La espiral de precios altos con dinero caro resucita la pesadilla de las insolvencias en las empresas

Un hostelero echa la persiana de su establecimiento.

El riesgo de insolvencias empresariales y su amenaza posterior y más grave, las declaraciones de suspensión de pagos corporativas, no solo ha reaparecido, sino que ha ajustado sus tensores hasta baremos desconocidos desde agosto de 2020, cuando sus alarmas por las restricciones de liquidez reverberaban por todas las latitudes del planeta tras los confinamientos sociales para frenar la emergencia de la COVID-19, y afronta la larga hibernación de las economías globales. Así lo desvela el Weil European Distress Index, estudio contrastado y semestral con datos agregados de más de 3.750 firmas del Viejo Continente, que achaca ahora la angustia de los flujos de caja de las empresas a las secuelas de la centrifugadora inflacionista con más revoluciones en cuatro décadas y a la cronoescalada de tipos de interés emprendida por los bancos centrales de las potencias de rentas altas, carrera contrarreloj con una duración y un ritmo competitivo inciertos.

Los tambores de recesión en EEUU resuenan con más fuerza tras la drástica maniobra de la Reserva Federal

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Las compañías que más están mostrando sus debilidades financieras en el mercado interior –o lo que es lo mismo, las que han agudizado su peligro de default– son las alemanas, las británicas, las italianas, las españolas y las francesas, por este orden. “Si esta trayectoria continúa, cabría esperar mayores disrupciones sobre los estados de liquidez del sector privado por la carestía del dinero y el endurecimiento de las condiciones crediticias en los mercados, con numerosas firmas y negocios estrangulados por la opresión que este giro de las condiciones ejerce sobre sus flujos de caja y que, en consecuencia, elevan sus opciones de declaración de suspensiones de pagos”, avisa Neil Devaney, copresidente de Weil, Gotshal & Manges, despacho jurídico especializado en reestructuraciones con sede en Londres que elabora este indicador.

Para Devaney, “el panorama económico se ha transformado significativamente y ha alterado los estados financieros de las compañías” entre el diagnóstico de diciembre pasado y el de junio.

A su juicio, el quinto movimiento alcista consecutivo del Banco de Inglaterra (BoE) con el que ya ha encarecido el dinero hasta el 1,25%; las medidas anti-fragmentación de la deuda soberana y contra los diferenciales de primas de riesgo entre socios del euro avanzadas por el BCE antes de su primer toque alcista de julio o la escalada de medio punto de autoridades monetarias como la suiza, que aún mantiene en territorio negativo (-0,5%) los tipos vinculados al franco suizo, dejan sobradas evidencias de las mayores dificultades de acceso a flujos crediticios del sector privado europeo. De los cinco mercados continentales sobre los que pasa revista su indicador –los de mayor dimensión económica y empresarial–, el alemán y, a muy escasa distancia, el británico son los que más turbulencias registran. En especial, entre sus firmas de comercio minorista y de bienes de consumo. Entre las métricas del barómetro de Weil destacan parámetros como la liquidez, los beneficios o las alteraciones en la evaluación de riesgos o en las condiciones generales de los mercados.

El indicador de Weil también revela que este fenómeno no distingue por dimensión corporativa. Las pequeñas empresas del estudio saltaron a la escala de empeoramiento por tercer mes consecutivo y recuperaron las cotas de septiembre de 2020. En conjunto, las debilidades financieras de este grupo, con una capitalización de 5.000 millones de euros, “se irán deteriorando por encima del promedio” –expresa el informe– debido a “sus obstáculos a la inversión y a sus contracciones de liquidez” que, a su vez, fueron provocadas por las disrupciones derivadas del conflicto bélico en Ucrania sobre sus cadenas de valor, su impacto sobre los costes operativos y la retirada de los estímulos fiscales liberados durante la crisis sanitaria.

Las medianas revelaron estos mismos efectos, pero combinados con un descenso más agudo de la confianza futura en sus negocios y unas consecuencias de mayor calibre sobre sus cuentas de resultados de “las incertidumbres geopolíticas y el oscurantismo económico y financiero” de los meses venideros, que incrementarán sus posibilidades de disolución.

Las multinacionales son, en cualquier caso, las que más peligro de default asumen, aunque al mismo tiempo ostentan el instrumental financiero más adecuado para contrarrestar o sortear suspensiones de pagos. Las grandes empresas deberán abordar gastos logísticos, laborales y de utilities –sobre todo, de electricidad– más cuantiosos. De igual modo que sus desembolsos serán de mayor enjundia al adquirir materias primas y bienes esenciales para alimentar sus sistemas productivos, con los consiguientes recortes de sus márgenes de beneficios. La guerra de Ucrania les pasa facturas más cuantiosas.

Un frente de insolvencias se abre sobre Europa

Por mercados, el diagnóstico de Weil incide en la tormentosa coyuntura económica de las cinco principales potencias europeas en su periodo primaveral, trimestre en el que el clima inversor y el estado de salud de la liquidez de las empresas se han resentido bajo un paulatino y constante descenso de sus activos bursátiles. Aunque esta lluvia no ha calado con igual intensidad en ellos.

En Alemania, sus compañías deberán acometer transformaciones estructurales que mitiguen las disrupciones productivas y los cuellos de botella logísticos y comerciales, así como sus elevados costes energéticos por la dependencia del gas y del petróleo rusos. En Reino Unido es donde los expertos de Weil detectan caídas más pronunciadas de rentabilidad y beneficios y del consumo de los hogares, que totaliza las dos terceras partes de su PIB, por el encarecimiento de la vida.

Francia es la única economía con un resultado de estrés sobre sus empresas todavía en terreno negativo, dicho de otra forma: sin traspasar la barrera del riesgo latente de insolvencias y con la inflación más comedida, del 5,1% en mayo. Mientras sobre Italia y España hacen hincapié en que serán las más perjudicadas por las subidas de tipos que prepara el BCE, que harán mella en la capacidad de gasto de los hogares y de inversión de sus corporaciones.

Algunos estudios paralelos corroboran la preocupación del bufete británico. La multinacional del seguro Allianz acaba de elevar en 10 puntos básicos, hasta los 16.130 casos, el número de insolvencias empresariales en Alemania para 2023 al tiempo que asegura que las compañías germanas que se han declarado recientemente en bancarrota han admitido cotas de endeudamiento similares a las de la crisis de 2009. En 2021, la deuda de empresas no financieras acumulada en la locomotora europea ascendió a 48.100 millones de euros, todavía lejos de los 73.000 que alcanzaron en 2009, pero con unos promedios mensuales de deuda por declaración de impagos un 55% más altos, de 3,4 millones de euros, comparados con los 2,2 millones del credit crunch de hace trece años. “El número de insolvencias, menor, no ha guardado relación con la severidad de las bancarrotas”, explica Maxime Lemerle, analista de Allianz. Entre otras razones –explica– porque “por tercer año consecutivo, se ha incrementado la prórroga de estos vencimientos por las condiciones financieras idóneas” del último trienio.

En España, Iberinform, la unidad de investigación de mercados de Crédito y Caución, cifra en un alza del 2,2% las insolvencias concursales en los cinco primeros meses del año y de un 3,3% en términos interanuales a la conclusión del pasado mes de mayo. Con declaraciones más acentuadas, de un 220%, en el sector de la automoción, seguidas del 75% en la industria extractiva y sector primario y del 46% en el transporte. Aunque con una escasa asunción de planes de contingencia, ya que tan solo el 20% de las empresas cuenta con departamentos de riesgo comercial, según su Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España, que también alerta de que únicamente el 30% de las firmas los creó desde la crisis financiera.

También Axesor, firma de gestión de riesgos, aporta cierta calma al mercado hispano. Según sus datos, los concursos de acreedores cayeron un 19% en abril y cerraron el cuatrimestre inicial del año con 1.951 litigios abiertos, un 3,13% por debajo de los contabilizados en el mismo periodo de 2021. Si bien alerta de la espiral inflacionista y las subidas de tipos como factores de pérdida del poder adquisitivo de las familias y de la capacidad inversora y de financiación de las empresas al igual que la creciente losa del endeudamiento como causa de “nuevos focos de incertidumbre futuros”.

En Coface, la multinacional del seguro de crédito a la exportación, describen la paradoja que se ha asentado en el ciclo de negocios post-Covid y que explica la convivencia de episodios de deterioro de la salud financiera de las empresas con descensos de las insolvencias y que ya se atisbaba antes del estallido del conflicto militar en Ucrania. En varias simulaciones y cálculos prospectivos se aprecian “insolvencias ocultas”, empresas cuya declaración de quiebra es solo cuestión de tiempo, especialmente en Europa ante la sucesión de acontecimientos que se han desencadenado en el orden geopolítico y económico-financiero y que han colisionado de lleno en la trayectoria de la recuperación.

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