Qué piensan los expertos sobre el acuerdo de Irán y EEUU
Tras días de secretismo, caos y mensajes contradictorios, se han hecho públicos los detalles del texto del memorándum de entendimiento que Estados Unidos ha pactado con Irán, 14 puntos en los que ambos países acuerdan poner fin a las hostilidades iniciadas por Donald Trump y Benjamin Netanyahu el 28 de febrero, reabrir el estratégico estrecho de Ormuz cerrado a consecuencia de la guerra y darse un plazo de dos meses para alcanzar un pacto definitivo sobre el programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones.
elDiario.es ha hablado con cuatro expertos para conocer su visión del acuerdo provisional que ambas partes intentan vender en casa. ¿Quién gana y quién pierde? ¿Es un buen acuerdo para Trump? ¿Pavimenta el camino hacia una paz duradera? ¿Sale Irán más fuerte? Estas son sus respuestas:
Ali Vaez - director del proyecto Irán y asesor principal del presidente en el International Crisis Group
Es prematuro e inútil reducir este momento a narrativas simplistas de “ganadores” y “perdedores”. Aún hay mucha incertidumbre, y las consecuencias reales se juzgarán en función de los acontecimientos que aún se están desarrollando.
Irán ha salido de un conflicto con dos poderosos adversarios, ha ganado nuevas formas de influencia y puede obtener ventajas financieras, pero ahora se enfrenta al reto de gobernar tras meses en pie de guerra, en medio de presiones económicas, descontento público y rivalidades políticas internas. Al mismo tiempo, un líder supremo con relativamente poca experiencia y una élite en constante cambio se enfrentarán a decisiones importantes sobre la continuidad y el cambio, tanto en la política interior como en la exterior.
Un frágil alto el fuego está dando paso a un panorama de posguerra incierto, marcado por un acuerdo cuyos detalles siguen sin estar claros
Para Estados Unidos, el memorando de entendimiento abre una vía para una diplomacia nuclear renovada y comparaciones inevitables con el Plan de Acción Integral Conjunto [JCPOA por sus siglas en inglés, que firmó Barack Obama y que Trump suspendió en 2018], mientras que la participación de mediadores regionales ha potenciado el papel de los actores locales y ha consolidado el reciente acercamiento entre Irán y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). En última instancia, un frágil alto el fuego está dando paso a un panorama de posguerra incierto, marcado por un acuerdo cuyos detalles siguen sin estar claros, lo que deja muchos resultados clave aún por determinar.
Moussa Bourekba, investigador principal de CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs)
No lo veo como un acuerdo de paz, básicamente es un alto al fuego cuyo objetivo es discutir las modalidades de una posible paz entre Irán y Estados Unidos. Una cosa es lo que se comunica, sobre todo por parte de Trump, pero también en este caso por parte de los mediadores, incluso por parte de Irán. Ambas partes tienen interés en proclamar una especie de victoria. Yo creo que no hay victoria definitiva por parte de ninguna de las dos partes, esencialmente porque no se resuelven las cuestiones de fondo.
La cuestión nuclear que forma parte de los motivos por los que Trump inició esta guerra casi no está mencionada. Ahí nadie puede decir que Estados Unidos haya ganado. Pero también con respecto a las sanciones que se van a levantar: es un levantamiento parcial que no llega al umbral que permitiría a Irán superar la crisis económica en la que se encuentra. Es más realista hablar de pausa con vistas a resolver esto de forma diplomática.
No hablaría de victoria absoluta. Pero, si partimos de que era una guerra asimétrica y de que, para Irán, la victoria era sobrevivir y que el régimen no colapsara, Irán ha ganado bajo estos criterios
Esta guerra simboliza el fracaso de la creencia casi religiosa de Trump de que la superioridad militar permite conseguirlo todo, incluso una rendición de Irán. Irán no se ha rendido, más bien sale en una posición de fuerza después de esta guerra. No se ha logrado lo que se pretendía, sino lo contrario. El régimen iraní no ha colapsado; su arsenal militar sigue ahí y su rol en la región sigue ahí. De hecho ha logrado incluir en el acuerdo el alto el fuego entre Libano e Israel, lo que va en contra del objetivo de frenar el rol de Irán en la región y debilitar sus proxies. Tenemos un Irán con un régimen más radical que demostró que el control sobre el Estrecho de Ormuz era un arma casi tan potente como el hecho de tener el arma nuclear. Es inevitable involucrar a Irán en las negociaciones. Y solo por esto, sale en posición de fuerza.
No hablaría de victoria absoluta, porque no se trata de apuntar a ganadores y perdedores. Pero, si partimos de que era una guerra asimétrica y de que, para Irán, la victoria era sobrevivir y que el régimen no colapsara, Irán ha ganado bajo estos criterios, claramente. Esto no quiere decir que no haya sufrido: hubo una campaña de bombardeos tremenda, los daños a la economía son enormes –hay una inflación de dos dígitos o incluso tres en la fruta y la verdura– y parte del liderazgo político iraní ha sido diezmado por bombarderos israelíes.
Ali Alfoneh - analista del Arab Gulf States Institute
El primer ministro Netanyahu manipuló al presidente Trump para que se embarcara en lo que se le presentó como una guerra fácil para derrocar al régimen de Teherán, pero la iniciativa fracasó. Al final, Trump se enfrentó a dos opciones: redoblar la apuesta y arriesgar las elecciones de mitad de legislatura por una guerra imposible de ganar e impopular, o cortar por lo sano y pasar página. El memorando de entendimiento sugiere que eligió la segunda opción.
El día después de las elecciones de mitad de legislatura en EEUU, es muy posible que nos encontremos de nuevo en guerra con Irán
Sin embargo, es poco probable que Israel acepte el memorando de entendimiento sin oponer resistencia. Cabe esperar que Israel siga intentando sabotear el acuerdo, por ejemplo, mediante una campaña militar continuada en el Líbano, y que el lobby israelí se oponga al mismo en Washington, lo que probablemente, una vez más, persuada a Trump para que se embarque en otra guerra. El día después de las elecciones de mitad de legislatura, es muy posible que nos encontremos de nuevo en guerra con Irán.
En cuanto a los Estados árabes, tienen mucho que perder con el memorando de entendimiento, que reconoce implícitamente a Irán —y, en menor medida, a Omán— como gestores del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz; pero también es probable que salgan perjudicados por el sabotaje de Israel y del lobby israelí, así como por la renovada confrontación con Irán que podría producirse tras las elecciones de mitad de mandato.
Moisés Garduño, miembro del consejo académico del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos
Este memorándum es el resultado de una estrategia sumamente exitosa por parte de Irán para lidiar con el intervencionismo estadounidense en Oriente Medio. Irán es un Estado firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y fue atacado por dos potencias nucleares (Israel y Estados Unidos) y, aun así, sigue controlando el ciclo de enriquecimiento de uranio, así como su programa de misiles. El párrafo 8 del memorándum preserva precisamente eso, es decir, Irán no renuncia al enriquecimiento, solo acuerda debatirlo en el acuerdo definitivo. Obtiene a cambio 300.000 millones de dólares comprometidos para su reconstrucción, el levantamiento de sanciones, la devolución de activos congelados y exenciones inmediatas para exportar petróleo. Yo no leo esto como una derrota iraní, sino como la confirmación de que la República Islámica tiene un umbral de resistencia estructuralmente subestimado por Occidente.
En los próximos 60 días, el plazo que fija el párrafo tres para alcanzar el acuerdo definitivo, anticipo tres dinámicas paralelas de altísima complejidad. Primera: el desminado del Estrecho y la restauración del tráfico comercial (párrafo cinco) serán el indicador más rápido de buena fe mutua, pero también el más frágil, pues cualquier incidente técnico o provocación puede servir de pretexto para acusar a Irán de violar el memorándum. Segunda: la negociación nuclear del acuerdo definitivo reproducirá, con más presión de tiempo, la misma dinámica del JCPOA de 2015 en la que Washington querrá cero enriquecimiento, mientras que Irán defenderá su derecho soberano al ciclo completo. Tercera: la cuestión de Líbano, mencionada en el párrafo uno, abrirá un segundo frente diplomático igualmente tenso, pues implica negociar con actores que no firmaron el memorándum como Israel y nuevos riesgos de sabotaje.
Ningún actor logró sus objetivos declarados: Washington no desnuclearizó a Irán, Israel tampoco destruyó el poder político del régimen e Irán no expulsó la presencia militar estadounidense del Golfo por completo
La postura de Israel ante este acuerdo será de rechazo activo y sabotaje institucionalizado. Israel actúa desde una lógica de “guerra preventiva” y el conflicto responde a una “pugna por el liderazgo regional ante el vacío hegemónico que impera en Oriente Medio”. Para Netanyahu, el memorándum es el peor escenario posible, ya que Irán conserva su arquitectura política intacta, su capacidad de misiles no fue desmantelada, su programa nuclear sigue en debate, no eliminado, y encima recibirá financiación masiva para reconstruirse. Israel no tiene veto sobre el acuerdo, pero tiene capacidad de desestabilizarlo a través de ataques en Líbano que violen el párrafo uno, presiones sobre el Congreso estadounidense para bloquear el levantamiento de sanciones del párrafo siete, filtración de inteligencia sobre supuestas violaciones iraníes, y declaraciones públicas de sus ministros más extremistas como Ben-Gvir y Smotrich, que ya amenazaron con bombardear Beirut nuevamente por cada dron disparado.
Este memorándum revela es que ningún actor logró sus objetivos declarados: Washington no desnuclearizó a Irán, Israel tampoco destruyó el poder político del régimen e Irán no expulsó la presencia militar estadounidense del Golfo por completo. Lo que sí ocurrió, y yo lo leo como el resultado geopolítico más duradero, es una sacudida del orden de Oriente Medio en la que el Sur Global vio a la mayor potencia militar del planeta comprometerse a pagar 300.000 millones de dólares para reconstruir al país que acababa de bombardear. Eso no es una victoria militar de Irán, pero tampoco es una derrota. Es, desde mi punto de vista, la demostración de que la resistencia asimétrica sostenida (cerrar el Estrecho, aguantar el bombardeo) tiene un precio que el atacante termina pagando. En la tradición del pensamiento político iraní: se llama moqavemat (resistencia). Y en este acuerdo, la resistencia ha logrado evitar la derrota sin ganar una sola campaña convencional.