Pasar las tardes de verano en un centro comercial para escapar del calor: “Es muy triste no sentirte cómodo en tu hogar”
Son las 20:00 horas de un miércoles de agosto y Lamia Kaidi está sentada en uno de los bancos del centro comercial Màgic Badalona mientras observa a sus hijos jugar en las máquinas recreativas. Este año, por primera vez, la visita se ha convertido en una rutina diaria para esta familia desde que comenzó el verano. “En casa no podemos estar del calor. Aquí, en cambio, se está fresquito y hay cosas que hacer”.
Llegan cada día sobre las 18:00 horas y se marchan a las 22:00 o las 23:00. “Básicamente, hacemos casi lo mismo que haríamos en casa. Miro vídeos de YouTube, leo y me relajo en los bancos mientras mis hijos juegan”, explica. Como ella, no son pocas las familias que hacen uso de este espacio para resguardarse de un calor que no deja de batir récords.
“El cambio climático está haciendo que muchos centros comerciales estén teniendo que asumir funciones para las que no fueron diseñados”, sentencia Mariano A. Pucheta, arquitecto especializado en diseño y gestión ambiental. “Cuando una persona no puede permitirse mantener su casa a una temperatura confortable, es lógico que busque ese confort térmico en otros espacios”, añade.
El coste de mantener una vivienda a una temperatura confortable es el principal motivo que empuja a algunas familias a buscar alternativas. Todo ello en un año donde, según confirmó la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), se ha registrado el mes de julio más caluroso jamás registrado en la historia de nuestro país.
“Vamos con miedo de utilizar el ventilador todo el día, porque gasta mucha electricidad”, explica Luz María Rius, otra vecina de Badalona de 48 años que también acude al centro comercial varios días de la semana para resguardarse del calor. “No me imagino cuánto ascendería la factura si tuviese aire acondicionado”, admite.
Rius también ha observado cómo acudir al centro comercial para pasar la tarde se ha normalizado entre las familias de su entorno, tendencia que reconoce que no ocurría años atrás. “Vemos que venir aquí a pasar la tarde se está convirtiendo en algo cada vez más habitual entre los padres del colegio de nuestros hijos y los vecinos del barrio”, explica.
En su caso, suelen acudir para hacer la compra y terminan alargando la estancia durante varias horas. “A diferencia de en casa, aquí se está a gusto. Es muy triste no sentirte cómodo en tu hogar”.
El Màgic Badalona, como otros centros comerciales en el área metropolitana, forma parte de la Red Metropolitana de Refugios Climáticos. Según la definición del Ayuntamiento de Barcelona, estos son espacios donde las personas pueden protegerse del calor o del frío mientras mantienen su uso habitual.
Pero que un edificio esté climatizado no basta, según A. Pucheta, para convertirlo en un refugio climático. El confort térmico –es decir, que una persona perciba que la temperatura de su entorno es agradable, sin sentir ni demasiado calor ni demasiado frío– es una de las condiciones fundamentales.
Y parece que alcanzar ese confort térmico se está convirtiendo, cada vez más, en un lujo para muchas familias. “En casa, es muy complicado estar a gusto sin aire acondicionado, no me consigo relajar”, explica Pilar Moral, otra vecina de la ciudad que acude prácticamente cada día al centro comercial con su perra, tanto en invierno como en verano. “Pasar aquí la tarde no es lo mismo que estar tranquila en casa, pero al menos se está fresco”, reconoce.
Rius coincide en que el espacio no es equiparable al hogar: “A los niños se les hace pesado estar toda la tarde aquí porque no pueden jugar como en casa. Pero con este calor, lo primordial es que estén fresquitos”.
Para A. Pucheta, precisamente, un refugio climático debería ofrecer algo más que una temperatura agradable. Estos espacios, sostiene, deberían contar con zonas gratuitas de estancia, agua y áreas de descanso, además de prestar especial atención a colectivos vulnerables al calor, como las personas mayores, los niños o quienes tienen problemas de salud.
El reto, según el arquitecto, pasa por adaptar los edificios que ya existen y dotarlos de mejores condiciones espaciales y de confort térmico para que puedan utilizarse como refugios climáticos sin perder su función original. A su juicio, la mayoría de los centros comerciales españoles no están preparados para asumir este papel.
Como referencia pone de ejemplo a la ciudad de Viena, donde algunos centros comerciales, como Huma Eleven o Shopping Center Nord, disponen de refugios climáticos gestionados por la Cruz Roja y ya incluyen varios de estos servicios.
Por otro lado, el atractivo de estos espacios no reside únicamente en la temperatura. Para personas como Moral, también influye la posibilidad de acceder con animales. “A diferencia de otros refugios climáticos, aquí puedo entrar con mi perra, que también lo pasa mal por el calor”, admite.
Además, las personas entrevistadas coinciden en que los centros comerciales son una de las opciones más “entretenidas” para pasar varias horas frente a otros refugios climáticos, como bibliotecas, centros cívicos, polideportivos o parques. Su variedad de servicios y actividades permite hacer más llevadera una estancia prolongada.
Kaidi, por ejemplo, prefiere acudir al centro comercial porque puede combinar distintas actividades: “Puedo mirar tiendas, tomar algo, y los niños pueden jugar en las máquinas recreativas”.
Sin embargo, la principal diferencia de los centros comerciales frente a otros refugios climáticos, es que son espacios privados concebidos, en buena parte, alrededor del consumo. Aunque A. Pucheta considera que un centro comercial no puede tener una vocación social porque “no es su génesis”, opina que su papel debería situarse “en un punto intermedio” entre su actividad comercial y esta nueva función de refugio.
Por eso, cree que los centros comerciales no deberían ignorar el uso que algunas personas ya hacen de ellos. A su juicio, pueden aportar valor al entorno y, al mismo tiempo, obtener un beneficio para su propio modelo de negocio si permiten que la ciudadanía utilice determinados espacios sin sentirse obligada a consumir.
Asimismo, adaptarse al calor no es solo una cuestión de confort para los usuarios, sino también de preparar los edificios para un futuro con temperaturas más altas. A. Pucheta considera que la sostenibilidad ha dejado de ser una cuestión de marketing y se ha convertido en “una forma de proteger el valor de los inmuebles frente al cambio climático”.
De cara a los próximos años, el arquitecto prevé que los centros comerciales tendrán sistemas de climatización más eficientes y más zonas verdes. También cree que será necesario adaptar mejor espacios que ya existen, como galerías, áreas de descanso o zonas familiares, para que puedan funcionar como lugares donde resguardarse del calor sin necesidad de consumir. La idea, sostiene, es que los centros comerciales puedan asumir esta nueva función sin dejar de lado su actividad comercial.
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