Oda a la separación de poderes
Lo suyo es de verdad, lo suyo es más que amistad. Lo suyo es tan intenso, tan íntimo y tan sentido, que se acaban los nombres, los verbos, los adjetivos. “Tendremos que buscar en el diccionario otra palabra distinta a la de amistad que resuma y defina esta íntima y sentida colaboración”, decía hace unos meses el acusado almibarado, Francisco Camps, del presidente del tribunal que le juzgará, Juan Luis de la Rúa. “Me siento feliz de esta relación”, le respondía el juez al acusado.
Lo suyo no sabe de Montesquieu, pa qué. Y por eso De la Rúa acompañaba a Camps hasta en los mítines. En Valencia, la separación de poderes funciona así, como el barco de Chanquete: no les moverán. Y con la sentida y leal camaradería como principio rector de su economía, a los jueces los promueve el partido en tan íntima y rentable colaboración que después se pasan la toga por el forro de la política. El camino es de ida y vuelta, como bien ha demostrado otro reconocible jurista, Fernando de Rosa: antes consejero de Justicia de Valencia, ahora vicepresidente del Poder Judicial y siempre tan leal a su señor, el acusado Camps.
El president está tranquilo. Confía en que su íntimo colaborador le corte una sentencia a medida, como sus trajes. Por eso ni dimite ni se inmuta, ni se nota ni traspasa. Lo suyo no tiene nombre, ni horario, ni fecha en el calendario; de la Justicia un sayo. Lo suyo es suyo y de todo lo demás vamos a medias, como diría su amigo el bigotes, como diría su amigo Correa.
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