La portada de mañana
Acceder
Aguirre utilizó su cargo como presidenta de Madrid para ocultar el Goya inédito
¿Cómo se calcula la inmunidad de rebaño?
Opinión - La mentira os hará libres, por Esther Palomera

Que haya agua en el grifo: una labor compleja que se enfrenta a nuevos retos

Una analista en el laboratorio de Aqualia en Badajoz.

Paola Amigo

En nuestras casas hemos normalizado tanto que al abrir un grifo salga agua potable que a veces olvidamos el esfuerzo, trabajo y desarrollo que hace eso posible. Y si es algo en lo que no reparamos, sin duda significa que es algo que funciona. Para ponerlo en valor el 22 de marzo se celebra el ‘Día Mundial del Agua’, el momento perfecto para pararnos a pensar en la importancia ambiental, social y cultural que este recurso vital tiene para toda la humanidad. 

En nuestra sociedad, el ciclo integral del agua es una maquinaria bien engrasada que responde cuando más se la necesita, como en una pandemia que todo lo desbarata. De hecho, la lucha contra la COVID sería imposible sin un suministro de agua efectivo y a prueba de fallos. La captación, la potabilización, la distribución, el saneamiento, la depuración y la atención al cliente no pueden errar para que la gestión del ciclo del agua urbana siga siendo uno de los servicios públicos que mejor funciona. 

Para que el agua siga brotando por los grifos de nuestro hogar es necesario que detrás haya un sector altamente cualificado, que las corporaciones públicas y privadas colaboren, se entiendan y trabajen juntas, y que la innovación no cese en buscar nuevas soluciones para los nuevos retos que plantea el futuro.

Agua en casa: parece sencillo, pero no lo es

Ese gesto en el que abrimos un grifo y obtenemos agua es la culminación de un trabajo en el que intervienen más de 60.000 personas. Desde el abastecimiento hasta su facturación, por el camino hay una importante labor de distribución, control de calidad, resolución de averías, lectura de contadores, saneamiento, depuración y análisis de las aguas. Por lo que no es una tarea precisamente sencilla. 

Raro es que algo falle. Y eso es gracias a que en España contamos con empresas, públicas y privadas, que están consideradas entre las mejores del mundo, un conjunto de profesionales cuya vocación de servicio público hace posible obtener un resultado excelente. Compañías especializadas, experimentadas y avanzadas que ponen de su parte para lograr una sostenibilidad financiera, social y medioambiental de confianza. Aqualia, que presta servicio a más de 25 millones de usuarios de 17 países, juega un papel fundamental en este proceso y solo en 2019 invirtió 4,3 millones de euros de recursos propios para el desarrollo de proyectos de innovación. 

Para que el ciclo integral del agua funcione es necesario el entendimiento y la compenetración entre todas las partes, sean públicas o privadas. Los ayuntamientos son los titulares de los servicios urbanos del agua y las empresas privadas se coordinan con ellos para trabajar conjuntamente, tal y como hace Aqualia con cientos de corporaciones municipales de toda España. De manera que la cooperación y las alianzas en las esferas públicas, público-privadas y de la sociedad civil se vuelven fundamentales. Eso ha proporcionado un alto nivel de calidad de vida durante las últimas décadas y ha demostrado estar a la altura ante situaciones de emergencia como la que ha supuesto la pandemia.

¿Retos? ¡Innovación!

La gestión del agua, aunque dependa de un sector estable, sigue lanzando retos a sus implicados día tras día. Por un lado, la gestión de las aguas residuales sigue siendo una tarea pendiente en muchos municipios españoles pues solo el 65% de las localidades españolas de entre 2.000 y 10.000 habitantes disponen de un tratamiento adecuado. Y por otro, el cambio climático. El estrés hídrico está cada vez más extendido y la reutilización de las aguas se plantea no ya como una opción, sino como una necesidad.

Para afrontar el reto de gestionar adecuadamente las aguas residuales el proyecto Life Intext de Aqualia busca combinar tecnologías intensivas y extensivas para lograr la depuración del agua residual y su reutilización, con procesos sostenibles y de especial utilidad en pequeños núcleos urbanos donde este tipo de proceso no existe o es insuficiente. 

Mientras que por su lado, el proyecto Life Phoenix es la respuesta de Aqualia para luchar contra las consecuencias del cambio climático. Partiendo de la base de que en el planeta se recogen y se tratan más de 165.000 millones de m³ de aguas residuales al año, que solo se reutiliza el 2% y que se estima que en 2030 la necesidad de agua aumentará un 40%, la necesidad de una solución no está falta de urgencia. Life Phoenix se ha puesto en marcha para convertir las aguas residuales en un elemento reutilizable en riego de forma segura y eficiente, y comenzará su andadura en dos depuradoras operadas por Aqualia en la ciudad de Almería: El Bobar y El Toyo. Las nuevas tecnologías puestas aquí en marcha, que afrontan además el reto de eliminar contaminantes emergentes y microplásticos, serán trasladadas a otras ubicaciones de España y Portugal con el fin de valorar su funcionamiento en otras circunstancias y, sobre todo, que el agua residual deje de ser un desecho y pase a tener una nueva vida.

Etiquetas
Publicado el
22 de marzo de 2021 - 05:00 h

Descubre nuestras apps

stats