Barcelona estrena pulseras para medir el calor de los operarios al aire libre: “Están bien pero se quedan cortas”
Cientos de trabajadores del Ayuntamiento de Barcelona han estrenado en los últimos días pulseras térmicas para evitar golpes de calor. Casi un año después de la muerte de Montse, la operaria de una brigada de limpieza que falleció por exposición a las altas temperaturas, el consistorio ha repartido este dispositivo entre su plantilla al aire libre como prueba para prevenir situaciones de riesgo.
La medida, que afecta sobre todo a las brigadas de limpieza y a las de Parques y Jardines, forma parte de un plan que incluye más descansos y cambios horarios. Pero se ha recibido con cierto escepticismo por parte de los trabajadores, que insisten en que se facilite aire acondicionado en todos los vehículos y una ropa que transpire adecuadamente.
La pulsera es un dispositivo todavía en fase de evaluación, pero que ante el aumento de las temperaturas sirve para detectar cuando el trabajador que la lleva está a punto alcanzar situaciones de estrés térmico. Además de Barcelona, la han incorporado ya en sus plantillas ciudades como Motril, Alcoi o Las Palmas de Gran Canaria.
Las pulseras registran la temperatura corporal del trabajador al inicio de la jornada y, si detectan una subida repentina en un corto periodo de tiempo, emiten una vibración, una señal acústica y una luz de aviso. El objetivo del dispositivo es alertar antes de que el trabajador llegue a una situación de riesgo. En caso de que se encienda, el empleado debe buscar un refugio a la sombra y contactar con su encargado para que le comunique cómo proceder.
“La medida está bien pero se queda muy corta”, sostiene Cristina Pinto, trabajadora de limpieza en la empresa externa FCC –una de las cuatro subcontratas– en Barcelona. Opina que, al pitar la pulsera, esta debería avisar automáticamente al encargado o contactar con los servicios médicos. “En esta situación, el trabajador no debería tener que preocuparse por buscar un refugio climático o por avisar a su encargado”, defiende.
Otro de los aspectos que cuestionan es el uso compartido de las pulseras. Aunque el Ayuntamiento estipula que son de carácter personal, trabajadores de FCC aseguran que en su caso la comparten con compañeros de otros turnos. En otros departamentos, como Parques y Jardines –servicio que no está externalizado– señalan que su pulsera térmica sí es de uso personal.
“No me siento cómodo llevando una pulsera sudada de otra persona, ni aunque la desinfecten”, admite Pau García, delegado del sindicato CGT en FCC, que, sin embargo, reconoce: “Aunque la medida es insuficiente, pienso que si no fuese por el tema de la higiene, estaría bien”.
Aunque hay trabajadores que renuncian a la pulsera, la mayoría opta por llevarla. “Me da un poco de asco pero prefiero priorizar mi salud antes que la higiene”, admite Isabel Romero (nombre ficticio), trabajadora de FCC. A ella le pitó recientemente la pulsera, durante una de sus jornadas. “No me había dado ni cuenta de que me encontraba mal, así que me parece una buena medida de prevención”, celebra
Con todo, añade Romero que hacen falta medidas más efectivas: “Debería complementarse con un protocolo que incluya medidas de prevención aún más amplias”.
Desde CGT, por ejemplo, llevaron a la Inspección de Trabajo el caso de un trabajador de Parques y Jardines sufrió un golpe de calor sin que su aparato pitara. “No siempre funcionan”, señalan. El consistorio, por su parte, asegura que se siguieron los protocolos de seguridad y prevención pertinentes.
En este sentido, una trabajadora opina que el hecho de llevar la pulsera puede dar una “falsa sensación de seguridad”. “Que no te haya pitado la pulsera no debe impedir que, si te encuentras mal, puedas parar y refugiarte en un lugar fresco para recuperarte”, subraya. Y denuncia que, aunque el protocolo establece que los trabajadores pueden refrescarse, hidratarse, ir al baño o descansar si lo necesitan, hay encargados o supervisores que les piden explicaciones constantemente.
Cristina Pinto comparte la misma idea: “Quienes llevamos más tiempo y tenemos el puesto más consolidado no nos da tanto pudor resguardarnos si nos encontramos mal. Pero muchos trabajadores temporales se fuerzan para demostrar que valen y conservar el puesto. Al final, la responsabilidad sobre qué hacer, en todo momento acaba recayendo en el trabajador”.
En cuanto a sus otras demandas para el calor, como la ropa más transpirable, el Ayuntamiento de Barcelona asegura que los trabajadores cuentan con ropa adecuada, pero algunos discrepan. “Se nos queda el sudor pegado al cuerpo y se forma un microclima entre la piel y la ropa. A veces es casi insoportable trabajar así”, asegura Romero.
También critican que los motocarros –los pequeños vehículos eléctricos que utilizan la mayoría de trabajadores– no disponen de aire acondicionado. “Nos dicen que el aire no es necesario, pero si hay un atasco puedes llegar a pasar una hora o más dentro. Y la sensación es la de estar en una caja de metal bajo el sol, es abrasante”, asegura un representante de CGT.
Los trabajadores de Parques y Jardines firmaron a principios de junio un convenio por el que adelantan una hora el comienzo de su jornada laboral y finalizan una hora antes. También trabajan quince minutos menos aunque, cuando pase el verano, deberán compensar esa parte. Sin embargo, a diferencia de los trabajadores de Parques y Jardines, para los empleados de FCC no ha habido cambio alguno en el comienzo de su jornada laboral.
Los empleados denuncian que siguen pasando la mayor parte de la jornada bajo el sol pese a las temperaturas extremas. “Si el 90% de mi trabajo es bajo el sol, por mucho que intente refugiarme, llega un momento en que es imposible protegerse”, lamenta Pinto.
“Cada verano es más difícil trabajar al aire libre y las medidas de prevención tendrán que adaptarse a esta nueva realidad. Necesitamos criterios más claros para saber cuándo es seguro trabajar y cuándo hay que parar”, asegura otra de las empleadas.
El Ayuntamiento de Barcelona dispone de un protocolo para proteger a los trabajadores que desarrollan su actividad al aire libre durante los episodios de altas temperaturas. Según explican fuentes municipales, cuando se activa la alerta naranja o roja, la normativa establece el aumento de pausas durante la jornada y el reajuste de tareas para reducir la exposición al calor. También se prohíbe el trabajo en solitario y se recomienda aplazar las labores físicamente más exigentes o, cuando no sea posible, establecer rotaciones entre el personal para minimizar la exposición al calor.
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