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Indignación y solidaridad en Minneapolis para plantar cara al autoritarismo de Trump tras el último asesinato cometido por agentes federales

Una mujer se arrodilla y llora frente al lugar donde Alex Pretti fue asesinado a tiros un día antes por agentes federales de inmigración en Minneapolis, Minnesota, el 25 de enero de 2026.

Andrés Gil

Enviado especial a Minneapolis —
25 de enero de 2026 22:01 h

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El terror que está desencadenando Donald Trump en las calles de Minneapolis ya se ha traducido en dos asesinatos en lo que va de año. Pero las muertes de Renée Nicole Good y de Alex Pretti también son la muestra del tejido solidario que las comunidades y los barrios de Minneapolis han desarrollado en los últimos meses para hacer frente al despliegue de unos 3.000 agentes federales en Minneapolis y la vecina Saint Paul.

“La gente está muy aterrorizada”, explica un vecino de Minneapolis, Brian (nombre ficticio por motivos de seguridad), “y tenemos toda la experiencia de George Floyd. Por eso nos están castigando, porque defendimos a George Floyd. Y Trump nos quiere joder: es parte de su revancha. Además, está obsesionado con Ia congresista Ilhan Omar”.

En efecto, el estado de Minnesota es singular: es un potente bastión demócrata en el que nunca han ganado los republicanos, y controlan todas las administraciones, lo cual es algo que no soporta Donald Trump, que ha lanzado una cruzada contra el gobernador, Tim Walz, ex candidato a la vicepresidencia con Kamala Harris, la comunidad somalí, numerosa en Minnesota y a la que ha calificado de “basura”, y la congresista Ilhan Omar, para quien ha pedido la cárcel.

Y, ante eso, que se fue recrudeciendo a partir de diciembre, los barrios se están organizando para dar apoyo mutuo a los vecinos migrantes que no se atreven a salir de casa: patrullas de civiles que van observando a los agentes federales para grabar y así poder usar esos vídeos en un juicio, los equipos de respuesta rápida para ir cuando se producen las redadas; abogados para representar a testigos y víctimas de la violencia de ICE...

Pero también para resolver necesidades básicas como ser visto por un médico, recoger la nieve de la puerta o ir al supermercado a comprar comida.

Javier Morillo, puertorriqueño, residente en la ciudad gemela de St Paul, explica: “Me llena de orgullo vivir en estas calles, porque para mí esto parece el equivalente a que en 1930 los alemanes se hubieran sublevado para proteger a la comunidad judía. Es lo que está pasando. Aquí, principalmente los blancos americanos, aquellos con ciudadanía estadounidense, están arriesgando sus vidas para proteger a sus vecinos. Y hoy, en este frío increíble, que salgan ahora 60.000 personas a la calle es increíble”.

“Cada vecindario tiene una comunicación a través de Signal”, explica Morillo, “y se están protegiendo las escuelas. Yo vivo al lado de una escuela y desde la mañana hay patrullas de vecinos para ver si llega la migra. Es increíble. Para mí, una parte importante de hoy es que el resto del país vea que podemos resistir”.

“En este momento estoy dedicado a esto las 24 horas del día”, dice Brian, quien explica: “Yo estoy aquí organizando notarios. ¿Para qué? Para autentificar cartas de apoyo para los detenidos y para autentificar firmas de [Delegation of Authority], o poder de abogado. Cuando te lleven, deberías asignar a alguien como responsable del hijo, por ejemplo. Pero la gente no sabe cómo llegar al notario. Y estoy motivando a los notarios a organizarse y vincularse con las redes organizadas de apoyo”.

Otro ejemplo de apoyo mutuo, explica Brian, es “organizar médicos”.

Hay varias redes de apoyo mutuo, como Monarca, Emergent Reference Network o Vuelo Sagrado. Y luego están los grupos de Signal.

“El Signal se organiza de manera hiperlocal”, prosigue Brian: “Por zonas de la ciudad. Por ejemplo, yo estoy en la zona que va desde la Universidad de Minnesota hasta la frontera al norte de Miniápolis. Y hay cuatro canales en Signal: información general, apoyo mutuo, patrullas y respuesta rápida. Y uno está en uno o en otro. Somos muy organizados. Sí uno hace patrulla, no hace apoyo mutuo porque ya está quemado. Entre esos cuatro canales hay un muro entre sí y te centras solo en el barrio”.

La organización es viva la respuesta es inmediata, relata Brian: “Estamos organizados en tiempo real. Y tenemos subgrupos: un subgrupo de notarios, otro de salud... Todos los médicos de nuestra zona se están metiendo en un grupo para compartir información entre profesionales o para brindar el servicio de salud a población que no puede salir de la casa. El otro sábado yo me fui a una casa con una doctora y estuvimos dos horas haciendo un diagnóstico de la familia entera. El apoyo mutuo también es comida, claro. Hay gente que empaqueta, hay gente que distribuye y de manera orgánica, natural, están adoptando a las familias y encargándose de todas las necesidades. Hay otro apoyo mutuo de asistencia para el alquiler, y los grupos que trabajan el tema de vivienda están trabajando duro para que el gobernador apruebe una moratoria contra desahucios y buscando fondos de asistencia para arriendo, entre entidades del condado, estatales, municipales... Están tratando de reunir el dinero para tener un fondo para subvencionar a la gente el alquiler”.

Jessica Garraway, profesora de Secundaria y miembro de la Federación de Educadores de Minneapolis, explica: “La brutalidad del gobierno federal en esa situación es realmente un factor movilizador para la ciudad. Y creo que para este país también. No creo que estuviéramos donde estamos ahora, con toda esta gente movilizada”.

Para Garraway, los asesinatos a manos de agentes federales son momentos decisivos: “Como cuando se produjo el asesinato de George Floyd. Evidencia el espíritu de lucha y la pasión de la gente aquí. Y creo que estamos desempeñando un papel realmente importante al mostrarle al país cómo es la resistencia, con las patrullas que se han estado realizando, la ayuda mutua que se ha estado brindando en el terreno... Soy profesora, y los profesores se están organizando, los padres se están organizando... Es una resistencia masiva para proteger a los niños en nuestras comunidades. Enseño a estudiantes inmigrantes, y prácticamente todos mis estudiantes están aprendiendo de forma virtual en este momento, los padres tienen miedo de enviar a sus hijos”.

Miedo a los infiltrados

“Para llegar a los grupos más especializados”, explica Brian, “hay que pasar un proceso de filtración, de evaluación, que se llama acá, que básicamente es donde investigamos a la persona para asegurar que no sea un infiltrado. Hay miedo. Y se dice que el ICE está tratando de vestirse más como obreros, como trabajadores, carpinteros, sin distintivos. Y que están comprando marca Northface para disimular un poco”.

“Pero no basta con cambiar de marca de ropa”, prosigue, “hay mucho miedo de infiltrados. Siempre en la calle hay infiltrados en las protestas, lo vimos mucho con George Floyd. Todos sabemos que incluso esta conversación podría estar intervenida. Pero yo soy más optimista que la media. La gente estuvo muy golpeada el sábado por este asesinato. Pero tuve un día muy lindo, me fui con mis dos niñas de siete y nueve años a los sitios del asesinato y es muy bonito compartirlo con mis niñas, que están entendiendo que hay ahí violencia de Estado y terrorismo de Estado”.

Una de las claves en este caso es la proximidad. “Aquí nosotros nos conocemos”, explica Brian: “Todos somos de aquí, no viene mucha gente de afuera. Somos amigos de amigos y nos podemos poner en contacto. El otro día, en un restaurante, una camarera me contó que tenía a una persona protegiendo a otra persona, amiga de una amiga. Y me cuenta que cuando se despiertan por la mañana tiene federales fuera de la casa para mostrar que los tienen identificados”.

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