen algunas canciones (Sal de la tarta, El progreso, Quiromántico, Los Ángeles, Bye Bye) cuyos estribillos debería conocer más gente.

Artista de culto en un país en el que eso apenas significa algo cuando hablamos de música, Luque se mantiene en la independencia porque es el único flanco en el que puede estar. Y sus canciones, que son como él, lo mismo. Ahora ha seleccionado unas cuantas, de sus primeros discos, todos registrados entre 1993 y 1999, y les ha dado otra piel. El álbum resultante se llama El año de la pera, una frase que, en el lenguaje popular de hace muchas décadas, servía para definir algo antiguo. “En los primeros discos de Chinarro había muchas expresiones así”, explica Luque por teléfono. “Supongo que algunas como 'el año de la tarara', se usaban en toda España, pero algunas eran muy sevillanas. Hemos cogido canciones de aquella primera época, que quizá en su momento quedaron un poco oscuras, y hemos hecho que suenen mejor”, apunta.

Las canciones originales, grabadas para discos como el EP El pequeño circo (1993) y los álbumes Sr. Chinarro (1994), Compito (1996), El porqué de mis peinados (1997) y No-sé-qué no-sé-cuántos (1998) provienen de los años en los que una nueva generación de músicos tomaba el relevo a la generación de la movida. En ese momento, el rock independiente norteamericano marcaba la pauta con bandas como Sonic Youth, Luna y Pavement. Algunas bandas optaron por cantar en inglés y prescindieron de cualquier seña de identidad autóctona. Sr. Chinarro eran sevillanos, y por más que se fueran a grabar a Nueva York, mantenían ese algo andaluz.

Además de escuchar a aquellas bandas, Luque también admiraba a grupos españoles de la década anterior. “Me interesaban más Golpes Bajos, Radio Futura, La Dama Se Esconde. La mayoría de los grupos españoles de entonces eran bastante buenos. Ahora no salimos del pop de guitarras, todos tocando lo mismo. Lo digo sin faltar el respeto a nadie. Estoy seguro de que grupos como Vetusta Morla o Viva Suecia tienen alguna canción que podría gustarme y que ahora mismo desconozco”, puntualiza.

A algunos de aquellos grupos de los ochenta, como Aviador Dro o Ilegales, acabó versionándolos. Estos últimos, además, tuvieron mucho que ver con su decisión de ponerse a hacer música. “Esto se lo conté al propio Jorge Martínez, que en paz descanse, y es que mi primer concierto fue de Ilegales. Tienen una canción que dice 'todo es mejor que quedarse a mirar'. Y cuando vi a Jorge Martínez cantando eso, dije, 'hostia, es que es así, yo quiero estar ahí arriba, no aquí abajo'. Pasaba antes y pasaba ahora, la gente en los conciertos te empuja, te pisa, no te deja ver. Es mucho mejor estar en el escenario, dónde va a parar”.

Luque recuerda también otra razón definitiva para que se dedicara a la música. “La cara de mi padre cuando me compré una guitarra eléctrica. Nunca olvidaré ese momento. Fue algo que le molestó, y entonces dije, 'por aquí es por donde hay que seguir'. La cara que puso fue como si acabara de ver al demonio. Lo gracioso fue que mi madre también puso cara de disgusto cuando parte del dinero para comprar la guitarra me lo había dado ella, 15.000 de las 40.000 pesetas que costó. El resto lo puse yo ahorrando el dinero que me daban para el pastel del recreo en el colegio. Vale, era dinero que también venía de mis padres, pero me sacrifiqué absteniéndome de comprarme el pastel. Yo tenía 17 años y a mí ese demonio que vieron ellos me pareció atractivo por la capacidad de provocación que tenía y que tiene”, añade. 

La conversación continúa y entonces Luque se acuerda de aquella melena que lucía de adolescente y que tanto molestaba a su padre: “Sigo sin cortarme el pelo. Hay mucha gente a la que eso le molesta. El pelo largo aún tiene esa capacidad de provocación. Es como la coleta de Pablo Iglesias. ¿Cuánto malestar generaba esa coleta, Dios mío? Debería estar en un museo. Todo lo que moleste de este tipo de gente me mola, me gusta. Ahí es donde quiero estar”.

Es imposible hacer doscientas canciones con gancho que perduren en la memoria. Los grupos vivimos de esas cinco o seis canciones que hacen que el público esté ahí

El trayecto seguido desde entonces ha sido largo y fructífero, lo que no ha sido es fácil. Hubo momentos de crisis, de querer tirar la toalla. Hubo evolución y más álbumes rotundos, como La primera ópera envasada al vacío (2001) y El fuego amigo (2005), El bando bueno (2020)... Y mientras, el mercado, el público, todo ha ido cambiando., obligando a los músicos a encontrar la manera de mantenerse a flote. Luque cree que una de las claves para sobrevivir está en las canciones.

“Es imposible hacer doscientas canciones con gancho que perduren en la memoria. Los grupos vivimos de esas cuatro, cinco o seis canciones que consiguen hacer que el público esté ahí y pueda ir creciendo. Y si consigues hacer un de esas en cada disco que sacas, pues vas viviendo. Pero si sacas dos álbumes seguidos que no tengan ninguna de esas, entonces desapareces. Esto es así. Esto es una Liga, es más bien una eliminatoria. Es más Copa del Rey que Liga”, zanja.

Las canciones de Sr. Chinarro tienen potencial para quedarse en la memoria y los corazones de la gente más allá de nichos y etiquetas. Aunque vengan envueltas en solemnidad indie, tiene vocación popular, por cómo suenan y cómo están construidas, por lo que dicen y cómo lo dicen: “A la hora de seleccionar las que grabábamos de nuevo no le di muchas vueltas, la verdad. Elegí las primeras que me vinieron a la cabeza, y si pensé en ellas primero debió ser por algo”.

“Es cierto que en discos como El porqué de mis peinados y No-sé-qué no-sé-cuantos había más para elegir. En el primer y el segundo disco también hay canciones que me gustan, pero son más durillas, tienen menos gancho, si es que podemos hablar de gancho en alguna de estas canciones”, subraya. Las nuevas versiones recogidas en El año de la pera enfatizan esa capacidad para contagiar emociones a través de las melodías y los estribillos, de letras que contagian emociones.

“Hubo algún momento en que me planteé, ¿pero qué estoy haciendo?”, reconoce Luque: “Pero lo hice porque no tenía material para un disco nuevo y tenía que darle algún trabajo a la banda, y a mí mismo también. Reunirnos, grabar, sentirnos activos otra vez. Fue una manera de arrancar, y una vez arrancamos me puse a componer como un poseso. El objetivo de El año de la pera era provocar que existiera el disco nuevo que vamos a grabar”.

La portada que ha pintado Ana Truán para la portada de El año de la pera evoca elementos diversos del planeta Chinarro, imágenes surgidas de conversaciones entre pintora y músico, que aluden tanto a ese largo trayecto como a una forma de observar el mundo (un contenedor lleno de cosas que no deberían ser basura, pintadas de esvásticas mal hechas). Un mundo que en su día tuvo un brazo literario en forma de libro de relatos –Socorrismo, 2009- y una novela -Exitus, 2012- que quizá tenga continuidad dentro de no mucho.

Las plataformas tienen unas ganas de robar que son inagotables. En cuanto puedan van a echar a los artistas y pondrán la IA a trabajar

“Me gustaría hacer un libro tomando como referencia el de Josele Santiago (Desde el jergón) o Postales negras, de Dean Wareham, que me gustó mucho. Pero el otro día estuve leyendo Mortal y rosa, de Umbral, y dije, 'este sí que es un modelo que podría venirme bien'. Me pareció que ese formato, como de diario sin fecha, muy libre, donde de pronto hay una prosa más poética y luego se pone a hablar de cómo caga en un servicio público. Pensé que eso cuadraba más con lo que quería hacer. Pero bueno, luego, cuando me ponga a escribirlo, saldrá otra cosa”, opina. 

Luque también se plantea seguir recuperando canciones viejas. Las siguientes serían las registradas a principios de los dos mil y aparecerían en un álbum tentativamente bautizado como El año de la tarara. Siguiendo el ejemplo de su amigo Jota, que se negó a subir su primer disco en solitario, Plena pausa, hasta que pasó un tiempo desde su publicación, Luque ha decidido hacer lo mismo con El año de la pera. Con poner el adelanto en los servicios de streaming le basta.

Las plataformas son de las multinacionales, y esto es lo que Luque piensa al respecto: “Tienen unas ganas de robar que son inagotables. En cuanto puedan van a echar a los artistas y pondrán la IA a trabajar para que robe de sus propios catálogos y no tener que darle su porcentaje al artista, el poco que le dan. El CEO de Spotify ha invertido en armamento, en los drones manejados por IA que vemos actuar en Gaza, Ucrania. Eso es lo que hacen, quitarles a los pobres lo poco que tienen”.