Incendios, cabras y cabrones
Asistimos desolados, casi cada día, al ver como una gran parte de nuestro “Paraíso Terrenal” se está convirtiendo en un “Infierno Descomunal”, debido a los virulentos incendios que nos asolan. Todo ello en el marco de un cambio climático galopante, que nos hace más vulnerables e indefensos. Cada año se baten récords de superficie arrasada de nuestro medio natural, desplazando y afectando gravemente las vidas y patrimonios de nuestros vecinos. Cada vez más cuantiosos y dañinos. Y el fenómeno alcanza dimensiones planetarias, con fenómenos igualmente catastróficos. Es evidente que el tema nos atañe a todos, aunque en esta ocasión no seamos directamente los afectados.
Ante estas catástrofes, observamos imágenes de valerosos combatientes de las llamas y medios de extinción que se juegan el pellejo y a veces lo pierden para sofocarlos. También repeinados dirigentes con impolutos chalecos de campaña que parecen dirigir las operaciones de extinción y a los que no se les ve el pelo en estos menesteres en otros momentos del año. Desde los medios de comunicación, se nos ofrecen balances de daños, imágenes desoladoras, y opiniones fragmentarias y anecdóticas de supuestos expertos forestales que nos dan recetas para acabar con la plaga que nos asola: “hay que limpiar el bosque”, “los incendios se apagan en invierno”, “el abandono de la zona rural”…etc . Frases que se repiten como mantras publicitarios y que van calando en la opinión pública, cuya inmensa mayoría desconoce los aspectos más elementales de la realidad natural y sus dinámicas.
El tema de los incendios es complejo y no se puede abordar con esa simpleza, ya que tiene muchas aristas y que requeriría una reflexión profunda, multidisciplinar y diversa, ya que la gran biodiversidad del medio natural y poblacional que nos rodea exigiría respuestas adaptadas a las distintas realidades y no una receta universal. Y tras estas reflexiones (que sí se deberían elaborar “en invierno” para poder anticiparse a los próximos desastres) debería culminarse con un gran Pacto de Estado sobre el tema. Nos va la vida en ello. Van aquí algunas pinceladas de aspectos que me llaman la atención:
1.-Los incendios: Para atajar cualquier problema, el sentido común nos lleva a preguntarnos sobre la causa de los mismos, para que los remedios vayan destinados directamente al origen de los males. Todas las estadísticas apuntan a que la inmensa mayoría de los incendios son debidos a causas directas atribuibles a actividades humanas, a veces malintencionadas y otras irresponsables o accidentales. Las causas naturales explicarían un tanto por ciento reducido de los mismos. Difícilmente la casualidad va a hacer que se produzcan focos numerosos y simultáneos en el territorio (siempre me viene a la cabeza aquellos célebres dirigentes políticos a los que siempre les tocaba la lotería. Como dice la canción “es caprichoso el azar”.
Qué poco se habla de los orígenes de los incendios, a veces hay que leer entre líneas para confirmar las sospechas que te rondan. Se habla de incendio “intencionado” para los provocados por los peligrosos pirómanos. Deberían considerarse “malintencionados” y dar noticias de los autores, auténticos “terroristas ambientales”. Como se hace en otros casos de terrorismo político o de género: revelando claramente la identidad y supuesta motivación personal o corporativista de estos individuos. Con fines claramente de concienciación pública y aviso a navegantes. La investigación y prevención de estos sucesos debiera ser prioritaria. La legislación ejemplarizante y si es necesario reformada para atajar estas conductas tan dañinas.
En el caso de las conductas negligentes, irresponsables o accidentales, debiéramos sacar las oportunas conclusiones para prevenir y evitar la repetición de las mismas y exigir las responsabilidades que correspondan. Detener actividades peligrosas que puedan derivar en incendios, tomar medidas de seguridad en determinadas circunstancias y ser extremadamente prudentes en nuestro comportamiento. A estas dos casuísticas comentadas parecen responder los recientes y descomunales incendios de Ávila, Madrid, Riglos y vaya usted a saber cuántos más.
Actuar sobre estas negligencias de origen humano y reducirlas al mínimo permitiría minimizar los daños materiales y las vidas humanas afectadas y concentrar los esfuerzos para sofocar los incendios que se produzcan de modo natural.
Los humanos tenemos la mala costumbre de escurrir el bulto. Y así muchas veces culpamos al medio natural (fuertemente intervenido en numerosas ocasiones) de nuestras desgracias: el bosque está sucio y de ahí derivan todos los males...y son autoignífugos por lo visto. Ni una sola reflexión sobre el estado de los mismos y su gestión. La mayor parte de los bosques españoles y europeos se encuentran en un estado juvenil o directamente han sido sustituídos y/o degradados por intereses humanos: plantaciones forestales, cultivos, asentamientos etc. No he oído ninguna referencia sobre el significado de los matorrales, como restauradores y favorecedores de la serie de vegetación progresiva y tendente a alcanzar los bosques climácicos correspondientes a sus circunstancias biogeográficas, climáticas o litológicas. Procesos que duran décadas y que muchas veces no llegan a culminarse por nuevos desastres o intervenciones desafortunadas. Entender la dinámica natural, su interacción con el medio y actuar a su favor sería lo lógico, al igual que las buenas restauraciones de arte, minuciosas, se efectúan con un conocimiento y respeto profundo de lo que se va a restaurar. Conservar la riqueza biológica y biodiversidad es un imperativo.
En la naturaleza tropezamos una y otra vez con la pretensión de “dominarla”, de intervenirla, no respetando ni la dinámica vegetal, su potencialidad, ni la importancia del suelo. Sin tener o valorar, en muchas ocasiones, el conocimiento del patrimonio natural que alberga. Y además mezclando maliciosamente o por ignorancia los conceptos de “bosque” y “plantación forestal” (como dice el dicho “los árboles nos impiden ver el bosque”).
Y además considerando “maleza” o “suciedad a limpiar” todo aquello que se aleja de los recursos a extraer. Limpiar los bosques es una expresión torticera, profundamente manipuladora y que deberíamos desterrar o emplearla con exactitud cuando se trate de retirar residuos variados de origen humano.
Ningún vegetal, ninguno, es suciedad. Los vegetales y otros seres como los hongos, interpretan la vida en este planeta de un modo muy diferente a como lo hacemos los animales, son muchísimo más eficaces y equilibrados en su relación con el medio, reciclan con precisión y eficacia los residuos, son la base que nos permite alimentarnos, respirar, calentarnos…. Mejor haríamos en comprenderlos como los seres vivos que son y aprender de sus estrategias, no considerarlos como meros recursos inanimados a nuestro servicio.
2.-Las cabras: Apenas he oído nada al respecto de cómo se interviene en el medio natural. Baste una anécdota: “En una charla de un ingeniero forestal a los futuros guardas forestales de la escuela de Murgía (Álava) se deslizaron ideas como éstas: ”los bosques no se conservan si no se interviene en ellos“. Menuda soberbia e ignorancia la de una especie humana recién llegada al discurrir evolutivo.
El intervencionismo, sin matices, sin conocimiento, puede ser nefasto. Recordemos además que las intervenciones forestales no son en interés de los bosques sino de nuestros propios intereses. Poco aprendimos de los pavorosos incendios de Portugal del 2017, un territorio pésimamente gestionado, donde los bosques naturales son anecdóticos y las plantaciones forestales, de pinos y eucaliptos fundamentalmente, son la tónica. No todos los bosques responden igual ante el fuego, sobre todo si consiguen alcanzar la madurez y preservan mejor la sombra y humedad. El riesgo, además, se acrecienta con estas sucesivas olas de calor sofocante y pertinaces sequías, debido sin duda alguna, al evidente cambio climático. Los pavorosos incendios de Las Landas y La Gironda nos lo vuelven a recordar: casi 200 km de plantaciones ininterrumpidas de Pino marítimo, fuertemente turísticas, en territorios cuyos humedales fueron desecados y cuyo dominio natural pertenece al roble pedunculado y a los relícticos alcornocales, como nos manifiestan los jóvenes ejemplares de estas especies que asoman en el sotobosque del pinar plantado.
Posiblemente, intercalar en esas plantaciones forestales bosquetes maduros de roble o alcornoque tendría un efecto beneficioso y frenaría el efecto “caja de cerillas” de esas plantaciones que arden con tanta facilidad.
Últimamente ha habido noticias de que la Diputación de Álava propone soltar numerosas cabezas de ganado de “forma experimental” en distintos parajes de Álava. Esta iniciativa parece responder a la cantinela reiterada que parece que tener ganado suelto es la solución a los incendios y la gestión forestal. Propuesta, parcial, simplista y claramente oportunista. En lugar de trabajar propuestas bien articuladas, globales, multidisciplinares, se ofrecen este tipo de acciones que simplifican el problema y dan la apariencia de que “tomamos medidas”. Es cierto que un equilibrio del ganado suelto en el medio puede mantener un mosaico de vegetación: bosque-matorral-pasto, que puede ser interesante para la explotación y conservación del medio. Pero teniendo en cuenta otros factores, entre ellos la conservación de la biodiversidad.
Tenemos unos cuantos ejemplos: ahí va uno. Cuando se declaró el Parque Natural de Izki (Álava) y antes de establecer un plan de gestión natural se atrajo al público con cartelería y zona de ocio. Mientras tanto el ganado pisoteaba los arroyos turbosos de las faldas meridionales del monte Kapildui donde viven plantas de gran interés para nuestro patrimonio y que además debieran estar protegidas, como Drosera rotundifolia, D. anglica, D. intermedia, Primula farinosa, Carex davalliana… Hubiera bastado poner unos abrevaderos para satisfacer las necesidades del ganado y proteger las zonas de conservación con vallados de exclusión ganadera. No, el soltar ganado sin un plan global, no siempre es adecuado ni garantiza una buena gestión, a veces es destructivo y en absoluto recomendable.
3.-El tercer subtítulo: (que me perdonen los machos cabríos y sin ánimo de discriminación de género).
Si has llegado a este punto te doy la posibilidad de elegir entre los candidatos a esta categoría: los psicópatas del fuego; los que niegan la realidad y el cambio climático a pesar de la evidencia; los que subordinan a sus intereses electorales este grave problema público e impiden un Pacto Nacional urgente y meditado; los gestores que recortan o malversan recursos de prevención, gestión forestal, educación ambiental y lucha contra el fuego; los que sólo piensan en intervenir a cualquier precio para su beneficio y ven las masas forestales como simple recurso; los que intoxican y repiten mantras y falsedades sin cuestionarse nada e inundan el país de “cuñaos”; los que mantienen en la ignorancia medioambiental a sus ciudadanos…y un amplio abanico que seguro que se os ocurre.
Así doy finalizada mi reseña sobre la película de terror de este verano: “Incendios, mentiras y cintas de vídeo” (2026).
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