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El regreso de Roman Abramovich, el mediador en la sombra entre Zelenski y Putin

Roman Abramovich en la ceremonia de firma de la iniciativa para el transporte seguro de cereales desde los puertos ucranianos, en Estambul, en julio de 2022.

Albert Sort Creus

9 de junio de 2026 21:41 h

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Cuando Vladímir Putin anunció que un empresario ruso había viajado a Kiev bajo su autorización para reunirse con Volodímir Zelenski, muchos pensaron en Roman Abramovich, el multimillonario expropietario del Chelsea FC.

Una vez el presidente ucraniano hubo confirmado que, en efecto, se trataba del magnate ruso, la mayoría de expertos coincidieron en que sólo él podía ser bienvenido a la capital de Ucrania y, a la vez, seguir gozando de la confianza del líder del Kremlin. Y viceversa.

Abramovich fue uno de los pocos antiguos oligarcas leales a Putin que, desde el primer día de la invasión, estuvo moviendo hilos para poner fin al conflicto. Figura fundamental en las negociaciones frustradas durante los compases iniciales de la guerra, mientras intentaba salvar a la desesperada su fortuna de las sanciones occidentales, se sospecha que llegó a sufrir un envenenamiento en el transcurso de aquellos días.

Tras mediar en varios intercambios de prisioneros, incluido el del líder opositor Alekséi Navalni, que nunca se acabó materializando, el empresario salió del foco. Pero con la sensación en Kiev y en Moscú de que la mediación de Donald Trump ha llegado a un callejón sin salida, su figura vuelve a cobrar importancia entre bastidores.

Analistas sugieren que, a pesar de la negativa rotunda de Putin a discutir nada con Zelenski, el regreso de Abramovich demuestra que ambos bandos están tomando posiciones para abrir otra vía de negociación en los próximos meses.

“El único ruso tolerado en Kiev”

“Nadie excepto Abramovich puede actuar como mediador entre los líderes rusos y ucranianos sin temer por las consecuencias de su visita”, dice el analista político ucraniano Vitali Portnikov. Fuentes cercanas al magnate lo describen en el Financial Times como “el único ruso al que toleran” en Kiev. “Lo necesitan, se lleva bien con todo el mundo”, añaden.

Los esfuerzos de mediación del empresario se remontan a la misma noche del 24 de febrero de 2022, según reveló el medio de investigación ruso Proekt. Pocas horas después de que Putin lanzara su invasión, varios oligarcas fueron llamados al Kremlin. Abramovich, que no pudo asistir a la reunión porque se encontraba en el sur de Francia, voló rápidamente a Moscú y se citó en privado con el presidente ruso

Durante aquella conversación, Abramovich le expuso sus argumentos en contra de la guerra, tal y como relató entonces el Financial Times, y logró convencer a Putin de que le permitiera actuar como mediador en las conversaciones de paz.

Paralelamente, el multimillonario había hablado con Andrí Yermak, el antiguo jefe de la oficina del presidente ucraniano, quien le había pedido que intercediera en la crisis. La persona que los puso en contacto, el productor cinematográfico ruso Aleksander Rodnianski, lo definió como “el único adecuado” para aquella tarea: “Increíblemente exitoso, ampliamente conocido y muy decente”.

En las siguientes cinco semanas, Abramovich viajó al menos dos veces a Kiev para encontrarse con Zelenski y exploró sus contactos diplomáticos en Estambul y Tel Aviv, que contribuyeron a la que se organizaran rondas de conversaciones en Bielorrusia y Turquía. 

El entonces ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, el presidente turco, Tayyip Erdogan, y el magnate Roman Abramovich antes de las conversaciones ruso-ucranianas en Estambul en 2022.

Fue después de una de estas citas, en una noche de principios de marzo de 2022, cuando al llegar a un apartamento en Kiev perdió el conocimiento. Lo único que recuerda es despertarse horas después, ciego, con un dolor insoportable en los ojos y la cara. Se le caía el pelo de los brazos y se le desprendía la piel de las manos y del rostro. Tras ingresar de urgencia al hospital, le confirmaron que había sido envenenado.

Nunca se pudo confirmar ni la sustancia ni el responsable del ataque. Personas cercanas a Abramovich dijeron al Financial Times que podría haber sido blanco de los sectores más intransigentes de alguno de los dos bandos que querían sabotear las negociaciones.

A pesar de este presunto intento de asesinato, el empresario continuó con su rol de mediador. Trató de organizar rutas de evacuación para los civiles de la ciudad sitiada de Mariúpol y, más adelante, también fue clave en la consecución de un acuerdo para facilitar la exportación de grano ucraniano a través del mar Negro.

Nadie excepto Abramovich puede actuar como mediador entre los líderes rusos y ucranianos sin temer por las consecuencias de su visita

Vitali Portnikov Analista ucraniano

Además, a lo largo de estos años se ha involucrado en los intercambios de prisioneros que se han llevado a cabo entre Rusia y Ucrania. Uno de ellos, en 2022, le valió muchas críticas en Moscú porque trascendió que había ofrecido móviles a los excombatientes del lado ucraniano para llamar a sus familias.

Cuando esta semana se conoció que había sido él el hombre de negocios que había visitado a Zelenski, el analista Serguéi Márkov, escribió: “Todo esto después de que entregara teléfonos caros a fascistas y terroristas”. Y, sin embargo, admitió a continuación que “sigue siendo uno de los pocos que pueden estar tanto en Kiev como en Moscú” y que, por lo tanto, “puede desempeñar un papel importante”.

Abramovich es judío, igual que Zelenski, y el presidente ucraniano pidió a Estados Unidos que no le sancionara para que pudiera seguir viajando, mientras la Unión Europea y Reino Unido aplicaban restricciones contra él.

Fiel a Putin

Cuando Putin accedió al poder, Abramovich, entonces un magnate del petróleo, tuvo el acierto de no enfrentarse al nuevo presidente, a diferencia de otros oligarcas, que lo desafiaron y acabaron en la cárcel o desterrados.

Como prueba de su lealtad, se convirtió en gobernador de la remota región de Chukotka, en el extremo oriente de Siberia. Según Catherine Belton, autora del libro Putin's People: How the KGB took back Russia and then took on the West, fue hasta allí “por orden de Putin”. “Putin me dijo que si Abramovich infringía la ley como gobernador, podía meterlo inmediatamente en la cárcel”, le contó un socio del empresario a la periodista. Desde aquel momento los oligarcas “no fueron más que guardianes”, escribe Belton. “Mantenían sus negocios por gracia del Kremlin”.

El presidente ruso lo recompensó en 2005, comprando su compañía petrolera por más del equivalente a 11.000 millones de euros. Dos años antes, había adquirido el Chelsea Football Club, equipo histórico de la liga inglesa. Belton sostuvo que aquella operación fue ordenada por Putin para reforzar la imagen de Rusia en Reino Unido, pero una demanda millonaria del magnate la obligó a retirar esta afirmación del libro.

El magnate ruso Roman Abramovich.

De hecho, Abramovich siempre había negado tener una relación estrecha con Putin. De apariencia tímida, extraordinariamente reservado, nunca había querido explotar su imagen de facilitador en la sombra. “He aprendido bien esta lección: hablar públicamente de tu negocio no trae nada bueno y solo crea problemas. Mi regla: guardar silencio y mantener un perfil bajo”, dijo durante el juicio que le ganó a su antiguo socio, el oligarca caído en desgracia Borís Berezovksi.

Pero el 24 de febrero de 2022 lo cambió todo. El hombre que había denunciado a una periodista por afirmar que era un hombre de la máxima confianza de Putin se vio obligado a salir de la penumbra para salvar su fortuna.

“Parece que tienen una relación mucho más estrecha de lo que creía. Siempre fue más cercano a Putin que yo, pero no pensé que fuera tan cercana”, decía al Financial Times un oligarca ruso en aquel momento. “Roman nunca había hablado tanto con Putin en su vida como en el último mes”, añadía otro.

Si antes de la guerra el patrimonio neto de Abramovich se estimaba en 12.500 millones de euros, pocos meses después cayó a más de la mitad, hasta los 6.000 millones, según la revista Forbes

Un proverbio postsoviético dice que si Gerhard Schröder y Roman Abramovich aparecen cerca del centro de la escena al mismo tiempo, Vladímir Putin está ansioso por entablar delicadas (y secretas, por supuesto) negociaciones con Europa. Y con Ucrania, claro

Stanislav Belkovski Politólogo ruso

En las horas inmediatamente posteriores al arranque de la invasión, el empresario empezó a deshacerse de sus negocios en Occidente ante la amenaza de sanciones. Transfirió el control de dos de sus compañías a un socio, movió a toda velocidad dos de sus superyates desde el Caribe hasta aguas turcas, intentó vender sus propiedades en Londres y acabó cediendo la gestión del Chelsea a una fundación benéfica y los beneficios de la venta, a los afectados por la guerra. 

Justamente este lunes, Zelenski ha pedido en una entrevista a The Guardian que Keir Starmer destinara los fondos de la transferencia del club, ahora congelados, a comprar misiles antibalísticos para Ucrania.

En marzo de este año, la Premier League sancionó al Chelsea por irregularidades financieras que se cometieron durante la era de Abramovich, relacionadas con pagos no desvelados desde empresas asociadas a la propiedad del club a agentes, futbolistas y otros entes.

Actualmente, Abramovich es la vigésima fortuna de Rusia con un patrimonio equivalente a más de 8.000 millones de euros.

Putin y Zelenski toman posiciones

Más allá de si sus motivaciones para buscar la paz son de inspiración humanitaria o buscan el beneficio propio, la vuelta a escena del multimillonario ha despertado interés entre los analistas. La gran pregunta, aún sin resolver, es de quién fue la iniciativa de la visita a Zelenski con el visto bueno de Putin.

En su intervención en el Foro de San Petersburgo, que se ha celebrado recientemente, el presidente ruso dio a entender que el empresario había sido “invitado” a Kiev y que había llamado al Kremlin para pedirle su aprobación. Dos días después, varios medios ucranianos lo contradijeron al señalar que, en realidad, había sido un gesto ruso.

El politólogo ruso Aleksander Morozov, en una entrevista en The Breakfast Show, se inclina a pensar que fue una idea de Zelenski, dado que la mediación de Trump “ha llegado a un punto muerto y ha surgido un gran vacío”. De este modo, el presidente ucraniano podría estar buscando una vía de comunicación para otoño, cuando, como ya ha apuntado en alguna ocasión, cree que se abrirá “una ventana de oportunidad”.

En este sentido, según el analista político ruso ArtJockey, Zelenski entiende que la situación se encuentra en un “punto de inflexión” con la ofensiva “estancada”, Crimea “sitiada” y las refinerías “ardiendo casi a diario”. “Kiev inició las negociaciones con Abramovich porque creían que los acontecimientos de los últimos seis meses podrían influir en Putin, pero no”, añade. 

En su opinión, el diputado del partido de Zelenski David Arajamia, que también se reunió con el empresario, “discutió con él los términos bajo los cuales Ucrania está realmente dispuesta a poner fin a la guerra” y está convencido de que “otros miembros de la élite rusa, no solo Putin, conocen estos términos”.

En cambio, el politólogo ruso Stanislav Belkovski interpreta la visita como un movimiento ruso. “Un proverbio postsoviético dice que si Gerhard Schröder y Roman Abramovich aparecen cerca del centro de la escena al mismo tiempo, Vladímir Putin está ansioso por entablar delicadas (y secretas, por supuesto) negociaciones con Europa. Y con Ucrania, claro”, escribe.

Públicamente, el Kremlin descarta la posibilidad de dialogar con Kiev escudándose en los ataques ucranianos contra civiles. Zelenski insiste en pedir una reunión cara a cara con Putin, pero el tono de su última carta no denota desesperación, sino confianza en sus bazas. Ambos líderes creen estar en posesión de la mano ganadora y Abramovich podría ser un jugador clave si consiguen forzar al otro a sentarse en la mesa de negociación.

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