Diego Vasallo, músico: “La nostalgia no me parece un buen motor creativo, huyo de ella como de la peste”
La música de Løse es un estado de ánimo hecho sonido. Letra, melodía y ritmo van cambiando de una canción a otra, pero hay una sensación que se mantiene a lo largo del primer álbum de este cuarteto guipuzcoano. Sobre estos siete temas sobrevuelan los efectos del desasosiego y el despropósito que han anidado en nuestra realidad. “En los textos también hay mucha referencia a la huida, a dejar algo atrás y buscar lo desconocido, lo nuevo”, explica Diego Vasallo, músico y pintor, acerca de Løse, que es a la vez el nombre de su nuevo grupo y el título del primer disco que han grabado. “Creo que esto se da un poco por la necesidad de huir de este mundo tan absolutamente inestable, caótico y sombrío. En los textos se refleja eso”, indica.
El tema Pétalo en el aire, primera canción de Løse, habla de un desorden generado por “elementos pequeñísimos que funcionan por inercia”: “Somos como una hoja volando en el viento. Parece que la corriente de los vientos se nos lleva totalmente”. Vasallo habla desde Hondarribia. Hace cuatro años que reside allí, en esta ciudad que hace de frontera natural con Francia. Løse es también una especie de frontera natural. Durante las últimas décadas, el músico ha registrado sus discos —doce— en solitario. Meses atrás, se unió al guitarrista Fer García, y ambos buscaron las piezas que faltaban para completar una banda de rock, proceso que se completó con la llegada del bajista Xabi Arratibel y el batería Oriol Flores.
“Necesitaba volver a formar parte de un colectivo”, afirma Vasallo. “Vas cumpliendo años, yo ya voy a hacer 60, y te empiezas a plantear cosas que te gustaría hacer porque el tiempo ya no es infinito. Y una de esas cosas era volver a vivir la sensación de estar en un grupo de rock, un grupo de verdad que ensaya en el local, que prepara las canciones en el local, que vamos todos juntos a las grabaciones, un grupo donde las ideas se comparten, así como las decisiones, el trabajo, toda la gestión. Tenía muchas ganas de volver a vivir eso, es algo realmente muy estimulante y te sientes un poco como si vuelves casi a los 18 años”, agrega.
Un compendio de intenciones y necesidades que tienen mucho que ver con la elección del nombre del cuarteto. Løse es un vocablo noruego que significa resolver. Para Vasallo, decir løse implica “deshacerse un poco de todo”: “Es una palabra breve, concisa. La ves impresa en el disco y tiene fuerza. Me gusta lo que significa”. Una palabra que, de una u otra manera, define tanto su trayectoria musical como la pictórica. Junto a Mikel Erentxun, inició su andadura en la música haciendo un rock acústico, el de Duncan Dhu, que estaba en sintonía con cierta rama del indie británico de la época. Y a partir del primer parón de dúo en 1991, comienza a explorar otros territorios.
Vasallo ya hablaba de realidad virtual cuando bautizó el segundo álbum de Cabaret Pop en 1992, un proyecto dirigido en solitario a través del cual buscó unir el rock con la electrónica y otros géneros nada rockeros como el funk. Posteriormente comenzó a grabar con su nombre, apoyándose en las producciones y colaboraciones de otro de nuestros grandes investigadores sonoros, Suso Sáiz. Hace ya mucho que Vasallo decidió seguir el camino artístico que le dicta su intuición y olvidarse de los imperativos comerciales. “Es verdad que siempre me he sentido un tanto fuera de muchas cosas, incluso de los circuitos habituales y de la industria de este país”, apunta.
“La búsqueda permanente de nuevos proyectos, retarte a ti mismo, probar cosas nuevas, que ha sido un poco el motor de mi trayectoria. Y sí, la inadaptación también en cierta manera favorece esa búsqueda, porque no te terminas de encontrar nunca ni terminas de sentir excesivamente, pues sigues buscando y sigues hacia adelante”, dice. A lo largo de los años, su música ha ido trazando su propia geografía, por momentos más intimista, a veces más austera. Esa geografía cobra ahora la forma de los cuadros de parajes yermos y helados de su amigo Jesús María Corman —en realidad los firma como Jesús Mansé— que ilustran los singles y el álbum de Løse. “Ese mundo del norte, del frío, las nieblas, la bruma. Es un ambiente que a mí siempre me ha atraído, y que yo diría que sí que tiene mucho que ver ya incluso con la música de Løse. Yo por lo menos, es como me imagino nuestra música”, señala.
Música para huir de lo retro
El sonido de Løse es contemporáneo. Huye de lo retro y lo nostálgico. Vasallo explica que cuando trabaja en un nuevo proyecto, suele confeccionar listas de discos y canciones que le estimulan. En este caso, la selección incluía los álbumes que Soulsavers hicieron con Mark Lanegan como vocalista, especialmente Broken (2009), que se convirtió en un arquetipo de producción y sonido. “Está bien tener modelos, porque luego, en el camino, las cosas se tuercen y van por otros derroteros, y al final el resultado ni siquiera se parece a esos modelos de los que partías. También nos inspiran los discos de Nick Cave y Bad Seeds, incluso los de Grinderman, y Viagra Boys y un grupo noruego que se llama Madrugada”, explica.
Hay cosas propias de esta época que me dan mucha pereza, no tengo ni paciencia ni ganas de involucrarme en ellas. El tema de las redes sociales, las plataformas...
No obstante, y a pesar de tener la mirada y los oídos apuntando al presente, Vasallo se considera un artista del siglo XX. “Hay cosas propias de esta época que me dan mucha pereza, no tengo ni paciencia ni ganas de involucrarme en ellas. El tema de las redes sociales, las plataformas... En mi vida cotidiana sigo haciendo muchas cosas que hacía veinticinco años atrás, como leer periódicos en papel. El mundo, y no solo el musical, ha cambiado radicalmente y, en ciertas maneras, yo pertenezco casi a otro mundo que ya no existe. Es que no quiero, no me apetece adaptarme. Hay cosas de este mundo que directamente ya no me gustan”.
Vasallo cuenta que las ideas de sus canciones suelen llegarle mientras camina y observa: “Llevo ya años escribiendo en la calle. Es un método que ya lo tengo un poco como interiorizado. Es casi mi forma de escribir canciones. No sé si el movimiento hace que las palabras y los versos fluyan con más facilidad. Pero sí, hace mucho que no escribo sentándome con la hoja en blanco en el escritorio. Casi todas las canciones las he escrito en la calle, caminando o sentándome en una terraza. Antes llevaba libretas, ahora ya lo escribo en el móvil”.
No quiere dejarse llevar por la nostalgia y hace unos meses declinó participar en una nueva gira de Duncan Dhu, que finalmente está llevando a cabo Erentxun bajo su propio nombre. “Es un capítulo que está ya cerrado. En su momento estuvo muy bien y, cuando volvimos en 2013, fue una cosa puntual que en principio iba a ser una gira. Nos pusimos a componer, salieron canciones nuevas y al final hubo dos giras. Pero ya está. Como oyente, es normal disfrutar con canciones que escuchabas a los veinte. Pero desde el punto de vista del artista es un terreno realmente peligroso. La nostalgia no me parece un buen motor creativo, más bien al contrario. Yo huyo de ella como de la peste”. Vasallo prefiere seguir ese camino hacia lo desconocido que él afirma que es el que le ha guiado tanto al hacer su música como su pintura. “Si me faltara esa curiosidad, ese placer de asumir nuevos retos, dejaría de hacer música y dejaría de hacer discos. No le vería el sentido”, concluye.
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