Los Franco dejarán en Meirás los blasones del ducado creado por el rey Juan Carlos para honrar al dictador

Paola Obelleiro

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En noviembre de 1975, seis días después de fallecer Francisco Franco y cuatro tras ser proclamado Rey de España, Juan Carlos I decidió honrar la memoria del dictador creando y otorgando a su única hija, Carmen, un título nobiliario con grandeza de España, el Ducado de Franco. Pero los herederos del general golpista, en su largo y complejo litigio con el Estado por quedarse con los bienes que atesora el Pazo de Meirás, van a verse obligados a renunciar a la propiedad de los tres blasones de piedra del ducado que adornan los jardines y la fachada principal de la fortaleza enclavada en Sada (A Coruña).

La novela de Pardo Bazán en la que se apoya la Xunta para oponerse a las pretensiones de los Franco en Meirás

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Resulta imposible quitarlos sin dañarlos de la propiedad que, por sentencia judicial, fue devuelta al Estado en diciembre de 2020, tras 82 años de ocupación franquista, según alerta un informe pericial encargado por los Franco y al que ha tenido acceso elDiario.es.

Los nietos del dictador tampoco podrán meter en los camiones de una mudanza que sigue, de momento, suspendida por orden judicial, el monolito de piedra que conmemora la visita de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia a Meirás en 1923. Una visita real que nada tuvo que ver con Franco, que se haría con la propiedad ideada por Emilia Pardo Bazán 15 años después. Desmontar esa pieza conmemorativa y trasladarla de los jardines de Meirás “no se recomienda dado que probablemente sufra daños considerables”, advierte el informe redactado, a petición de la familia Franco, por el arquitecto Ramón Blas Tojo.

Otro de los 55 bienes que pretendían recuperar los nietos del dictador y al que también deberán renunciar para evitar su destrucción es el cordobán que luce el altar de la capilla del pazo. Se trata de una destacada pieza de piel curtida del siglo XVIII que Pardo Bazán encargó específicamente para el lugar donde sigue hoy en día. “El estado del cuero, demasiado seco y cuarteado en alguna zona, no aconseja su manipulación”, concluye el informe pericial.

Pero técnicamente, los otros 50 bienes que la familia Franco reclama como suyos, independientemente de si son de la época de la creadora y primera propietaria de Meirás o de su posterior reconversión en mansión veraniega de la dictadura, pueden “cambiar de emplazamiento” y ser traslados “sin problema alguno”, concluye ese dictamen de parte. Un documento que los nietos del general golpista defenderán en la vista judicial, ahora aplazada sin fecha por tercera vez, en la que se determinará qué bienes forman parte o no del pazo de Meirás, tras su restitución al Patrimonio público.

El Estado, junto con las demás administraciones implicadas (Xunta de Galicia, Diputación de A Coruña y los ayuntamientos de Sada y A Coruña), defienden, con sus respectivos informes periciales, que los bienes, muchos de ellos artísticos e históricos, forman “parte integrante” del inmueble declarado desde 2008 Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de sitio histórico y son, por lo tanto, “inseparables” de la fortaleza de tres torres. Los poderes públicos aseguran que esas 50 piezas y objetos reclamados por los descendientes del dictador conforman conjuntos esenciales en la configuración cultural y funcional de la mansión y sus jardines, tanto durante la etapa de su creadora que los ideó como fiel reflejo de su doble condición de condesa y escritora, como a partir de 1938, cuando fueron reconvertidos en residencia veraniega del caudillo. Durante los casi 40 de dictadura, Meirás fue gestionado a semejanza del Palacio del Pardo en Madrid, según recoge la histórica sentencia que devolvió al patrimonio público la propiedad.

Pero los Franco reivindican poder llevarse numerosas esculturas antiguas que decoran los jardines, como las figuras que representan a los santos Santiago, Pablo, Francisco, Cristóbal y Andrés, históricos relojes de sol e incluso pilas bautismales del medievo reconvertidas en vulgares jardineras. Defienden también los nietos del caudillo su derecho a quitar casi todos los elementos de la capilla de Meirás, ideada personalmente por Pardo Bazán, como las 14 figuras que ornan su retablo barroco del siglo XVII, un enorme Cristo de tamaño y pelo natural, o incluso el sepulcro de inspiración medieval que la escritora había diseñado para albergar sus restos pero que permanece vacío. Desmontar un lavabo de la marca Roca, adornado de flores rosas y que integra el cuarto de aseo personal de Franco, o las alfombras pasilleras de escaleras interiores, o la enorme puerta de madera maciza tallada forman parte también de los planes de mudanza de los Franco.

Es la nieta mayor del dictador, Carmen Martínez-Bordiú Franco, la que ostenta el título de duquesa de Franco. Tras la muerte de su madre en 2017, y en contra del deseo de su hermano Francis, reclamó y obtuvo el título nobiliario. Le fue concedido el 31 de mayo 2018, justo en vísperas de que Pedro Sánchez desbancase a Mariano Rajoy del Gobierno. Entre los planes del actual Ejecutivo, está revisar la validez de ese titulo nobiliario. En todo caso, los blasones que lo representan y que en la actualidad adornan los jardines y la fachada principal de Meirás parecen abocados a permanecer en el pazo.

En noviembre de 1975, seis días después de fallecer Francisco Franco y cuatro tras ser proclamado Rey de España, Juan Carlos I decidió honrar la memoria del dictador creando y otorgando a su única hija, Carmen, un título nobiliario con grandeza de España, el Ducado de Franco. Pero los herederos del general golpista, en su largo y complejo litigio con el Estado por quedarse con los bienes que atesora el Pazo de Meirás, van a verse obligados a renunciar a la propiedad de los tres blasones de piedra del ducado que adornan los jardines y la fachada principal de la fortaleza enclavada en Sada (A Coruña).

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Los nietos del dictador tampoco podrán meter en los camiones de una mudanza que sigue, de momento, suspendida por orden judicial, el monolito de piedra que conmemora la visita de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia a Meirás en 1923. Una visita real que nada tuvo que ver con Franco, que se haría con la propiedad ideada por Emilia Pardo Bazán 15 años después. Desmontar esa pieza conmemorativa y trasladarla de los jardines de Meirás “no se recomienda dado que probablemente sufra daños considerables”, advierte el informe redactado, a petición de la familia Franco, por el arquitecto Ramón Blas Tojo.

Otro de los 55 bienes que pretendían recuperar los nietos del dictador y al que también deberán renunciar para evitar su destrucción es el cordobán que luce el altar de la capilla del pazo. Se trata de una destacada pieza de piel curtida del siglo XVIII que Pardo Bazán encargó específicamente para el lugar donde sigue hoy en día. “El estado del cuero, demasiado seco y cuarteado en alguna zona, no aconseja su manipulación”, concluye el informe pericial.

Pero técnicamente, los otros 50 bienes que la familia Franco reclama como suyos, independientemente de si son de la época de la creadora y primera propietaria de Meirás o de su posterior reconversión en mansión veraniega de la dictadura, pueden “cambiar de emplazamiento” y ser traslados “sin problema alguno”, concluye ese dictamen de parte. Un documento que los nietos del general golpista defenderán en la vista judicial, ahora aplazada sin fecha por tercera vez, en la que se determinará qué bienes forman parte o no del pazo de Meirás, tras su restitución al Patrimonio público.

El Estado, junto con las demás administraciones implicadas (Xunta de Galicia, Diputación de A Coruña y los ayuntamientos de Sada y A Coruña), defienden, con sus respectivos informes periciales, que los bienes, muchos de ellos artísticos e históricos, forman “parte integrante” del inmueble declarado desde 2008 Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de sitio histórico y son, por lo tanto, “inseparables” de la fortaleza de tres torres. Los poderes públicos aseguran que esas 50 piezas y objetos reclamados por los descendientes del dictador conforman conjuntos esenciales en la configuración cultural y funcional de la mansión y sus jardines, tanto durante la etapa de su creadora que los ideó como fiel reflejo de su doble condición de condesa y escritora, como a partir de 1938, cuando fueron reconvertidos en residencia veraniega del caudillo. Durante los casi 40 de dictadura, Meirás fue gestionado a semejanza del Palacio del Pardo en Madrid, según recoge la histórica sentencia que devolvió al patrimonio público la propiedad.

Pero los Franco reivindican poder llevarse numerosas esculturas antiguas que decoran los jardines, como las figuras que representan a los santos Santiago, Pablo, Francisco, Cristóbal y Andrés, históricos relojes de sol e incluso pilas bautismales del medievo reconvertidas en vulgares jardineras. Defienden también los nietos del caudillo su derecho a quitar casi todos los elementos de la capilla de Meirás, ideada personalmente por Pardo Bazán, como las 14 figuras que ornan su retablo barroco del siglo XVII, un enorme Cristo de tamaño y pelo natural, o incluso el sepulcro de inspiración medieval que la escritora había diseñado para albergar sus restos pero que permanece vacío. Desmontar un lavabo de la marca Roca, adornado de flores rosas y que integra el cuarto de aseo personal de Franco, o las alfombras pasilleras de escaleras interiores, o la enorme puerta de madera maciza tallada forman parte también de los planes de mudanza de los Franco.

Es la nieta mayor del dictador, Carmen Martínez-Bordiú Franco, la que ostenta el título de duquesa de Franco. Tras la muerte de su madre en 2017, y en contra del deseo de su hermano Francis, reclamó y obtuvo el título nobiliario. Le fue concedido el 31 de mayo 2018, justo en vísperas de que Pedro Sánchez desbancase a Mariano Rajoy del Gobierno. Entre los planes del actual Ejecutivo, está revisar la validez de ese titulo nobiliario. En todo caso, los blasones que lo representan y que en la actualidad adornan los jardines y la fachada principal de Meirás parecen abocados a permanecer en el pazo.

En noviembre de 1975, seis días después de fallecer Francisco Franco y cuatro tras ser proclamado Rey de España, Juan Carlos I decidió honrar la memoria del dictador creando y otorgando a su única hija, Carmen, un título nobiliario con grandeza de España, el Ducado de Franco. Pero los herederos del general golpista, en su largo y complejo litigio con el Estado por quedarse con los bienes que atesora el Pazo de Meirás, van a verse obligados a renunciar a la propiedad de los tres blasones de piedra del ducado que adornan los jardines y la fachada principal de la fortaleza enclavada en Sada (A Coruña).

La novela de Pardo Bazán en la que se apoya la Xunta para oponerse a las pretensiones de los Franco en Meirás

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Resulta imposible quitarlos sin dañarlos de la propiedad que, por sentencia judicial, fue devuelta al Estado en diciembre de 2020, tras 82 años de ocupación franquista, según alerta un informe pericial encargado por los Franco y al que ha tenido acceso elDiario.es.