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Fronteras insuperables en la izquierda alemana

Los socialdemócratas se niegan a pactar con Die Linke, el partido originado a partir de los comunistas de la antigua RDA

El veto puede originar otro Gobierno de gran coalición de democristianos y socialdemócratas; las diferencias ideológicas entre ellos no son muy profundas

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Merkel se dirige por carta a cinco millones de electores pidiendo el voto

La división de la izquierda alemana pone las cosas fáciles a Merkel.

Doce candidatos luchan por la victoria. Uno habló a cámara abierta sobre sus problemas de adicción. Otro llama la atención con su vocabulario grotesco lleno de palabrotas. Un tercero asegura que sus canciones provocaron la la caída del muro de Berlín. La edición actual de Gran Hermano, que se emite en la televisión estos días, parece despertar tan poco interés en los alemanes como la actual campaña electoral.

La lucha por el poder político nada tiene que envidiar al reality show que se emite en paralelo: acusaciones de pedofilia en el seno del partido de Los Verdes, se sospecha que el candidato socialdemócrata contrató a una limpiadora en negro, neonazis atacan sedes de La Izquierda y bajo el Gobierno de Merkel se siguieron mandando parte de las hasta 137 toneladas de material químico que Siria ha recibido desde Alemania. Nada parece despertar a los alemanes de su letargo político.

En realidad, las elecciones en el país más poderoso de la eurozona pueden ponerse interesantes estos últimos días, ya que una coalición de centroizquierda formada por socialdemócratas del SPD, Los Verdes y Die Linke (La Izquierda) estaría en condiciones de arrebatar el poder a Merkel el próximo domingo.

Pero los socialdemócratas se oponen frontalmente. Todos los sondeos anuncian una victoria con un 40% de los votos para el partido de la actual canciller, la Unión Cristianodemócrata, CDU, que se presenta junto con su aliado bávaro, la Unión Social Cristiana, CSU. Para formar gobierno necesitará una coalición. Su actual socio, el partido liberal FDP, cae casi diez puntos porcentuales e incluso en algunas encuestas queda fuera del parlamento.

Solo el hecho de que CDU y FDP podrían no conseguir la mayoría absoluta, ha levantado el porcentaje de alemanes que en las últimas semanas han discutido de política de un 29% a un 49%.

El SPD no quiere pactar con Die Linke

En la oposición, los socialdemócratas conseguirían una leve subida de uno o dos puntos, llegando al 28%. El SPD ha asegurado que la única opción que contempla sería una coalición con el partido de Los Verdes (Die Grüne). Pero esta coalición, que conseguiría el 39% de los votos, no tendría suficiente fuerza para desbancar a Merkel. De pactar con Die Linke no quieren ni oír hablar.

El candidato socialdemócrata Peer Steinbrück aseguró en un duelo televisivo con la canciller que no pactará con Die Linke porque según él, es un partido que en su interior tiene tres divisiones. Una rama del este, que sería capaz de gobernar de forma responsable. Un segundo grupo es una plataforma comunista, aunque esta corriente es marginal y muy reducida dentro del partido. Por último habló Steinbrück de un grupo sectario del oeste que él conoce de sus "tiempos de estudiante". Steinbrück asegura que la política económica que La Izquierda propone es irrealizable.

El rechazo de los socialdemócratas a un Gobierno con Die Linke tiene una larga tradición. Después de que el partido en el poder en la RDA, el Partido Socialista Unificado Alemán, SED, se transformase en el PDS a raíz de la revolución pacífica que llevó al derribo del muro de Berlín, el SPD se encontró con una competencia a nivel nacional en su espectro de la izquierda. Para el SPD este partido representaba la represión socialdemócrata en el este de Alemania y ya entonces se opusieron a gobernar en coalición con ellos. Sin embargo, a nivel regional sí que han realizado alianzas, ya que sin la fuerza del PDS les habría sido imposible gobernar en algunas zonas orientales.

En el 2007 se fusionó este partido oriental con la plataforma de izquierdas Alternativa Electoral por el Trabajo y la Justicia Social (WASG), surgida en el oeste a raíz del descontento por las medidas liberales del Gobierno de Schröder, la llamada agenda 2010. Su principal representante, Oskar Lafontaine, había sido ministro socialdemócrata de Finanzas de Schröder. Aquello fue visto como una traición. Lafontaine se ha retirado de la política pero el estigma sobre Die Linke sigue impidiendo al SPD pensar en una coalición de izquierdas.

"Sería irresponsable con Europa", aseguraba el líder del SPD. Precisamente en relación a la crisis de la eurozona ambos partidos mantienen posiciones enfrentadas. Mientras Steinbrück ha votado en el Parlamento siempre a favor de la austeridad promovida por Merkel y habla de "consolidación fiscal", ahora en campaña electoral propone como contrapartida un "Plan Marshall II" que estimule las economías del sur.

Die Linke, por el contrario, ha criticado que no se lleve a cabo una quita de la deuda, sobre todo de la griega. En su programa se muestran reacios a salvar de nuevo a los bancos y proponen la creación de un fondo europeo para préstamos públicos. También quieren anular los recortes llevados a cabo en la UE a raíz de la espiral de la deuda.

Una gran coalición

En aquel debate televisivo, Merkel se mostraba a favor de repetir coalición con los liberales. Tras la salida de estos del Parlamento regional de Baviera el pasado domingo, la posibilidad de una gran coalición con el SPD parece más cercana, como ocurrió en 2005, con Merkel al frente del gobierno.

Las propuestas del SPD y de los conservadores para estas elecciones tienen solo matices diferenciados. Ambos han hecho campaña por un salario mínimo. Ambos creen en la economía social de mercado. Ambos aseguran que llevarán a cabo los cambios necesarios para afrontar el cambio climático. El votante alemán tiene dificultad para distinguir las propuestas de uno y otro partido, y ya puestos, prefieren a la canciller, a quien ya conocen y que les ha vendido muy bien una idea de estabilidad intocable en medio de la crisis de la eurozona.

Muchos temen que una gran coalición entre CDU y SPD consiga desmantelar aún más el Estado del bienestar alemán, como ya ocurriese con el Gobierno de SPD y verdes de Gerhard Schröder, porque de ese modo se evitaría la protesta en las calles: "El SPD tiene detrás a los sindicatos y a una parte importante de la clase media y cuando ellos hacen recortes, estos los aceptan como inevitables", explica un redactor de un periódico de izquierdas.

Tanto Merkel como Steinbrück pactarían gustosos con Los Verdes, cuya indefinición en determinados aspectos le convierte en el candidato ideal. Sin embargo, la ligera subida de Los Verdes hasta el 11% en intención de voto no bastaría para formar coalición de gobierno con el SPD. Los Verdes no le hacen ascos a una coalición con los conservadores alemanes, de hecho, ya han realizado coaliciones de estas características a nivel regional. Merkel, sin embargo, se anda con pies de plomo con los ecologistas, pues su partido ha copiado parte del programa de política energética verde, sobre todo tras la catástrofe de Fukushima, pero las consecuencias de la aplicación de dichas medidas están pasando una abultada factura de la luz a los alemanes.

Las condiciones de La Izquierda

La Izquierda (Die Linke) sí que estaría dispuesta a realizar una coalición con el partido socialdemócrata, tal como explicaba una de los ocho candidatos que ha presentado el partido a las elecciones generales, Katja Kipping, el pasado 4 de septiembre en la sede de su partido. Sin embargo, ponen condiciones: "Para formar una coalición, el SPD debería aceptar y aplicar nuestro programa electoral". Consciente de la dificultad de implementar todas las medidas propuestas, explicaba a la prensa que el partido se ha marcado cinco líneas rojas que el SPD no podría traspasar para que ellos aceptasen dicha coalición.

La primera sería que no continúen desmantelando el Estado del bienestar. La segunda es que acaben con el sector privado en cuestiones que ellos consideran que han de ser públicas, como las redes energéticas o el agua. La tercera es traer a casa a las tropas que se encuentran en Afganistán y no entrar en otro conflicto con las mismas características. La introduccción de un salario mínimo, que La Izquierda ha establecido en mínimo 10 euros/hora es la cuarta de las condiciones. Por último, piden la aplicación de un impuesto a las fortunas, lo que no sería problemático, ya que el SPD también lo contempla en su programa.

Uno de los puntos mas polémicos del programa de Die Linke es la interrupción de las exportaciones de armas, que tantos dividendos proporciona a la economía alemana, y barajar la salida de la OTAN, dos puntos muy alejados de la agenda cuasiconservadora de los socialdemócratas.

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