La campaña de Le Pen obliga a Francia a afrontar el debate de la identidad nacional y el racismo
En su piso en un suburbio al norte de Paris, Hanane Charrihi mira una foto de su madre Fátima. “Su muerte nos demuestra que ahora más que nunca necesitamos tolerancia”, afirma. “En Francia hay tolerancia, pero a veces parece que aquellos que están en contra de ella gritan más fuerte y obtienen mayor difusión”.
Fatima Charrihi, una abuela musulmana de 59 años, fue la primera de las 86 personas asesinadas en el ataque terrorista en Niza el verano pasado, cuando un hombre al volante de un camión atropelló a la gente que estaba viendo los fuegos artificiales del Día de la Bastilla. La mujer había salido de su piso para ir al paseo marítimo a tomar un helado con sus nietos. Llevaba un hiyab y fue la primera persona a la que el conductor golpeó en ese horroroso ataque que el ISIS se atribuyó.