¿Cómo saldrán los vinos de 2021?

Cenizas volcánicas en los viñedos de Las Manchas (La Palma)

Esta semana, Victoria Torres ha subido por primera vez a una de las parcelas que se quedaron sin vendimiar por estar dentro de la “zona de exclusión” tras la erupción del volcán en La Palma. En una isla en la que el abandono de la viña se cuenta por hectáreas por múltiples razones —el envejecimiento de los viticultores, las dificultades del terreno, el precio de las parcelas—, el volcán ha sido solo un problema más para quienes se dedican a hacer vino. Y eso que el año pintaba bien: después de varias temporadas de sequía absoluta, 2021 tuvo estaciones marcadas y hasta lluvia. Sin embargo, los primeros días de vendimia —que Torres lleva a cabo de manera escalonada, entre el 12 de agosto y el 20 de octubre— una ola de calor, con temperaturas de hasta 45º, se llevó por delante parte de las uvas en algunas de las zonas de la isla.

La revolución española del vino

La revolución española del vino

Con eso y con todo lo demás, esta bodeguera de La Palma espera obtener unas 14.000 botellas del año 2021, algo más que en 2020 y 2019, años muy marcados por la sequía. Los tintos de este año serán “frescos, especiados, lindos”, asegura, al tiempo que reconoce que las circunstancias obligan a los elaboradores a continuas adaptaciones y a reinventarse. En su caso, diversificar y buscar parcelas en distintos lugares de la isla, algo que hizo “por curiosidad”, se reveló como una decisión acertada. El vasco Iñaki Garrido, inmerso en un proyecto en Tenerife de vinos con Listán Blanco, explica que la complicada orografía de las islas marca condiciones muy distintas en la viticultura. Los viñedos en menor altitud están más expuestos a ataques de hongos y, dependiendo de la orientación, pueden sufrir rachas de viento y golpes de calor. La añada 2021, para Garrido, será agradable desde el primer momento: unos vinos frescos, con una buena acidez y buen grado de alcohol.

En Galicia, mejor los jóvenes

Lejos de allí, en la Ribeira Sacra gallega, Fernando González (Adega Algueira) espera una 2021 “súper fresca y fácil de beber”, aunque tiene dudas sobre si será una añada de “grandes vinazos”. En esta zona más seca, lejos del concepto de la Galicia lluviosa, el agua caída durante todo el ciclo engordó la uva y los vinos no tienen la estructura que proporciona la sequía. “Estamos muy expectantes, para vinos jóvenes va a ser una añada muy interesante, pero en esos vinos de elaboraciones, donde empezamos pisando la uva a pie, donde ya no metemos tanto raspón, recuerda un poco a cómo eran los vinos hace tiempo”, describe. Para encontrar la sutileza que busca, el vino tendrá “que afilarse y pasar tiempo”. Será una añada, en todo caso, “diferente”, en opinión de este viticultor, uno de los más emblemáticos de esta zona.

Miguel Anxo Besada, sumiller y propietario de la Taberna A Curva en Portonovo, señala que la ausencia de sol generó cierto nerviosismo en zonas como Ribeiro y Rías Baixas en los momentos previos a la vendimia y provocó muchas diferencias entre zonas, donde las uvas maduraban a distinto ritmo. Según apunta, la 2021 será una añada de vinos de poco grado en estas zonas, “muy bebibles”, pero una añada “más inestable que otros años” y “muy complicada de interpretar”, que necesitará más trabajo en bodega. En el Bierzo esperan una “muy buena añada”, con vinos un poco más frescos, más finos y con un grado alcohólico bajo, también consecuencia de la lluvia caída al principio de la vendimia. “Vinos elegantes, con mucha violeta”, describe César Márquez, que trabaja viñedos en Valtuille. 

El efecto de Filomena en la Ribera del Duero

Filomena y los pedriscos afectaron a la producción en Ribera del Duero, pero la zona no sufrió heladas primaverales y ha llovido “razonablemente”, según explica Manuel del Rincón, director técnico de las bodegas Marta Maté y consultor en otros proyectos vinícolas. Los vinos de 2021 tendrán mucha fruta y estarán caracterizados por la “frescura”. Según sus previsiones, los jóvenes serán vinos fáciles de beber sin perder sabor, complejidad e intensidad, y la acidez —mayor que en años precedentes— permitirá hacer “grandes vinos de guarda”. No obstante, las características no serán las mismas en toda la Ribera porque el tiempo no se ha comportado igual en todas las zonas, una situación que se replica en más lugares. No lejos de allí, en Arlanza, las zonas de altitud media se han visto favorecidas por el tiempo. Tendrán grados moderados, frescura y una buena acidez, que les da “buen potencial de guarda”, según explica el enólogo David González, que desarrolla un proyecto allí y también asesora a bodegas de otras zonas. 

Adán Israel, presidente de la Asociación de Sumilleres de Castilla-La Mancha (ASUMAN), insiste en la complejidad de resumir la añada en su región, que cuenta con más de 460.000 hectáreas de viñedo, 12 pagos, 9 denominaciones de origen y cuatro cuencas hidrográficas. No obstante, explica algunas circunstancias comunes: la borrasca Filomena y un posterior golpe de calor provocaron mermas de distinta intensidad, dependiendo de las zonas. Los vinos jóvenes de 2021 serán frescos, elegantes y finos, a juicio de este sumiller, que cree que la añada puede dejar vinos de bastante calidad en esta región “tan ecléctica y tan compleja”.

Las lluvias de septiembre tras un verano seco son claves para entender el resultado de esta añada también en Rioja. Rioja Alta y Alavesa se beneficiaron de esas lluvias previas a la vendimia. “Los tempranillos tendrán una añada como las de antes, con mucho equilibrio entre acidez y grado alcohólico, y mucho color”, augura David González, que trabaja también en Haro. Para Arturo Miguel (Bodega Artuke, en Rioja Alavesa), será una añada “relativamente fresca”. A la espera de su desarrollo en barrica, es optimista y cree que 2021 “tiene pinta de ser una gran añada en la zona”. El tiempo no dio problemas allí, tampoco mildiu —una enfermedad de las plantas—, a diferencia del año anterior, y las plantas pudieron aclimatarse entre las lluvias y la recogida, algo distinto de lo que sucedió en Rioja Baja. 

La sequía y la lluvia afectan al Penedés

En la zona del Alto Penedés han sufrido la sequía durante toda la temporada 2021, con los problemas que eso conlleva (menos producción, uva más pequeña y a veces sobremadurada) y lluvias durante la vendimia, aunque también es una situación que ha variado dependiendo de comarcas. En Priorat, sin embargo, han vivido lo que Salus Àlvarez, el presidente de la Denominación de Origen, llama “la cosecha de la ilusión”: llevaban dos años con cosechas bajas de producción, en 2019 por un golpe de calor y en 2020 por mildiu. “2021 ha sido una cosecha récord en volumen de kilos y en calidad”. En total han recogido más de 7,3 millones de kilos de uva. Para Àlvarez, en los últimos 20 años ha habido una gran evolución en capacidad técnica y formación en las bodegas, por lo que “cada vez más, la calidad de los vinos está más asegurada” y son las particularidades de cada año las que determinan sus características. En su zona, las condiciones “fueron fabulosas”, sobre todo el final de vendimia, y los vinos tendrán la concentración y estructura que son propios de la zona. “Después cada bodega busca su perfil, pero en el conjunto, será un año excepcional”, asegura.

En Costers del Segre, en la provincia de Lleida, el invierno fue bastante lluvioso, pero la primavera fue un poco seca, según explica Pilar Salillas, responsable de la bodega La Gravera, que puntualiza: “las garnachas siempre se adaptan”. En primavera, un par de heladas quemaron algunos brotes, pero “la fuerza de la viña” hizo que brotaran de nuevo algunas yemas. Según apunta, en sus tintos se han producido algunas diferencias entre las variedades foráneas, con grados más altos, y las garnachas, más estables o ligeramente más bajas de grado que otros años, como ha ocurrido también con las variedades ancestrales. De momento, ha comprobado que el vino “tiene muchísima finura, buen frescor y está equilibrado”. Para la enóloga no será de las mejores añadas de la historia, aunque sí será muy buena. 

Pelear el partido hasta el final

Un año en Baleares en el que una victoria que se esperaba por goleada se ha convertido en “ganar sufriendo hasta el último minuto”, según el símil futbolístico empleado por Francesc Grimalt (4kilos Vinícola). La explicación: estaba siendo un año estupendo a nivel meteorológico pero septiembre fue “muy extraño”, con lluvias que sobre todo afectaron a las variedades locales como la Callet. Para Grimalt, la 2021 tendrá más acidez y más fruta fresca en unos vinos que pueden evolucionar bien, a su juicio.

En la zona de Levante, el elaborador Pepe Mendoza destaca la “autorregulación” de sus viñas, que han producido en 2021 cerca de un 40% menos, lo que le hace esperar una añada de “altísima calidad”. Las plantas, según explica, han completado el ciclo muy ligeras y han proporcionado uvas con buena acidez. Mendoza espera vinos con nervio, tensión y un tanino fino, con capacidad de guarda. “Donde hay fruta hay vida, y este año hay fruta”, sentencia. En la zona de Jerez, una parada vegetativa impidió que la uva terminara de “rematar”, lo que a juicio del enólogo Ramiro Ibáñez, marcará la añada 2021: una ola de calor que llegó a provocar que en el mismo racimo llegaran a encontrarse uvas quemadas y uvas verdes, según describe. Eso sí, Ibáñez considera que será un año interesante para el consumidor, porque los grandes viñedos se comportan mejor en estas condiciones y la diferencia de calidad “será palpable a corto plazo”. Al contrario que los vinos de producción industrial, los de pequeños productores quedarán como testigos de un complicado año 2021, porque, como explica el gallego Fernando González (Algueira), al beberlos “estás bebiendo un paisaje, una zona y un clima. Para eso somos viticultores, para ser honestos y respetar eso”.

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