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¿Cómo detectar un golpe de calor en niños? Estos son los síntomas de alarma

Un niño se refresca con agua para aliviar el calor.

Mercè Palau

La llegada del verano trae consigo temperaturas ambientales altas, superiores a los 30ºC, una elevada humedad y la exposición directa al sol. Condiciones que, si no se adoptan las medidas preventivas adecuadas, pueden conllevar problemas relacionados en los más pequeños. El golpe de calor es un precio alto que se puede pagar cuando cada año se registran más olas de calor y los niños son especialmente vulnerables. ¿Cómo se pueden detectar las señales de alerta? ¿Qué debe hacerse ante un golpe de calor? No se trata de pequeñas preocupaciones, sino de dilemas reales. La buena noticia es que con estrategias proactivas y la información clara se puede evitar.

Golpes de calor en niños: ¿por qué se producen?

El golpe de calor parte de una excesiva elevación de la temperatura corporal durante la exposición a altas temperaturas, lo que favorece la deshidratación. Se trata, por tanto, de una urgencia extrema, especialmente para determinados grupos de población, como las mujeres embarazadas, las personas mayores, las que tienen enfermedades crónicas o respiratorias y los niños. 

“Los niños son más susceptibles a las complicaciones que pueden aparecer ante la exposición a altas temperaturas, sobre todo el golpe de calor, porque tienen menos reserva de agua y menos capacidad de transpiración y sudoración”, afirma la Doctora Tamara Carrizosa, jefa del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario General de Villalba. 

Tamara Carrizosa, jefa del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario General de Villalba. 

¿Por qué ocurre? Las altas temperaturas provocan una pérdida de agua y sales minerales que altera el sistema de regulación térmica de nuestro cuerpo, que no puede enfriarse correctamente, produciéndose un sobrecalentamiento, y, como consecuencia, los órganos vitales pueden empezar a fallar. Los niños menores de cuatro años, pero sobre todo los de menos de un año, son especialmente vulnerables porque su temperatura corporal sube más rápido que la de los adultos ya que tienen menos reserva de agua y menor capacidad de sudoración, además de un aparato respiratorio aún inmaduro.

En definitiva, cuando un niño se expone a situaciones de humedad y temperaturas elevadas y no sigue las condiciones de protección y de hidratación adecuadas, puede sufrir un golpe de calor. 

Una niña tumbada en la playa con dolor de cabeza.

Los síntomas a los que prestar atención y cómo actuar

Cuando esto sucede, suelen presentar síntomas como mareos, vómitos, fiebre superior a los 40ºC, dolor de cabeza o irritabilidad o aumento de la frecuencia cardiaca. La piel se siente caliente al tacto y, generalmente, está seca debido a que la sudoración, la respuesta natural del cuerpo para enfriarse, está disminuida o ausente. En los casos más graves pueden aparecer desmayos y alteración del nivel de conciencia, que se manifiesta por confusión o dificultad para hablar. Se trata de signos que indican que el cuerpo tiene dificultades para regular su temperatura y que los órganos pueden estar sufriendo. Reconocerlos a tiempo y buscar atención médica inmediata es clave.

¿Cómo debe actuarse en estos casos? Cada segundo cuenta, por lo que cuando un niño presenta alguno de estos síntomas, lo primero es trasladarlo en un lugar fresco y ventilado y colocarlo tumbado boca arriba. Si lleva prendas que le aprieten o que sean innecesarias, se retirarán. Para bajar la temperatura, es aconsejable colocar compresas de agua fría –no hielo- en la cabeza, cara, cuello, nuca y pecho. Si está consciente y no vomita, se le puede dar agua fría o una bebida isotónica; pero, si está inconsciente, es urgente llamar al 112 para trasladarlo al hospital lo antes posible.

Cómo proteger a los niños del golpe de calor

La buena noticia de todo esto es que el golpe de calor se puede prevenir. En este caso, la vigilancia salva y evita casos de golpes de calor en niños. Pocas amenazas son tan predecibles y prevenibles como el golpe de calor en niños. La clave está en la vigilancia y en adoptar medidas sencillas, pero eficaces. Una de las más importantes es asegurar una correcta hidratación. Según la Doctora Carrizosa, es aconsejable “ofrecerles agua de forma frecuente, aunque no la pidan y, en caso de un bebé lactante, la mejor manera de hidratarlo es aumentar la frecuencia de las tomas al pecho”. Su sentido innato de la sed no siempre es un indicador fiable, lo que implica que a menudo no piden agua hasta que ya están deshidratados.

La hidratación es fundamental siempre, pero sobre todo si realizan actividad física prolongada. Una alimentación adecuada también ayudará a garantizar esta hidratación: fruta y verduras frescas ayudan también a reponer las sales perdidas por el calor.

Aunque pasar tiempo al aire libre es aconsejable y necesario —más si se trata de niños— en verano, sobre todo en las horas centrales del día es aconsejable “evitar la actividad física y permanecer en lugares con la temperatura adecuada”, afirma la especialista del Hospital Universitario General de Villalba. 

Cuando hace mucho calor es igual de importante usar ropa apropiada para el verano y vestirse con intención clave: usar ropa transpirable, ligera y holgada, de colores claros, así como gorros o sombreros ligeros que les protejan del sol, así como uso regular de protector solar.

Debe tenerse en cuenta que, incluso con una temperatura exterior relativamente baja, la del interior de un coche puede ser excesivamente alta. Por tanto, y como advierte la Doctora Carrizosa, “en ningún caso debe dejarse a los niños en sitios cerrados, como el coche”, ni siquiera por un corto periodo de tiempo ya que incluso una breve exposición a espacios cerrados puede ser extremadamente peligrosa.  

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