Y Esperanza abandonó la lucha
Gran Wyoming
Esperanza Aguirre se suma a un acto para “romper con el espíritu del 68”, ese que la delata como la ácrata que es en cada declaración, en cada aparición pública. Decide abandonar la barricada y los años de feroz lucha en favor de la libertad, de la mujer, la democracia, la igualdad de oportunidades y, por supuesto, contra la represión, la tortura, el secuestro y el dolor que la dictadura llevó durante decenios a millares de hogares españoles.
Era un consuelo para los oprimidos ver ondear por Madrid la melena rubia de la lideresa de la libertad en un tiempo en el que el terror era dueño de la calle. Era la encarnación de la indignación contra el atropello, el favoritismo y la explotación del trabajador indefenso. La heroína del franquismo, de mayo del 68 en París, y de Bombay, cuarenta años más tarde, se toma un merecido descanso. Probablemente, cansada de tanta lucha altruista, ha decidido abrir un paréntesis en su vida y pensar un poco en ella. El pueblo debe ser generoso y entender sus razones.
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