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La movilización social logra una nueva suspensión del desahucio de la activista Paca Blanco

Paca y Maricarmen, en una manifestación en Madrid
14 de octubre de 2026 14:45 h

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La presión social ha logrado frenar de nuevo el desahucio de Paca Blanco. Alejandra Jacinto, abogada de la activista ecologista y feminista, ha sido informada este miércoles de que el juzgado ha suspendido durante 60 días el procedimiento, aplazando así el lanzamiento previsto para el próximo 30 de noviembre. Las organizaciones que respaldan a Blanco atribuyen esta decisión a la movilización social y advierten de que la suspensión no garantiza aún su permanencia en la vivienda.

Ecologistas en Acción, Anticapitalistas y diversas organizaciones del movimiento por la vivienda, entre ellas el Sindicato de Inquilinas y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), reclaman al Ayuntamiento de Madrid y a la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS) una solución definitiva que regularice su situación contractual y le permita acceder a un alquiler social ajustado a sus ingresos.

Más de diez años en una vivienda pública

Blanco reside desde hace más de una década en una vivienda pública de la EMVS a la que se trasladó junto a su hijo, adjudicatario original del piso. Cuando él se marchó, comenzó a solicitar la subrogación del contrato para regularizar su situación. Según las organizaciones que la respaldan, durante estos años ha tratado de conseguir una respuesta institucional y ha abonado el alquiler.

Para los colectivos, encadenar suspensiones sin resolver el conflicto prolonga la incertidumbre y el desgaste de vivir bajo la amenaza de perder la casa. La nueva paralización concede un margen de tiempo, pero no ofrece garantías de estabilidad residencial ni evita que la activista vuelva a enfrentarse a un posible lanzamiento.

Más de 150 organizaciones y colectivos de todo el Estado, entre ellos sindicatos, movimientos por la vivienda, entidades ecologistas, asociaciones vecinales y colectivos de pensionistas, han respaldado un manifiesto en su apoyo. Esta red consiguió frenar un intento anterior de desahucio y mantiene la movilización para exigir una solución estable.

El comunicado vincula también la urgencia de esta reivindicación con la muerte de Maricarmen, de 87 años, la semana pasada. Las organizaciones han señalado este caso al denunciar el sufrimiento que padecen las personas que viven bajo la amenaza de perder su vivienda. En su denuncia incluyen asimismo a Mariano y a otras personas desahuciadas o en riesgo de serlo.

Una trayectoria marcada por las luchas ecologistas y feministas

La amenaza de desahucio afecta a una mujer cuya trayectoria pública está ligada a décadas de activismo social. Paca Blanco es una militante histórica de Ecologistas en Acción y Anticapitalistas y ha participado en luchas ecologistas, feministas, antinucleares y por el derecho a la vivienda.

Su historia también está marcada por experiencias de precariedad y represión. Durante su juventud sufrió el internamiento forzado en instituciones del Patronato de Protección a la Mujer, el organismo franquista que sometió a miles de jóvenes a un sistema de control moral y social.

Años después, Blanco fue expulsada de su vivienda en El Gordo, en Extremadura, cuando era coordinadora de Ecologistas en Acción en ese territorio y encabezaba la oposición al complejo de lujo Marina Isla de Valdecañas.

Ahora vuelve a enfrentarse a la posibilidad de perder su hogar. Las organizaciones que la acompañan advierten de las consecuencias que un desahucio podría tener sobre su autonomía y sus condiciones de vida. Consideran que su caso trasciende la situación individual de la activista y pone de manifiesto las dificultades para garantizar el derecho a la vivienda, incluso en el ámbito de la vivienda pública.

La suspensión de 60 días vuelve a aplazar el lanzamiento, pero deja pendiente la solución de fondo. Las organizaciones han anunciado que mantendrán la movilización hasta que Blanco tenga garantizada su permanencia en la vivienda.

La propia activista resume el desgaste que le provoca esta situación como una montaña rusa emocional: “Me dan bajones, ataques de ansiedad y estoy muy medicada; por otra parte, cuando veo el apoyo me dan subidones y así estoy”.

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