Sucedió de verdad
La historia que voy a contarles hoy tiene todos los detalles necesarios para ser una leyenda urbana: narra un hecho asombroso ocurrido hace tanto tiempo y con tantos detalles sin relativa importancia que igualmente podría ser un cuento creado por alguien con ganas de pasar el rato. Incluso tiene al FBI de por medio. Pero todo lo que les voy a relatar a continuación es absolutamente cierto.
Cleve Cartmill. Si les suena el nombre anterior, probablemente ya sepan de qué les voy a hablar. Pueden saltarse todo el texto y seguir haciendo lo que quiera que sea que estaban haciendo. Si no, péguense las gafas a la nariz y no se pierdan el espectáculo.
En 1944 ocurrieron muchas cosas en el mundo. Una de las que estaban sucediendo en ese preciso instante era el Proyecto Manhattan, de donde salió la primera bomba atómica jamás empleada por el hombre y por sus instintos salvajes. Dada la naturaleza del dispositivo a fabricar, el secretismo alrededor de todo el tinglado era absoluto. Richard Feynman comentaba varias cosas al respecto en su maravilloso Surely You're Joking, Mr. Feynman! (Está usted de broma, Sr. Feynman en castellano), pero ahora mismo eso son batallitas al margen del asunto.
En marzo de 1944, como iba diciendo, apareció en la revista Astounding un relato escrito por un tal Cartmill, que narraba una guerra ficticia entre dos facciones imaginarias de un planeta inventado. La fantasía desaparecía por arte de mágia en estos dos párrafos:
U-235 has been separated in quantity easily sufficient for preliminary atomic-power research, and the like. They got it out of uranium ores by new atomic isotope separation methods; they now have quantities measured in pounds. By ‘they,’ I mean Seilla research scientists. But they have NOT brought the whole amount together, or any major portion of it. Because they are not at all sure that, once started, it would stop before all of it had been consumed–in something like one micromicrosecond of time. [...] Two cast-iron hemispheres, clamped over the orange segments of cadmium alloy. And the fuse–I see it is in–a tiny can of cadmium in a beryllium holder and a small explosive powerful enough to shatter the cadmium walls. Then–correct me if I’m wrong, will you?–the powdered uranium oxide runs together in the central cavity. The radium shoots neutrons into this mass–and the U-235 takes over from there. Right?
El primer párrafo describía los problemas que estaban teniendo en Los Alamos con los isótopos radiactivos. El segundo es una definición algo tosca de lo que es el mecanismo de detonación de una bomba atómica. Para añadirle emoción al asunto, el primero es copia, letra por letra, de información que le había llegado a Cartmill en una carta enviada por John Campbell, editor de la revista en aquel entonces. Resulta que Campbell simplemente había estado leyendo revistas sobre asuntos técnicos, en las que se habían publicado artículos sobre fisión nuclear y asuntos relacionados desde principios de los años 40.
Todo ello publicado en una revista de historias de ciencia ficción.
Alguien en Washington con mucho tiempo libre leyó la revista. Alguien en Washington empezó a sufrir úlceras y a descolgar unos cuantos teléfonos.
Investigaron a Campbell. Parte del informe incluía las relaciones de éste con un miembro de la reserva naval de los Estados Unidos, asociado con otro hombre que previamente había realizado investigación en la Universidad de Columbia en algo relacionado con espectroscopía de cobre. Ese cobre le fue cedido por otra persona que nunca lo recibió de vuelta, y uno de ellos también tenía relación con un cuarto.
Los cuatro hombres eran nada menos que Robert Heinlein, Isaac Asimov, William Fitzgerald Jenkins y L. Sprague de Camp. La conspiración judeomasónica en manos de escritores de ciencia ficción estaba servida.
A partir de aquí la historia empieza a perder fuelle. Ni Asimov ni Heinlein ni de Camp fueron interrogados sobre este asunto. Jenkins, que había tenido sus propios problemas con la censura por alguna de sus historias anteriores, también dijo que había mucha información disponible en las revistas técnicas para todo aquel que pudiese mantenerse al día. Cartmill confesó que había copiado aquel párrafo de una carta de Campbell.
Al final lo único que ocurrió fue que Cartmill, reutilizando datos que ya eran de dominio público, preguntando aquí y allá y echándole un poco de imaginación al asunto, publicó algo que se suponía que nadie fuera del Proyecto Manhattan debía saber... en una revista titulada Astounding Science Fiction.
Quien quiera más datos sobre esta historia puede leerse un breve ensayo en dos partes escrito por Robert Silverberg, que cubre todo el asunto de forma más completa: The Cleve Cartmill Affair (y 2). También hay información suplementaria en este artículo de BoingBoing.
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