Discurso de odio
Lo peor del debate de investidura de María Guardiola en la Asamblea de Extremadura ha sido comprobar cómo Vox ha impuesto su discurso: un discurso de odio y exclusión hacia los diferentes, hacia los de fuera. Un discurso burdo, remedo del de Trump y de sus congéneres de la internacional ultraderechista —America first / Prioridad nacional; Servicio de Control de Inmigración ICE / Unidad Administrativa de Verificación del fraude prestacional, del padrón y la residencia; Expulsión de inmigrantes / Devolución de los menas— que culmina en la miserable supresión del programa de lengua árabe y cultura marroquí que se imparte desde hace años en dos colegios públicos de Talayuela.
El discurso xenófobo y de odio de Vox —asumido por el PP en Extremadura y Aragón, y pronto en España— ya está teniendo consecuencias. “Stop a la invasión”, decía la pintada aparecida en Almendralejo en las paredes de la sede de la Fundación Ruy López, un espacio de convivencia, ayuda y aprendizaje, conocido por muchos vecinos y vecinas como un lugar de dignidad. ¿Invasión de quiénes? ¿De los centenares de rumanos —ciudadanos de la Unión Europea— que desde hace décadas viven en Almendralejo y sostienen las campañas de uva y aceituna en Tierra de Barros? ¿De las familias marroquíes asentadas desde hace años en Talayuela y Jaraíz de la Vera, gracias a las cuales se mantienen los cultivos de tabaco y pimiento en Campo Arañuelo y La Vera? ¿De las mujeres sudamericanas que cuidan y acompañan a nuestros mayores en pueblos y ciudades?
Después de reír, llorar y divertirse en el Anfiteatro Romano de Mérida —como reivindicó al salir del hemiciclo con su investidura bajo el brazo—, María Guardiola tendrá que aterrizar. Tal vez entonces reflexione sobre el “lío” (Juanma dixit) en el que se ha metido. Si no lo hace, más pronto que tarde se dará de bruces con la realidad: una realidad dura, con menos vídeos preciosos y más peleas con su socio, ese que invoca al Altísimo para decidir el diámetro de los aros y que, cuando Abascal lo ordene, devolverá a Guardiola a la casilla de la que intentó salir en octubre del año pasado.
El PP —Núñez Feijóo, Guardiola, Azcón, pronto Fernández Mañueco y seguramente Moreno Bonilla— ha claudicado y da alas a quienes no pretenden cogobernar, sino imponer una política que solo puede traer dolor y desgracias.