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¿Quién se ha creído Rafael Mateos? ¿Acaso el Rey Sol?

La mañana en la que el bulevar amaneció llena de cartelería

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Existe un argumento en la política local que, de tanto repetirse, se ha convertido en una falta de respeto intolerable para la ciudadanía. Lo hemos escuchado en más de una ocasión de boca del alcalde de Cáceres, Rafael Mateos, para justificar la polémica reforma de la avenida Virgen de la Montaña: el proyecto se va a ejecutar porque “es su proyecto” y porque “ya lo dijo en la campaña electoral”.

Pero cabe preguntarse: ¿quién se ha creído este señor para patrimonializar de esa manera el futuro de nuestra ciudad? ¿Desde cuándo el voto de la ciudadanía cacereña otorga el derecho divino de imponer un destrozo urbanístico saltándose el sentido común y el clamor de la calle?

Conviene desmontar el mito del respaldo absoluto que el alcalde esgrime como escudo. Ganar unas elecciones municipales no convierte a nadie en el dueño de Cáceres, ni su programa electoral es una ley sagrada e inmutable. Si analizamos fríamente los datos, el porcentaje de ciudadanos que metió la papeleta del Partido Popular en las urnas representa solo a una parte de la ciudad. Y lo que es aún más sangrante para los planes de la alcaldía: dentro de ese porcentaje de votantes que confiaron en las siglas del PP, existe un número altísimo de vecinos que ya se han manifestado abiertamente en contra de este plan. Hay que llamar a las cosas por su nombre: lo que el Ayuntamiento pretende perpetrar en la avenida no es una “transformación”, es una destrucción en toda regla.

Es profundamente indignante que la respuesta a las críticas de los vecinos sea el orden y mando. ¿Quién se ha creído que es Rafael Mateos? ¿El Rey Sol? Aquel monarca absoluto pasó a la historia por su célebre frase “el Estado soy yo”. Hoy, en pleno siglo XXI, parece que el alcalde de Cáceres pretende emularlo aplicando un rancio “la ciudad soy yo y aquí se hace lo que a mí me dé la gana”.

La soberbia en política siempre se acaba pagando en las urnas. Confundir el sillón municipal con un trono desde el que gobernar de espaldas es un error histórico. Menos humos, señor Mateos, y escuche más a los cacereños y a las cacereñas. La avenida Virgen de la Montaña es el patrimonio de toda una ciudad, no el capricho personal de su alcalde.

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