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Réquiem por Xosé Manuel Beiras

El histórico nacionalista gallego Xosé Manuel Beiras abraza a Martiño Noriega, exalcalde de Santiago de Compostela y médico

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Pongo estas letras sobre el papel buscando inmunizarme contra mi profundo dolor en este país que entierra mejor de lo que trata en vida. Tú que habías llegado a este mundo en Compostela en los estertores de la II República. “Con el Frente Popular”, te gustaba repetir. Y tú, que habías sido criado por el exilio interior en el legado de la Xeración Nós y las Irmandades da Fala, decides ahora partir en este presente repleto de amenazas autoritarias. Tú que nos habías enseñado que la historia no se repite cíclicamente, pero sí tiene vasos comunicantes con la tangente de la espiral que nos conecta con el pasado. “El sistema mundo es un enorme manicomio controlado por sátrapas o sádicos” o “va siendo hora de que os preparéis para hacer política en la semiclandestinidad”, eran algunas de las frases que nos decías en las reuniones de los últimos tiempos.

Cuando hace más de tres décadas tuve la oportunidad de comenzar a tratarte personalmente, tú ya eras, tú ya hicieras. Abdico por lo tanto de participar en el eterno debate alrededor de tu figura humana y que, a veces, nos separó de tu legado intelectual y político. No tengo duda de que, con el paso de los años, éste se instalará en la historia y en el tiempo, influyendo en el pensamiento de las futuras generaciones y nutriendo el cuerpo de la izquierda, el soberanismo gallego y el país en su conjunto.

Fuiste para siempre el alumno del maestro Pereira, el Presidente que merecemos y nunca tuvimos, un economista con vocación docente ejerciendo dede túa cátedra en la Universidad de Santiago de Compostela, un extraordinario portavoz parlamentario zapato en mano que todas deseábamos escuchar, y la persona que ayudó a fundar y lideró el Partido Socialista Galego, el Bloque Naacionalista Galego y Anova-Irmandade Nacionalista, espacio en el que militaste activamente hasta tus últimos días. Dentro de tus múltiples facetas la de la escritura y la traducción no fue menor. Con tu libro O atraso económico de Galicia inauguraste el campo del pensamiento económico gallego contemporáneo y, desde Pepiño (Conto) en 1953 hasta Retratos en fite en 2022, dejaste una estela de obras individuales y colectivas que ocuparán un lugar señalado en el universo literario gallego.

Lo que la gente del común no sabe, Xose, es el hecho de que la música siempre fue tu refugio, alimento y medicina. Te he comentado en alguna ocasión que con el paso de los años lleguñe a entender que toda tu praxis académica, literaria y política fue en síntesis la interpretación de una partitura con su silencio, su pausa y su rubato al servicio del país. Una escucha del Réquiem de Verdi en compañía de tu madre detonó el inicio de la recuperación de tu bajada a los infiernos a finales de los 70, y las melodías que cada día interpretabas en tu piano de la Reboraina de Aguiar se convirtieron en píldoras contra la soledad y el door tras la marcha de Aurichu, tu amor libérrimo de Madrugada. Los Sonetos de Petrarca de Liszt, las sinfonías de Beethoven, el intermezzo de Brahms o tu inseparable Alfonsina de Ariel Ramírez ejercieron de antídoto contra el mal de aire. Las limitaciones físicas de los últimos tiempos y la imposibilidad de posar los dedos en el teclado para arrancar notas fueron el preludio de la renuncia de Beiras en vida. O Beiras que dejaba de ser O Beiras.

“A Madrid solo de embajador”

Cada vez que te preguntaban si ibas a ser diputado en Madrid, respondías diciendo “a Madrid solo iré en condición de embajador”. Tu biografía desde la juventud está enraizada en esa vocación diplomática en la defensa de un ideal por esa “Galiza verdencente espranza”. De hecho, transitaste tres tercios del siglo XX y un tercio del siglo XXI en contacto con los vientos justos del cambio al servicio de nuestra tierra, etendiendo que a veces soplaban desde otras partes del mundo. Fuiste el principito del galegguismo piñeirista, el estudiante que junto a Ferro y Mourullo rompió con este por la izquierda, el fan de las representaciones de María Casares en París, deudor de la obra de Sartre, Camus o Memmi, el líder gallego de un traicionado socialismo ibérico, uno de los muchos excluidos por el pacto bajo cuerda de la Transición, el fascinante portavoz de ese Frente Amplio que el BNG quiso ser en los 90, la antítesis de Fraga, el amigo de poetas, músicos y pintores, el representante patrio de las excluidas en el altermundismo, el retratado con palabras por Galeano, y el que más arriesgó en la década de los años diez para construir un espacio de Unidad Popular que respetase el derecho de las diferentes naciones del Estado a decidir su futuro.

Durante el trecho de vida en que tuve la suerte de coincidir contigo, aprendí mucho más del hombre caído y libre que del hombre triunfante y condicionado por las responsabilidades. Pudiendo elegir, optaste por alistarte de corazón con las condenadas históricamente a perder, escogiendo no acomodarte. Fue entonces cuando descubrí a la persona escondida detrás del personaje, esa dimensión desconocida de una figura pública única e irrepetible. Tan solo por eso soy alguien afortunado.

La línea del horizonte anticipa un invierno que insiste en robarle las hojas del calendario al otoño. Vivimos en un lugar de dos estaciones con la lluvia como lágrimas para esta despedida. Tu vida habla del mito de Sísifo, aquel que experimentó la libertad cuando acabó de empujar la roca unos momentos antes de comenzar de nuevo. Ahora nos toca a nosotros continuar.

Por las calles de nuestra historia marcha lentamente nuestro Comandante sin ejército para una revolución.

Xosé Manuel Beiras toca el ñpiano en su casa de Brión (Galicia)

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