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Entrevista

Uwe Boll está harto de ser el peor director de la historia: “Las últimas 100 películas de Netflix son mucho peores”

El director Uwe Boll, considerado uno de los peores directores del mundo del cine

Alberto Corona

12 de febrero de 2026 22:04 h

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A mediados de los 2000 ya era común meter a Uwe Boll (Wermelskirchen, 1965) en el mismo saco que Ed Wood o Tommy Wiseau. Pero, mientras que la pasión e incompetencia de estos cineastas tenían un poso entrañable —el suficiente para que se les quisiera homenajear en películas posteriores, Tim Burton con Ed Wood y James Franco con The Disaster Artist—, este alemán iracundo no estaba dispuesto a que nadie convirtiera la etiqueta de “peor director de todos los tiempos” en algo adorable. No era ninguna mascota. De hecho se parecía más a un hábil empresario.

Las películas que Boll desarrollaba entre Canadá y Alemania recibían críticas pésimas y se estrellaban en taquilla. Y también solían basarse en videojuegos. Licencias tirando a baratas en un momento donde nadie de la industria pensaba que fuera buen negocio adaptar dichas obras, explotadas en función a ciertas ayudas fiscales de su país natal que Boll sabía perfectamente cómo aprovechar. Hasta que alrededor de 2006 se cerró el grifo. Poco después, Boll acaparaba los titulares de todo el mundo con la iniciativa Raging Boll (una referencia ácida a Toro salvaje, originalmente Raging Bull). El director de House of the Dead había desafiado a todos aquellos críticos que alguna vez le hubieran faltado al respeto a un combate de boxeo. Y hubo críticos que picaron.

Boll —quien, como luego se supo, era aficionado a este deporte— tumbó a todos en el cuadrilátero. Uno de ellos fue Carlos Palencia, fundador de la web CineCutre que luego auspiciaría la CutreCon. Y es justamente por la CutreCon por la que Boll se ha desplazado recientemente a España, como invitado estrella de su última edición. Animarse a acudir a un evento que suele celebrar películas más o menos “malas” podría indicar, bien que Boll sigue sumido en esta vorágine publicitaria, bien que prefiere tomarse con humor su fama. Seguramente sea una mezcla de ambas.

“Aprendí a reírme de mí mismo tras toda aquella movida del boxeo”, reconoce Boll a elDiario.es. “Decidí liberarme a través del humor”. Por eso su siguiente película fue Postal (2007): otra adaptación de un videojuego no muy conocido, que por primera vez buscaba ser abiertamente una comedia. “Fue lo mejor para mi salud”. Postal, por otro lado, también se atrevía a ironizar sobre el terrorismo islámico, reforzando una tendencia que el alemán ha seguido explorando. Al tiempo que hace películas de acción descerebradas, también se preocupa por temas sociales o políticos. Asegura que Rampage (2009) o Asalto a Wall Street (2013) son reflexiones valiosas sobre el colapso social de EEUU. Aunque es difícil distinguir si habla completamente en serio.

En una escena de Postal aparece interpretándose a sí mismo y diciendo: “Odio a los videojuegos”. ¿Es eso cierto?

En cierto modo, los videojuegos arruinaron mi reputación como cineasta. Eso no era más que un chiste, claro, aunque ahora sí odio de verdad los videojuegos porque mis hijos están todo el rato jugando y es muy difícil lograr que se pongan a hacer los deberes. Ahora sí que los odio.

Desde que empezó a adaptar videojuegos en los primeros 2000, la industria ha cambiado mucho. Antes los fans odiaban estas adaptaciones y fracasaban, pero ahora Super Mario Bros. y Minecraft arrasan en taquilla y The Last of Us tiene grandes críticas.

Sí, han ido mejorando. No me ha gustado demasiado la segunda temporada de The Last of Us, pero, indudablemente, es una serie muy bien hecha. Y Fallout también. La industria ya va entendiendo que los superhéroes están un poco desfasados y estas son las propiedades intelectuales en las que deberían centrarse. Así que hay mejores directores y mejores guiones en películas sobre videojuegos. Antes todo el mundo me odiaba por ser el primero. Estaban Wing Commander (1999), Street Fighter (1994) y poco más, y yo de pronto cogí esas queridas IPs y las convertí en películas. Ahora la gente de Hollywood me dice que fui un pionero.

En esa época también empezó Paul W.S. Anderson, otro director de culto no muy apoyado por la crítica que justo ahora está preparando otra adaptación de House of the Dead: el primer videojuego que adaptó usted, en 2003.

Paul W.S. Anderson ha hecho alguna buena película. Me gusta su primera Resident Evil; el resto, no tanto. Pero nunca ha dejado de hacer la misma mierda. Pone a su mujer Milla Jovovich de protagonista y hace lo mismo todo el rato. Así que cuando me enteré de que quería volver a House of the Dead, me enfadé. Al parecer, quiere que sea una película oscura y aterradora, creo que es una idea malísima. House of the Dead era estúpida y camp, y hay que hacer eso para conectar con los fans originales. Por eso he empezado a preparar 23 años después: Regreso a Zombie Island. He sacado un crowdfunding y quiero que vuelvan los actores originales. Y tenemos un guion muy bueno, que reflexionará sobre la absurdez del hecho de ser zombi.

Hay algunos directores, como Clint Eastwood y Steven Spielberg, que hacen poquísimas tomas. Se podría decir que trabajo exactamente de la misma forma que Clint Eastwood y Steven Spielberg

Uwe Boll Cineasta

Antes ha mencionado el cine de superhéroes, con el que siempre ha sido muy crítico. Incluso hizo una parodia de Marvel, Blubberella (2013).

Marvel y DC están acabadas. No quiero ver otro Batman. El caballero oscuro fue una obra maestra y es suficiente. Pero no me gusta nada el personaje de Superman, representa todo lo que odio. Conozco personalmente a James Gunn, dirigió Slither (2006) en mi mismo estudio de Canadá. Y es un tipo divertido, pero ahora es el gran jefazo de DC y quiere hacer pasar por importantes cosas que no lo son. Su Superman quería ser importante y no lo es. JFK de Oliver Stone sí lo es. No todas las películas tienen que ser importantes, pero deben ser entretenidas. Mira lo que ha hecho Kathleen Kennedy. Ha destruido Star Wars. Acaban de despedirla pero va a ser muy difícil relanzar la saga ahora. Aunque The Mandalorian no estaba mal. 

Quizá sea No esperes demasiado del fin del mundo (2023), donde volvía a interpretarse a sí mismo, la película con mejores críticas en la que haya trabajado. ¿Cómo surgió esta colaboración con Radu Jude?

Él me preguntó si quería ir a Bucarest a hacer un cameo. A mí me había encantado su película anterior, Un polvo desafortunado o porno loco, y dije que por supuesto. Tuvimos una cena muy agradable y me dio completa libertad porque le dije que yo no era actor, que solo podía hacer algo tipo Postal. Quedó gracioso. El New York Times dijo que nunca se había imaginado que pudiera estar en una película tan buena. Y rodamos en el mismo estudio donde hicimos BloodRayne en los 2000, así que fue interesante regresar y ver qué había cambiado. Y… no había cambiado nada. Seguía siendo un sitio horrible, tal y como lo era cuando fui ahí a rodar BloodRayne.

En el documental Que os den a todos: La historia de Uwe Boll, un actor habitual suyo, Clint Howard (hermano de Ron Howard) dice algo interesante. Dice que en su cabeza siempre están discutiendo el Uwe Boll director y el Uwe Boll productor, y siempre gana el segundo.

Sería feliz si tuviera un productor que lo pagara todo y me permitiera hacer 50 tomas, pero no es el caso. A lo que Clint se refería es a que siempre tengo presente el tiempo del que disponemos y no quiero malgastarlo. Hay que exprimir todo al máximo. Por eso grabo los ensayos, lo grabo todo. Ahora con el digital es más fácil, no es tan caro y puedo tener un montón de metraje disponible para montarlo. Ron Howard, a quien conozco muy bien gracias a Clint, suele hacer entre 30 y 40 tomas… pero hay algunos directores, como Clint Eastwood y Steven Spielberg, que hacen poquísimas tomas. Se podría decir que trabajo exactamente de la misma forma que Clint Eastwood y Steven Spielberg (risas).

¿Diría que esta etiqueta de “peor director del mundo” ha sido útil en términos de marketing?

No, en absoluto. Porque los productores y distribuidores se asustan. A lo mejor sí que sirve de publicidad para un espectador casual, pero no es nada bueno cuando tratas de sacar adelante proyectos y lidias con esta reputación. Solo puedo aspirar a que, en algún momento, alguien diga: “Uwe Boll siempre ha sido un incomprendido”. Porque, evidentemente, yo no soy el peor director de todos los tiempos. De las 39 películas que he hecho te diría que 10 son realmente buenas. Rampage, Postal, Asalto a Wall Street, Heart of America… son muy buenas, de verdad, pero cuando ya estás metido en ese círculo de chorradas es difícil salir. Da igual lo que yo diga, eso lo tiene que escribir una tercera persona. Alguien tiene que ver 20 películas de Uwe Boll, y descubrir que las 100 últimas películas de Netflix son mucho peores.

Postal hacía chistes con el 11-S, y ahora ha recibido críticas por trabajar con Armie Hammer tras sus acusaciones de abuso sexual y rumores de canibalismo. ¿Cree que parte del trato que ha recibido por parte de la prensa se debe a cuestiones políticas?

No lo sé. Desde luego la gente tiene problemas con mis películas. Con Postal me atacaron mucho por reírme supuestamente del 11-S, pero lo que yo estaba haciendo era burlarme de esos terroristas suicidas que creían que conseguirían vírgenes en el cielo si mataban a todo el mundo. Ese era el chiste, no era nada contra las víctimas. Supongo que me gusta hacer cosas controvertidas. Run (2025), que he hecho junto a Amanda Plummer y Barkhad Abdi (Capitán Phillips), es una película sobre la inmigración en Italia, sobre un barco de refugiados que llega y todo se descontrola. Es una película sobre la desigualdad que trata a los inmigrantes con empatía, pero no es una película pro-inmigración. Muestra el lado positivo y el negativo y eso parece que es políticamente incorrecto. 

Europa está llena de gente que tiene miedo de tener una opinión. Y en EEUU pasa lo mismo. Mira Marty Supreme o Los pecadores. No se posicionan por nada. Pero ahí tienes mis películas Asalto a Wall Street o Rampage: películas más en la tradición del cine de Oliver Stone. Stone siempre ha sabido poner el dedo en la llaga, con películas como Salvador o JFK. No ha temido meterse en esas teorías conspiratorias que nos llevan directamente al caso Epstein, solo por plantear que quizá Lee Harvey Oswald no fuera el único culpable. Esas son las películas importantes y las que me importan a mí. Por mucho que yo sea el peor director de la historia. 

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