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ENTREVISTA

Edwyn Collins inventó el indie, compuso la canción perfecta y tuvo dos ictus: “Después de visitar España voy a colgar las botas”

El cantante escocés Edwyn Collins

Rafa Cervera

26 de abril de 2026 22:59 h

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Edwyn Collins ha sobrevivido a un ictus, al rechazo de la industria, al éxito y al olvido. Después de casi cincuenta años haciendo música, ha decidido, como él dice, “colgar las botas”. Lo hace con una gira española que comienza el próximo día 29 en Bilbao y pasará por Madrid, València, San Sebastián, Barcelona, Zaragoza y otras ciudades españolas. Una despedida en la que sonarán canciones de Orange Juice, su primera banda, y de su repertorio en solitario.

“Se acabaron las giras, eso fue lo que me dijo Grace, tienes que retirarte”. La Grace a la que se refiere Edwyn Collins está a su lado y ríe con él. Además de ser su esposa y la madre de su hijo Will, Grace Maxwell lleva gestionando su carrera desde hace más de cuarenta años. Y desde hace veinte, a partir del doble derrame cerebral que su marido sufrió en 2005, también ejerce como apoyo durante las entrevistas. Las conversaciones con los dos suelen ser muy divertidas, más aún si, como en este caso, son por videollamada.

Juegan a hacer ver que se pasan la vida discutiendo, pero lo que reflejan sus bromas es otra cosa. Para quienes no estén familiarizados con su nombre, explicar que el escocés Edwyn Collins fue uno de los artífices de eso que los británicos, allá muy a finales de los setenta, denominaron indie. Un término que no tiene nada que ver con lo que musicalmente representa esa misma palabra ahora en España.

El indie inglés era una corriente pop que sonaba anémica y apresurada a la vez. No era más que una reformulación del pop de toda la vida, pero hecho tal como se empezó a hacer la música después de 1977, después del punk. El indie eran Josef K, The Go-Betweens, Aztec Camera y, por supuesto, Orange Juice, el grupo con el que Collins se dio a conocer. Con ellos intentó que el rock olvidara los prejuicios y se abriera a la música negra.

En cuanto a lo de las giras, han llegado a su fin porque Edwyn está cansado. La enfermedad le dejó secuelas, pero siguió grabando discos, algunos de ellos excelentes, como Losing Sleep (2010) y Understated (2013), también realizó algunas giras. Pero, cercano ya a cumplir los 67, esta que en breve le traerá por España y que ha sido bautizada como Testimonial Tour, será la que marque su despedida de los escenarios. “De todos modos, nunca fui una persona de grandes giras”, añade Collins.

“En 1995, cuando A Girl Like You se convirtió en un éxito mundial, estuve dando conciertos durante un año y medio”. “¿Y qué dijiste al terminar la gira?”, interviene Grace. “Nunca más”, responde su marido riendo. “Después de visitar España voy a colgar las botas —añade él— y me voy a dedicar a vivir tranquilamente en esta casa, en el pueblo donde nació mi abuelo. 600 habitantes. Es perfecto”.

Grace entonces explica que, para que pudieran dejar su residencia en Londres, tuvieron que construir en la casa de las Highlands un estudio de grabación. Edwyn ha estado registrando alguna canción con su hijo Will, que quizá esté en su próximo álbum. “Ya no hace falta sacar álbumes, ahora basta con subir una canción a Internet. Estás anticuado, Edwyn”. Los dos vuelven a reír.

Hace poco más de un año que publicó su último disco, Nation Shall Speak Unto Nation. Una de sus canciones, la que apareció como sencillo y que lleva los cromosomas de sus mejores creaciones, suena en Testimonial Tour. Se llama Knowledge (traducible aquí como entendimiento) y su estribillo dice: “El entendimiento es mi amigo / Primero lo perdí y ahora lo he encontrado / El entendimiento es mi amigo / Aun así es difícil capturarlo”. “Pasé seis meses en el hospital. Tuve que pelear mucho para recuperar el entendimiento. A veces me cuesta mucho acordarme de las cosas, y eso dificulta la comunicación”, cuenta Collins.

Grace y él se conocieron en 1984, cuando Orange Juice daba ya sus últimos coletazos. Collins nunca fue un artista dócil y la industria quería sacarle el máximo provecho a una banda que había tenido éxitos locales como Rip It Up. Cada vez que veía a las fans gritar de emoción, él sentía más reticencias hacia la fama.

The Orange Juice, el tercer álbum, apareció a finales de aquel año. Una despedida sellada unos meses más tarde, cuando participaron, junto a Aztec Camera y Everything But the Girl, en un concierto de apoyo a los mineros que plantaron cara a las políticas de Thatcher con una huelga general. Ese día anunciaron su disolución. Edwyn siempre fue un insumiso y un cabezota que se negaba una y otra vez a pasar por el aro de las discográficas. Convertida en su mánager, Grace le apoyó para que se mantuviera fiel a sus principios. “Me contrataste como mánager del grupo y un año después, el grupo ya no existía. Un gran comienzo”, comenta ella riendo una vez más.

De repente, surge una anécdota que explica muy bien a Edwyn Collins. Poco después de que Grace empezara a trabajar para Orange Juice, asistieron a una reunión con un ejecutivo de Polydor, la discográfica que los había contratado en 1981. Por aquel entonces, la formación del grupo se limitaba a Edwyn y el batería Zeke Manyika, un emigrante de Rodesia que en aquel momento no tenía sus papeles en regla. Salir de Inglaterra habría imposibilitado que pudiera volver a entrar en el país. Y el ejecutivo en cuestión insistía en que, para consolidarse como banda, tenían que salir a actuar por Europa. “Si no haces eso jamás tendrás una carrera”, insistía aquel tipo.

Entonces Collins se levantó de la silla, se inclinó hacia él, acercó su rostro al suyo y le dijo: “Ni se te ocurra seguir presionándome”. “Hoy en día soy una persona mucho más amistosa”, afirma él sonriendo. “Lo que ocurrió —termina de explicar Grace— es que dejaron de apoyarnos. Pero aprendimos a salir adelante por nuestros propios medios”. La carrera en solitario comenzó en un sello que montó Alan McGee en paralelo a Creation, aunque no era exactamente una independiente. Elevation estaba financiada por Warner, por eso la aventura duró muy poco. Collins publicó allí dos singles, Don’t Shilly Sally y My Beloved Girl que merecían mucho más éxito del que tuvieron. La primera sonará en sus conciertos españoles.

Después de dos álbumes en solitario, Hope & Despair (1989) y Hellbent On Compromise (1990), llegó el éxito inesperado. De manera espontánea, A Girl Like You se convirtió en una de las canciones estrella de 1995 y también en un clásico del pop de todos los tiempos. “Sin duda fue uno de los mejores momentos de mi carrera. Aquello me proporcionó mucha independencia”, dice Collins. Grace interviene: “A veces algún periodista le pregunta si esa canción no se ha convertido en una carga. Lo primero de todo, es una gran canción. Y no hay por qué avergonzarse del éxito. Fue muy importante que un artista independiente tuviera semejante repercusión, eso le permitió poder hacer muchas otras cosas”.

A Girl Like You es, además de una composición sublime, la síntesis de todo aquello que conforma el talento de Collins. Melodía, imaginación, conocimiento enciclopédico del pop, magnetismo, buen gusto. Si le preguntas si es consciente de cuánto ha influido en generaciones posteriores de músicos —de Johnny Marr a Franz Ferdinand—, él responde con humildad: “¿Seguro que no te estás equivocando de persona?”.

Al poco de salir elegido Primer Ministro del Reino Unido, Kier Starmer fue invitado a un programa de radio para hablar de los discos que se llevaría a una isla desierta. Entre las canciones elegidas estaba Falling And Laughing, uno de los primeros singles de Orange Juice. “Nos conocimos en 2017 —explica Edwyn— y nos contó que había ido a verme en directo varias veces. Parece uno de los buenos. En noviembre nos invitó a visitarle en Downing Street. Había comprado entradas para los conciertos de despedida en Londres, para al final no pudo asistir por culpa de algún asunto de Estado. Nos escribió disculpándose, diciendo que lo sentía de verdad. Son cosas que ocurren cuando eres primer ministro”. Y son cosas que ocurren cuando eres Edwyn Collins y has patentado una manera de hacer música pero te resistes a dormirte en los laureles, a dejar de avanzar, de seguir al instinto, de crear estupendas canciones.

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