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Opinión - ¿Quién gana cuando Ceuta entra en crisis?, por Alberto Garzón

¿Quién gana cuando Ceuta entra en crisis?

Santiago Abascal ante los medios el pasado 2 de agosto, en Ceuta
19 de agosto de 2026 21:39 h

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La extrema derecha ha subido los decibelios contra Pedro Sánchez y el gobierno de coalición. Se han multiplicado las metáforas belicistas que hablan de una “invasión” y de un “acto de guerra” y que se acompañan de insultos absolutamente ajenos a la mínima decencia. Abascal ha llegado a afirmar que el presidente del gobierno además de traidor y responsable de esta situación es también… la peste. Es obvio que Vox lee la situación de Ceuta como una oportunidad para infligir un daño político al gobierno que ellos quieren rentabilizar electoralmente. No les importa la vida que tantos han perdido por el camino, o las condiciones en las que se encuentran los inmigrantes en estos momentos (en Ceuta y más allá). Su único objetivo es asentar en el imaginario público la idea de que España está siendo invadida por fuerzas extrañas y con la complicidad, cuando no colaboración, de las izquierdas.

Probablemente les funciona, sobre todo en su intento de radicalizar y captar a parte del electorado del PP. Que mantengan durante semanas esta estrategia basada en mentiras e intoxicaciones revela que creen rentable convertir una tragedia humanitaria en una crisis identitaria. Lo de menos (para ellos) es que el proceso tenga también como efecto una sociedad más crispada, engañada y polarizada.

Pero no debemos rasgarnos demasiado las vestiduras, porque sabíamos que esto iba a pasar. También lo sabían tanto Estados Unidos como Marruecos. Al fin y al cabo, Marruecos controla el caudal de entrada en el flujo de inmigrantes y con toda probabilidad esperaba que la entrada de 80.000 personas en Ceuta generara una crisis política. Lo que exactamente aspirara a conseguir es incierto, pero que Marruecos es consciente de los efectos políticos de sus acciones está fuera de toda duda. Hay una vieja máxima del poder que sigue plenamente vigente: divide et impera. La división del adversario constituye por sí misma una victoria política.

A veces se nos olvida algo que deberíamos tenerlo grabado a fuego. En su última estrategia de seguridad nacional, Estados Unidos afirmó literalmente que su objetivo debería ser «ayudar a Europa a corregir su trayectoria actual». Esa «trayectoria» se entiende a la luz del propio documento y de las reiteradas declaraciones de Trump y su entorno, donde la inmigración y la llamada pérdida de la identidad o de la civilización occidental ocupan un lugar central. En esa misma estrategia se afirma también que «América anima a sus aliados políticos en Europa a promover un renacimiento del espíritu» y que «la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos da, en efecto, motivos para un gran optimismo». Con “partidos patrióticos” el gobierno de Estados Unidos se refiere a la extrema derecha, cuyo nacionalismo es contrario a cualquier espíritu europeísta y, en consecuencia, funcional a sus intereses imperiales.

Es decir, tanto Estados Unidos como Marruecos saben que, para hacer valer sus intereses y objetivos, pueden contar con la complicidad de la extrema derecha. Para no llevar a equívocos he de añadir que no hace falta imaginar una coordinación directa o explícita entre Washington, Rabat y la extrema derecha europea. Lo importante es entender que sus intereses pueden converger en un mismo resultado, produciendo igualmente efectos profundamente desestabilizadores. Lo que para Vox es una oportunidad para desgastar al gobierno y tener opciones electorales, para Estados Unidos es una oportunidad de torpedear cualquier proyecto europeo.

El problema es que para a la extrema derecha esta funcionalidad estructural no les preocupa, incluso aunque el precio sea la verdad, la vida de las personas que buscan una vida mejor, la cohesión social y las bases democráticas del país. Es como si todo valiera para que ellos tengan alguna oportunidad para acceder al poder o, como en el caso de Meloni en Italia, para preservarlo. En condiciones normales nadie se creería que el gobierno de España tiene interés en lo que está pasando ahora mismo en Ceuta (o que se benefició de la pandemia, la guerra, los incendios, y hasta de las erupciones volcánicas). Pero no vivimos en condiciones normales, sino en sociedades mediadas por un ecosistema mediático en el que sistemáticamente se repiten estupideces como esas.

La extrema derecha europea resulta ser solo “nacionalista” a la hora de criminalizar y hacer la vida más difícil a los sectores más vulnerables de la sociedad, pero en cuanto toca cuestionar el inmenso poder de las grandes empresas o de Estados Unidos e Israel, rápidamente abandonan su supuesto patriotismo. La historia además nos enseña, aunque no aprendamos, que ser funcional a los intereses geopolíticos de Estados Unidos no es una broma sin consecuencias. La pregunta que debemos hacernos entonces es la siguiente: si de verdad hay traidores en este tablero político, ¿estamos seguros de que están en el gobierno?

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