Qué significa la palabra fraternidad en un mundo amenazado por el fascismo
Ai Futaki se sumerge en el mar y se mira en los ojos de las ballenas. “Son muy sabias, son como chamanes. Cuando las miro de cerca siento que me dicen que hay que buscar la verdad, ser honestos”. El investigador y doctor en Biología Michel André sueña con la posibilidad de comunicarse con estos animales gigantes que habitan el mar hace más de 35 millones de años. Y aprender de ellos, de sus experiencias. Futaki, récord Guinness mundial de doble apena y André están en Menorca, convocados por el espíritu de Albert Camus. Sus ideas regresan cada primavera a la isla en la que nació su abuela materna en unas Trobades (encuentros) que en esta ocasión han convocado a reflexionar sobre el concepto de fraternidad.
“El verdadero desafío es conseguir que el otro importe. Afrontar el reto cotidiano de cómo educar en la empatía y en la solidaridad”. Abre el debate el profesor y ensayista Antonio Monegal. “Quizá la fraternidad consista en recuperar la palabra camarada como una forma de vida. Un vínculo que reconoce la lucha, la idea de que estamos vinculados por una utopía, una idea de futuro: encontrar el sentido de la vida en medio del desastre”. Estas Trobades, dice, son un compromiso por la utopía, la idea de que luchamos por algo que no está todavía aquí.
La filósofa y psicoanalista francesa Cynthia Fleury, que trabaja desde su cátedra en el hospital psiquiátrico Sainte-Anne de París, asiente y niega, nos mira y nos invita a dejar las grandes ideas de lado y concentrarnos en la práctica. “La fraternidad surge muchas veces de la empatía ante algo negativo. Hay que luchar contra los estigmas. Convertir la vulnerabilidad en un elemento de transformación”. Los migrantes nos están enseñando vulnerabilidades de otras culturas que nos servirán para el mañana. Tenemos que activar protocolos que nos ayuden a generar fraternidad en un escenario degradado. Así evitaremos convertir nuestra vida en degradante, dice. “Y eso también nos lo enseña Camus. Por eso hacemos investigación en un hospital psiquiátrico. Trabajamos con médicos, enfermeras, pacientes, familias. No solo están los grandes enemigos, hay muchos pequeños enemigos que intentan frenar los avances. Pero no hay que rendirse. Hay que dar la batalla. No vamos a transformar el mundo, pero sí muchas vidas. Con cambios a nivel individual vamos a poder fabricar la victoria para otros”.
La fraternidad surge muchas veces de la empatía ante algo negativo. Hay que luchar contra los estigmas. Convertir la vulnerabilidad en un elemento de transformación
Alain Doressoundiram, astrofísico francés nacido en Argelia, como Camus, nos invita a viajar por el espacio para hablar de la solidaridad silenciosa que el cosmos nos enseña, cambiar de escala, ser más humildes. “La evidencia se impone, no somos ni el centro ni la medida de todo. Esta toma de conciencia en vez de abrumarnos puede unirnos. Nuestro mundo es precioso, es único y vulnerable. A medida que nos vamos alejando las fronteras desaparecen, somos minúsculos. Vistos desde lejos formamos parte de una misma fragilidad. Todo en la astronomía nos invita a renunciar al privilegio cósmico y esta renuncia es liberadora”, asegura. Conecta muy bien con la idea de la fraternidad relacional. Existir no es estar por encima, es estar con, en el seno de un tejido más amplio de dependencias y vínculos.
Lina Soualem, cineasta y actriz, nacida en París, hija de palestina y argelino, aterriza las palabras de Alain, el astrofísico, en la realidad de los conflictos presentes: “Creer en la abolición de las fronteras no parece posible con un norte dominante y un sur sometido. Es muy difícil generar empatía cuando vivimos bajo los misiles”. Lina nos habla de su padre, Zouzou, hijo de obreros argelinos emigrados a Francia, que decidió ser mimo a los 18 años. Utilizar el silencio para encontrar un lugar en el mundo. Ser mimo para tener voz, enlazando así con la idea camusiana de la fraternidad como conexión sin palabras o conexión silenciosa.
Recuerda, también, a su madre. Nacida en Nazaret, Galilea, en una familia de 10 hermanos. Empezó como actriz en la Compañía Nacional Palestina en Jerusalén y después hizo una carrera internacional en Europa. Y nos habla de la toma de conciencia de sus múltiples identidades y de cómo crecer en Francia le privó en cierta forma de una sensación de plenitud, coartada por los estereotipos que se viven en torno a las identidades árabes, sobre todo las musulmanas.
Lina pregunta a Alain, que también nació en Argelia, como los padres de Zouzou, cómo podemos pedir a alguien que ha sido bombardeado que piense en la Tierra cuando no es capaz de protegerse a sí mismo. Alain, abrumado, reconoce: “El que tiene más acceso al poder y la cultura es el que bombardea, no el bombardeado”.
La sucesión de debates continúa. Una especie de maratón sobre fraternidad, hermandad y sororidad, bajo la luz del mediterráneo y de Albert Camus, premio Nobel de Literatura en 1957, cuando solo tenía 44 años.
Lauren Beukes, escritora y guionista de cómics sudafricana, habla de su país, de una de las constituciones más progresistas del mundo, de su revolución no violenta, del orgullo de tener a una persona tan inspiradora como Nelson Mandela. Y de la frustración de que el sudafricano actual con más poder sea un “idiota”, el millonario Elon Musk, que hace poco dijo que la empatía es la mayor debilidad de la civilización occidental. “En realidad, la historia nos demuestra que los fascistas son estúpidos”, dice. “En Sudáfrica, durante el apartheid, se prohibieron muchos libros. Por supuesto las memorias de Mandela, pero también Lolita y los libros que hablaban de sexo. También prohibieron Black Beauty, un libro sobre caballos, no podían permitir que estas dos palabras, negro y bello, fueran juntas. Eran así de ridículos. El problema es que querían que todos fuésemos también estúpidos”.
“Yo cumplí todo lo que se nos pedía a los migrantes durante 20 años. Me porté bien. Pero nunca me sentí anfitriona, siempre fui invitada. Ahora ya no quiero volver a sentirme así”. Sandi Hilal, arquitecta palestina creadora del estudio DAAR junto a su pareja, el también arquitecto Alessandro Petti, relata su peripecia vital en Italia. ¡Solo se puede ser invitado tres días, es muy opresivo ser huésped toda la vida!, proclama, casi grita. Daar es casa, hogar, en árabe. También es Decolonizing, Architecture, Art, Research (Descolonización, arquitectura, arte, investigación). Un laboratorio artístico que mezcla arte, arquitectura y pedagogía comprometidos con la lucha por la justicia y la igualdad.
En Sudáfrica, durante el apartheid, se prohibieron muchos libros. Por supuesto las memorias de Mandela, pero también Lolita y los libros que hablaban de sexo
“¿Cómo puede ser que ahora los rebeldes sean los que admiran los discursos autoritarios?”, se pregunta, nos pregunta, el periodista y escritor José Luis Sastre. “Ante el miedo y la vulnerabilidad, la gente busca respuestas fuera. Y esa delegación de soberanía es peligrosa, va en contra de construirnos como comunidad”, advierte Antonio Monegal. “Los fascistas son estúpidos”, repite Lauren Beukes.
Hoy, las señales de alarma son claras. Camus abrió una brecha y un camino en 1951 con la publicación de “El hombre rebelde”. En 2026, las Trobades terminan con la voz y la música de la artista menorquina Anna Ferrer, que nos traslada a las labores del campo y nos convoca a una fraternidad sencilla, cotidiana. Terminan las Trobades, pero el debate, afortunadamente, continúa.
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