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¿Son los biocombustibles una alternativa (sostenible) a los combustibles fósiles?

Bernardo Gutiérrez

Río de Janeiro —
18 de junio de 2026 21:48 h

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“Brasil puede convertirse en una especie de Arabia Saudita de los biocombustibles”. La frase la pronunció el presidente Luiz Inácio Lula da Silva el pasado 20 de abril, durante su visita a la Feria Industrial de Hannover, a la que acudió Brasil como país invitado. Con una botella de Be8 BeVant, biodiésel hecho en Brasil, Lula forzó un test en un camión alemán Daimler Truck para probar que el biocombustible brasileño emite menos gases de efecto invernadero que ningún otro. Tras el éxito de su prueba, Lula defendió que la ley brasileña prohíbe la producción de biocombustible a partir de plantaciones en la Amazonia, en alusión al biocombustible elaborado a partir de caña de azúcar, soja o maíz, entre otras materias primas. “No hay evidencias de que Brasil deje de producir alimentos para producir biocombustible. Brasil tiene 40 millones de hectáreas de tierras degradadas que pueden ser recuperadas”, aseguró Lula. Durante la misma visita, el presidente brasileño afirmó que la “reciente crisis energética muestra que Europa necesita superar su resistencia ideológica al biocombustible”.

La performance de Lula no iba dirigida solo a Alemania, sino a la Comisión Europea, que está estudiando retirar al biodiésel de soja el estatus de recurso renovable, algo que impediría su uso para cumplir metas de reducción de emisión de carbono. Además, Lula pretendía driblar la resistencia histórica de la Unión Europea (UE) tanto a los alimentos como al biocombustible producido en América Latina, por su posible relación con la deforestación.

Alexandre Silveira, ministro de Minas y Energía de Brasil, en contacto por escrito con elDiario.es, destaca los avances significativos de control ambiental del país. “Gran parte de la expansión productiva ocurre en áreas agrícolas ya consolidadas, muchas veces asociadas a la recuperación de pastos degradados y al aumento de la eficiencia productiva. El país también ha ampliado el uso de materias primas alternativas y residuos, reduciendo todavía más la presión por nuevas áreas”, asegura el ministro. Silveira insiste en el avance de los mecanismos de control ambiental de Brasil: “La expansión de la producción de caña de azúcar para etanol ocurre principalmente sobre áreas que ya fueron utilizadas para alguna actividad humana y que están lejos de la Amazonia”, afirma el ministro, en alusión un Decreto Presidencial de 2009 que Bolsonaro revocó en 2019 (y que está funcionando de nuevo).

Felipe Barcelos, del Instituto de Energía e Medio Ambiente (IEMA), concuerda con el ministro en el éxito del control ambiental. No obstante, considera que todavía hay trabajo por delante para rastrear la procedencia de toda la materia agrícola de la que se produce biocombustible. “Algunas plantaciones de soja están asociadas a áreas deforestadas recientemente. Tenemos que garantizar que todas las plantaciones fueron producidas en áreas sin impacto socioambiental relevante”, asegura Barcelos a este periódico.  

El fantasma ambiental

Barcelos considera razonable que la principal duda de la comunidad internacional sobre los biocombustibles tenga que ver con el uso de la tierra, “ya que los biocombustibles necesitan de un uso de tierra importante para la producción de primas agrícolas”. En su opinión, teniendo en cuenta que el biocombustible está asociado a la producción de alimentos, hay que observar el ciclo completo de dicha producción. “Aparte de la deforestación, existen otros impactos ambientales importantes de los biocombustibles que necesitan ser pensados, como el uso de agua y de fertilizantes. Los pesticidas pueden causar contaminación en los ríos”, asegura Barcelos.

El informe La cuenta de los biocombustibles, lanzado la organización Reporter Brasil en octubre de 2025, denuncia que la cadena productiva del etanol, el biodiésel y el SAF esconde “casos de deforestación, conflictos y trabajo esclavo por detrás de la promesa de la energía limpia”. Durante el gobierno de Jair Bolsonaro se disparó la deforestación de selva amazónica vinculad a plantación de soja. El gobierno Lula, está reforzando instrumentos como la Moratoria de la Soja, el Cadastro Ambiental Rural (CAR) y otros sistemas de monitoreo ambiental. El ministerio de Minas y Energía defiende, en comunicado a elDiario.es, que dichas medidas contribuyeron a “reducir significativamente la deforestación vinculad a esa cadena productiva”. La deforestación cayó en 20,6%, en su conjunto, en 2025. Felipe Barcelos atribuye parte del éxito a iniciativas de la sociedad civil como Mapbiomas, que vigila el avance agrícola y ganadero en todos los biomas.

A pesar de sus críticas, Barcelos sostiene que Brasil tiene “la capacidad de doblar su producción de biocombustibles de forma sostenible”. Las conclusiones del informe Biocombustíveis no Brasil: alinhando transição energética e uso da terra para um país carbono negativo, lanzado en 2025 por el IEMA, son rotundas: “Brasil puede expandir la producción de biocombustibles y, al mismo tiempo, eliminar la deforestación en áreas de vegetación natural para convertirlas en plantaciones de materias prima”.

Brasil, laboratorio mundial

En 2025, Brasil produjo 37.500 millones de litros de etanol, obtenido a partir de la fermentación de azúcares de vegetales (caña de azúcar y maíz, principalmente) y usado en vehículos leves. Solo Superó a Brasil Estados Unidos, con 62.400 millones de litros. En biodiésel --producido a partir de aceites vegetales o grasa animal--, el país sudamericano lleva la delantera. En 2025, Brasil produjo cerca de 9.800 millones de litros, frente a los 4.347 mil millones de Estados Unidos. A pesar de que Brasil es el segundo productor mundial, hace décadas que es considerado la Arabia Saudí de los biocombustibles.

El gigante sudamericano no solo tiene potencial agrícola, sino un sofisticado entramado tecnológico y una legislación orientada hacia los biocombustibles. El programa nacional Pro-Álcool para la producción de etanol fue lanzado en 1975 y la primera patente mundial de biodiésel la registró el brasileño Benedito Parente en 1983. Ningún país iguala a Brasil en diversidad de materias primas para la producción de biodiésel. Brasil usa aceites vegetales de soja, aceite de palma, maíz, algodón, girasol, mostaza, ricino o piñón de tempate, entre otras fuentes. También sebo bovino, porcino o avino. E incluso aceite usado en las cocinas y residuos de la industria de los alimentos. El ministro Alexandre Silveira destaca, a su vez, la el liderazgo de Brasil en “tecnologías y prácticas de vanguardia, como la producción de combustible sostenible de aviación (SAF), diésel verde (HVO) y biometano”. Roberto Furian Ardengy, presidente del Instituto Brasileño de Petróleo y Gas (IBP), asegura a elDiario que, a diferencia de otros países, los biocombustibles están totalmente integrados a la economía de Brasil: “Tenemos una refinería exclusiva y ahora todas las refinerías de Petrobrás van a pasar a refinar entre un 3 y un 5% de aceites vegetales para biocombustibles”.

Brasil obliga por ley a mezclar gasolina con etanol y el diésel con biodiésel. Desde 2025, toda la gasolina del país tiene un 25% de etanol y todo el diésel, un 14% de biodiésel. La ley Combustibles del Futuro aumenta el porcentaje al 35% de la gasolina y el 25% del diésel hasta 2030. Por su fuera poco, el 76,2% de los coches de Brasil disponen de tecnología flex, que permite que usen gasolina mezclada con etanol o solo etanol. Lula conmemoró en 2023 el vigésimo aniversario del lanzamiento en el país del primer coche completamente flex del mundo, uno de los grandes hitos tecnológicos de la historia del país.

The Economist describió hace unos meses el tupido entramado de consumo nacional de biocombustible como el arma secreta de Lula frente a la crisis energética global.

La exportación, prioridad nacional

A pesar de su vigorosa producción de biocombustibles, Brasil todavía no es una potencia exportadora. Estados Unidos exportó 8.250 millones de litros de etanol en 2025 (equivalente a 4.800 millones de dólares), frente a los 1.610 millones de litros de Brasil, que comercializa el excedente de su producción hacia Estados Unidos, Corea del Sur y Holanda, principalmente. “Brasil tiene potencial para exportar más al mundo. Tenemos un excedente de cincuenta millones de hectáreas disponibles para plantación. Además, nuestro clima ayuda. Si en Estados Unidos apenas existe apenas una cosecha al año, en Mato Grosso, por ejemplo, conseguimos tres cosechas en la misma tierra”, asegura Roberto Furian, aludiendo a la rotatividad de la soja y el maíz en el suelo brasileña. El ministerio de Minas y Energía de Brasil reconoce a este medio que la industria del biodiésel del país tiene capacidad para aumentar un 40% su producción. Podría colocar en el mercado global de exportación. 4.000 millones de litros de biodiésel. 

Para Lula, aumentar la exportación de biocombustibles brasileños es una prioridad. Brasil, de hecho, es hace años el principal lobista internacional a favor de los biocombustibles.

Su papel fue clave para el lanzamiento de la Alianza Global de los Biocombustibles, que nació tras la reunión del G20 de 2023 en India. Por otro lado, Brasil e India firmaron febrero una acuerdo de cooperación en el área de combustibles. Para el país asiático, que ha aumentado al 20% el porcentaje de etanol mezclado en la gasolina, Brasil es el modelo a seguir. A su vez, la Carta de Belém de la COP30 incluía la necesidad de cuadriplicar el uso mundial de biocombustibles hasta 2035 para mitigar la emisión de gases de efecto invernadero. ¿Es ambientalmente sostenible un aumento tan significativo de biocombustibles?