Gipuzkoa ante el PEMAR: anticiparse también es competitividad
La aprobación del nuevo Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (PEMAR 2025-2035) marca un punto de inflexión en la política de residuos en España. No se trata solo de un documento ambiental, sino de una herramienta estratégica que condicionará inversiones, modelos de negocio, costes empresariales y competitividad territorial en los próximos diez años.
Desde esa perspectiva, el análisis de la situación de Gipuzkoa resulta especialmente relevante. Porque, lejos de partir de cero, nuestro territorio ha desarrollado durante la última década un modelo que hoy encaja plenamente con los objetivos que el PEMAR fija para el conjunto del Estado.
El plan estatal establece metas claras: aumentar la recogida separada, reducir drásticamente el vertido y cumplir de forma efectiva la jerarquía de residuos marcada por la Unión Europea. Gipuzkoa ya alcanza en 2024 un 60% de recogida separada, cuando el PEMAR exige un mínimo del 50% para el año 2035. Este dato refleja una gestión madura y estable, construida con planificación, inversión en infraestructuras y corresponsabilidad ciudadana.
Pero el elemento más diferencial, también desde el punto de vista económico y climático, es la gestión del rechazo. En Gipuzkoa, la fracción resto no se deposita en vertedero. Se destina a valorización energética, una operación reconocida por la normativa europea como valorización y no como eliminación. A vertedero solo llegan las cenizas resultantes de ese proceso, que representan aproximadamente el 2% del rechazo, es decir, en torno al 1% del total de los residuos municipales.
Este dato es clave. El PEMAR fija un límite máximo de vertido del 10% para 2035. Gipuzkoa ya se sitúa hoy muy por debajo de ese umbral. Desde una óptica empresarial, esto significa menor dependencia de vertederos, menor exposición a penalizaciones regulatorias futuras y mayor estabilidad en los costes de gestión de residuos.
La jerarquía de residuos no es una declaración teórica, sino una secuencia operativa: prevenir, reutilizar, reciclar, valorizar y, solo en última instancia, eliminar. Gipuzkoa aplica esta jerarquía de forma estricta. Primero, maximizando la recogida separada y el reciclaje. Después, valorizando energéticamente aquello que no puede reciclarse. Y, finalmente, reduciendo el vertedero a un uso residual y técnico. Este enfoque no es contrario a la economía circular; es la forma más realista de hacerla viable a escala territorial.
El PEMAR penaliza el vertido masivo y sin control, porque ese modelo es incompatible con los objetivos climáticos, ambientales y económicos de la Unión Europea. En este contexto, la experiencia de Gipuzkoa demuestra que es posible combinar altos niveles de reciclaje con una gestión eficiente del rechazo, evitando bloqueos y sobrecostes.
Ahora bien, el nuevo plan también señala claramente el siguiente reto: la preparación para la reutilización. El PEMAR fija objetivos ambiciosos en este ámbito para los próximos años. Gipuzkoa, como el conjunto del Estado, tiene margen de mejora. Pero conviene interpretar correctamente este desafío. La reutilización es el siguiente escalón de madurez de los sistemas de gestión de residuos. Solo los territorios que han resuelto previamente la recogida y el vertido pueden avanzar con solvencia en este terreno.
Además, la reutilización abre oportunidades económicas relevantes: empleo local, economía social, reparación, segunda vida de productos y reducción del consumo de materias primas. Es un ámbito con potencial de crecimiento y de innovación empresarial, que requerirá colaboración público-privada y nuevos modelos de negocio, donde Gipuzkoa ya esta trabajando con el CPR textil
El PEMAR 2025-2035 refuerza, además, decisiones que Gipuzkoa adoptó con antelación: eliminación del vertido, prioridad del biorresiduo o exigencia de calidad en la recogida. Hoy, esas políticas cuentan con respaldo normativo estatal y europeo, reduciendo incertidumbres y ofreciendo un marco más claro para empresas e instituciones.
La gestión de residuos ha dejado de ser una cuestión meramente ambiental para convertirse en un factor estratégico de competitividad territorial. Gipuzkoa demuestra que anticiparse a la regulación no solo es posible, sino que genera estabilidad, reduce riesgos y posiciona mejor al territorio en un contexto europeo cada vez más exigente.
El reto de los próximos años no es cambiar el modelo, sino profundizar en él. Y hacerlo con datos, con rigor técnico y con una visión económica alineada con la sostenibilidad.