José Antonio de Aguirre, noventa años del primer lehendakari y de un Gobierno de Euzkadi nacido en plena Guerra Civil
El 7 de octubre de 1936, hace ahora 90 años, José Antonio de Aguirre y Lekube (Bilbao, 1904-París, 1960), del PNV, se convirtió en el primer lehendakari del Gobierno de Euzkadi. Tenía solamente 32 años, había sido diputado en las Cortes Generales republicanas y alcalde de Getxo, y asumió el liderazgo no solamente de un Ejecutivo de coalición con PSOE, PCE, ANV y los republicanos UR e IR, sino el de un país en guerra desde unos meses antes. O de parte de él, porque apenas pudo controlar Bizkaia, algunas zonas del norte de Álava y de la Gipuzkoa occidental. Por ello, también fue plenipotenciario consejero de Defensa.
Aquella Euzkadi operó, en la práctica, como una república independiente, con su propia moneda y pasaportes, con bandera e himno, con selección de fútbol, el deporte que Aguirre practicó en el Athletic Club entre 1921 y 1925, y con Ejército, Policía y espías. Aguirre, católico, moderado y demócrata que firmaba sus cartas con una 'u' que en el presente hay quien se empeña en borrar, pasó al exilio en 1937 con varias etapas que le llevaron a la misma boca del lobo, al Berlín nazi de Adolf Hitler, y más tarde a Nueva York, donde puso el Servicio Vasco de Información (SVI, la agencia de espionaje) al servicio de los aliados. Incluso trabajó con ellos en planes para derrocar el franquismo antes del final de la II Guerra Mundial. Pero se equivocó: la caída de Hitler y del fascismo de Benito Mussolini, con el PNV pactó su rendición en Santoña, no implicó la de Francisco Franco. Aguirre murió en el exilio en 1960 sin ver la recuperación de la democracia y hoy es reconocido como un personaje de gran trascendencia histórica.
Este miércoles, coincidiendo con el nonagésimo aniversario de la constitución de aquella primera Euzkadi, el actual lehendakari, Imanol Pradales, y el resto de lehendakaris vivos, los nacionalistas Juan José Ibarretxe e Iñigo Urkullu y el socialista Patxi López, y familiares de los difuntos Jesús María de Leizaola, Carlos Garaikoetxea y José Antonio Ardanza, rendirán un tributo institucional a la figura de Aguirre en la Casa de Juntas de Gernika, el mismo lugar donde tuvo lugar la jura “ante dios humillado” hace nueve décadas. Asistirán varios centenares de invitados y se recordará igualmente a los otros diez consejeros, entre ellos el republicano Alfredo Espinosa, fusilado en Vitoria un año después.
En paralelo, el Instituto de la Memoria (Gogora) ha editado el libro 'El nacimiento de un Gobierno a través de sus protagonistas. El Gobierno provisional vasco (1936-1937)', dirigido por Mikel Urquijo y María José Villa. Son las biografías de todos los integrantes de aquel Ejecutivo, todos ellos varones, y se puede leer un resumen de todas ellas en el especial que elDiario.es/Euskadi ha venido publicando cada día desde finales de julio.
Aunque los trabajos sobre la figura de Aguirre son muchos, la biografía más reciente es precisamente la de Fernando Martínez Rueda para este libro. En ella, indica que quien sería lehendakari nació “en el seno de una familia burguesa de firmes convicciones católicas y nacionalistas”. Su padre, empresario y abogado, era militante del PNV, un partido fundado en 1895 por un Sabino Arana que fue uno de sus clientes. La compañía familiar se llamaba Chocolates Aguirre, luego renombrada a Chocolates Bilbaínos. Su madre era Bernardina Lekube Aranburu. Ambos progenitores eran de origen guipuzcoano. Tenía nueve hermanos y hermanas, todos ellos menores.
En 1915, los Aguirre se instalaron en Algorta, en Getxo. Aguirre “inició sus estudios en una ikastola” de Bilbao. Cursó el bachillerato en un internado jesuita en la ciudad de Orduña. Siguió en la etapa universitaria en Deusto, donde cursó Derecho, aunque lo compaginó con su carrera como futbolista en el Athletic Club. Según el equipo, disputó once partidos oficiales —con cinco goles marcados— y 32 amistosos. Llegó a proclamarse campeón de España al ganar la Copa del Rey Alfonso XIII en 1923. “Actuaba en el frente de ataque, indistintamente por ambas bandas, tenía una gran visión de juego y destacaba por su capacidad de trabajo y por la calidad que atesoraba en sus botas”, cuenta el club rojiblanco con algunas expresiones que suenan a metáfora de lo que ocurriría algunos años después en la Guerra Civil. En 1926, hizo el servicio militar en el Ejército español en los cuarteles de Garellano, en Bilbao.
“Para entonces ya había olvidado parte del euskera aprendido en la niñez, por lo que decidió estudiarlo de nuevo para recuperarlo”, dice la biografía. Empezó a trabajar como pasante del abogado carlista Esteban Bilbao, más tarde segundo ministro de Justicia de Franco —tomó posesión del cargo en Vitoria, donde estaba ese ministerio— y presidente de las Cortes, entre otros cargos. En 1928 ya abrió su propio despacho, en el 2 de la calle de Iturribide, aunque “de forma simultánea” trabajaba también en la chocolatera familiar. Sostiene este libro que esa empresa fue “pionera en la aplicación de medidas sociales” para la plantilla, pero siempre “en línea con la doctrina social de la Iglesia”.
Precisamente su acendrado catolicismo le hizo iniciar su militancia en círculos religiosos como Acción Católica, la Casa Social de Las Arenas, la Congregación de los Luises o la Asociación Vasca Social Cristiana. Se afilió al PNV durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera. “Aguirre estaba plenamente identificado con el lema sabiniano Jaungoikoa eta Lege-Zarra” o JEL, se indica. El PNV, tras años de escisiones, se reunificó en 1930, en puertas del período republicano. En esos años, Aguirre ejercía de “propagandista” nacionalista.
El período republicano
El 12 de abril de 1931, en las elecciones que desembocaron en la caída de la monarquía, Aguirre fue electo concejal en Getxo. Con 15 de 21 escaños, fue designado alcalde. Ejerció el cargo hasta junio de 1933, cuando dimitió para centrarse en su labor como diputado en las Cortes Generales. Logró ese escaño también en 1931, aunque en circunstancias curiosas. El PNV concurrió en coalición con otras fuerzas tradicionalistas y católicas y Aguirre se presentó en dos circunscripciones, la de Bizkaia y la de Navarra. Sacó el escaño en ambas y eligió representar al territorio donde no había nacido, a Navarra.
Como alcalde y diputado, promovió un Estatuto de autonomía para Euzkadi, conformada por Álava, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra. Era el denominado Estatuto de Estella. En esos primeros bocetos nonatos, una fuerza católica como el PNV mostraba su descontento con el régimen republicano, de corte laico, queriendo que la autonomía vasca tuviera potestad para marcar una línea diferente en relación a la Iglesia católica.
Después llegó otro texto nonato, el Estatuto de las Gestoras, del que ya se cayó Navarra. El 5 de noviembre de 1933 hubo un referéndum para su ratificación en Álava, Bizkaia y Gipuzkoa. Fue la primera vez que las mujeres votaron en España. Pero se frustró porque hubo elecciones generales a los pocos días y se inició el 'bienio negro' republicano, con las derechas en el poder. Aguirre, eso sí, mantuvo un escaño por Bizkaia. Fueron años de tensiones, con una crisis por la vulneración del Concierto Económico con impuestos al vino o incluso del breve encarcelamiento de Aguirre y otros miembros del PNV a finales de 1934.
Llegaron las generales de 1936 y Aguirre mantuvo su escaño. El Frente Popular logró mayoría, la confluencia de fuerzas de izquierdas. Había ya base, al fin, para aprobar el Estatuto. Pero todo cambió en julio. Se produjo la sublevación franquista y Vitoria y Pamplona fueron de las primeras ciudades conquistadas. A las pocas semanas, cayó también Donostia. El territorio vasco quedó reducido a poco más que Bizkaia y aislado del resto de la república. Las instituciones centrales se refugiaron en Valencia. Fue allí donde se aprobó, el 1 de octubre de 1936, el primer Estatuto. Ese día, Aguirre dijo que los católicos estaban siempre contra el fascismo y mostró lealtad a la república española. En ese momento también, un correligionario del PNV, Manuel de Irujo, se convirtió ministro de España, algo que solamente ha ocurrido una vez en la historia.
En plena Guerra Civil, no era posible celebrar elecciones ni configurar un Parlamento. Así, los concejales de los municipios vascos no conquistados fueron convocados el 5 de octubre y eligieron a Aguirre como lehendakari. Recibió un apoyo masivo de los ediles. Obtuvo 291.471 votos —que es la suma de las papeletas recibidas en su día por esos cargos— por sólo 100 de Ramón Madariaga, que se presentó como alternativa. Aguirre conformó un Gobierno de coalición integrado por su partido, el PNV, por otra fuerza nacionalista más progresista, ANV, por el PSOE, por los republicanos UR e IR e incluso con los comunistas del PCE, de los que les separaba ideológicamente un mundo. Solamente el anarquismo quedó fuera, entre las fuerzas leales, de aquella aventura que se iniciaba. Y se reservó para sí no solamente las funciones propias de la Presidencia, como las relaciones exteriores, sino la política de Defensa.
El de Aguirre fue realmente un Gobierno muy limitado y breve. Bilbao fue conquistada en junio de 1937 y antes se produjeron los bombardeos de Durango o Gernika, ejecutados por los hombres de Mussolini y Hitler, cuyos cuarteles generales estaban en Vitoria. Sostiene su biografía más reciente que buscó “humanizar” la guerra, con “canjes de prisioneros” y evacuación de miles y miles de menores al extranjero. La Euzkadi autónoma acogió a los refugiados de la Euzkadi conquistada, sobre todo guipuzcoanos, que llegaron en masa a Bizkaia. El plano militar, Aguirre lanzó una única ofensiva para intentar recuperar Vitoria. Se plasmó en la batalla de Villarreal de Álava (Legutio en euskera). En el plano defensivo, Aguirre mantuvo relaciones tensas con el Ejército republicano y la aviación, por ejemplo, estaba en clara inferioridad ante el poderío franquista, nazi y fascista. El gran punto negro fue la ejecución extrajudicial de presos en Bilbao en enero de 1937. Las cárceles estaban bajo control del Gobierno de Euzkadi y una turba, quejosa de los bombardeos nazis, decidió tomarse la venganza por su mano. Murieron 225 personas. “Somos culpables nosotros. Yo el primero”, dijo el lehendakari.
La sede de la Lendakaritza o Presidencia vasca se fijó en el hotel Carlton de Bilbao, donde se conservan respiraderos en un sótano que funcionó a modo de búnker. De ese tiempo son las bases del autogobierno ahora más reconocible, como la Ertzaintza (Ertzaña, en la época) o incluso los discursos de Navidad o de Gabon que siguen pronunciando los lehendakaris contemporáneos. Ante la inminente conquista, el Gobierno se movió a Trucios, cerca de Cantabria. Después se produjo el pacto de Santoña que otros dirigentes del PNV cerraron con los fascistas y que tanta controversia sigue generando en el presente. La realidad histórica es que Aguirre siguió después combatiendo ese fascismo, aunque ya más alejado de los republicanos. Cuenta el libro que Manuel Azaña, presidente español, dijo de él que lideraba un “Gobernito vasco, derrotado, expulsado de su territorio, sin súbditos”.
Lo hizo empezando en Barcelona hasta que tuvo que cruzar la frontera acompañando a Lluís Companys, presidente catalán y que acabó ejecutado. Ese pudo haber sido también el sino de Aguirre, pero logró huir de la persecución nazi y fascista. Pasó por París. Al estallar la II Guerra Mundial saltó a Bélgica, donde se convirtió en el panameño José Andrés Álvarez Lastra. Siguió la huida en Berlín y en 1941 ya salió de Alemania vía Suecia para instalarse en América.
Con la CIA y el FBI
Con una primera parada en Brasil, consiguió establecerse en Nueva York. Logró un puesto en la Universidad de Columbia e inició un acercamiento a las agencias de inteligencia de Estados Unidos, la CIA (entonces conocida como OSS) y el FBI. Tenían la referencia del trabajo anterior del SVI con el espionaje británico y francés. Aguirre realizó también una gira por América del sur, donde el SVI tuvo estaciones en casi todos los países. En Nueva York estuvo rodeado de Antón de Irala, su leal secretario en Euzkadi y luego en el exilio, por Jesús de Galíndez, luego asesinado, y por Manuel de la Sota. En noviembre de 1942, lanzó una propuesta de cuatro puntos a Estados Unidos para entrar en España y, quién sabe, derrocar a Franco. Se puede ver aquí:
En 1946, perdida la II Guerra Mundial, Aguirre regresó a París. “Barridos el nazismo y el fascismo de los campos de Europa, queda como triste superviviente el general Franco”, señalaba entonces. Promovió desde el exterior huelgas en el interior, en 1947 y 1951, pero la dictadura española era más sólida de lo que creían los demócratas. Jesús Solaun dijo lo siguiente: “Cuando los americanos le volvieron la espalda, se convirtió en un político sin tecla donde poder tocar. Y fue sólo debido a su conducta limpia y a su enorme prestigio personal por lo que pudo representar a Euzkadi en el mundo entero, supliendo con su capacidad humana su obligada incapacidad política”.
Con todo, promovió en 1956 en París el Congreso Mundial Vasco para conmemorar 20 años del Ejecutivo de Euzkadi. Falleció en esa ciudad en 1960, pero sus restos están en San Juan de Luz, cerca de la frontera hispanofrancesa. La Euskadi actual, ya con 's', discute si poner su nombre al aeropuerto de Loiu, aunque “Agirre” tiene numerosas calles y plazas. Su nieta, Amaia, es la alcaldesa de Getxo. “En medio de una guerra terrible, dieron la cara con humanismo y dejaron al margen todo aquello que les separaba por la libertad, la democracia y la justicia social”, ha dicho de aquel primer Gobierno y de Aguirre el actual lehendakari, Pradales. En un año, el 7 de octubre será festivo en memoria de estos acontecimientos.
Sobre este blog
Este espacio recoge las biografías de los pioneros que, en plena Guerra Civil, conformaron el primer Gobierno vasco. Está basado en el libro 'El nacimiento de un Gobierno a través de sus protagonistas. El Gobierno provisional vasco (1936-1937)', coordinado por Mikel Urquijo.
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